Novelas sobre la Gran Guerra
Publicado: 22/04/2014
Por Alberto de Brigard*

Novelas sobre la Gran Guerra

El aniversario del comienzo de la Primera Guerra Mundial ha venido acompañado por la publicación de un buen número de obras de historia militar y análisis político de sus causas y efectos. Sin embargo, como suele ocurrir, la ficción ofrece caminos alternativos, quizá más eficientes, para comprender la experiencia de un conflicto que sacudió la imagen que hasta ese momento tenía de sí misma la humanidad. Proponemos una breve lista de novelas muy recomendables para los interesados.

Tres clásicos

Sin novedad en el Frente de Erich Maria Remarque sigue siendo la mejor obra de ficción sobre la Primera Guerra Mundial y es, sin duda, una de las grandes novelas de todos los tiempos; debe encabezar esta lista. Este relato compasivo y desesperanzado llevó por primera vez a los lectores, en 1929, a asomarse a las experiencias de un soldado de infantería en las trincheras en las que se enterraban por meses los ejércitos europeos, en campañas en las cuales los metros de avance de las tropas, si los había, se medían en decenas, mientras que las pérdidas de vidas se contabilizaban en miles. El poder de esta obra se aprecia principalmente por sus detractores:

Hitler la prohibió poco después de llegar al poder, no por razones relacionadas con el origen de su autor, sino porque la descarnada exhibición del sin sentido de la lucha conllevaba el más eficaz mensaje pacifista; por su parte, en Inglaterra y Estados Unidos se desalentó en algunos momentos su divulgación porque presentaba una visión inconvenientemente afectuosa y humana de los alemanes.

En el mismo año de la novela de Remarque apareció Adiós a las armas, donde es posible encontrar muestras de lo más atractivo de la obra de Ernest Hemingway: escenas que tienen la fuerza, el alcance y la precisión de las mejores crónicas periodísticas, episodios que llevan a escala épica las vidas de personas corrientes en medio de circunstancias excepcionales, y descripciones de paisajes que reflejan auténtica compenetración con la naturaleza. También se encuentra lo más insoportable del autor: la sensiblería hueca de sus historias de amor, debida sobre todo a la pobreza de los personajes femeninos que, con contadas excepciones, estuvieron siempre fuera del alcance del norteamericano. Otro punto de interés  de este libro es que muestra la guerra en un escenario que figura poco en otras obras: la frontera alpina entre Italia y Austria.

Vicente Blasco Ibáñez fue el autor español más internacional y popular de mediados del siglo pasado. Su novela Los cuatro jinetes del Apocalipsis puede ser la primera obra literaria importante sobre la Primera Guerra: apareció en 1916 y fue escrita en un París racionado, despoblado y temeroso de una inminente ocupación. El estilo de Blasco Ibáñez está claramente pasado de moda, pero este libro no deja de tener atractivos, sobre todo como testimonio de una generación de europeos que sentían que la civilización del viejo continente llegaba a callejones sin salida y que había que buscar nuevos valores y energías en países prometedores e incorruptos... como Argentina, de donde proceden sus expatriados protagonistas.  

Dos novelas francesas

Resulta interesante contrastar las semejanzas y diferencias de dos muy buenas novelas francesas sobre la que se llamó Gran Guerra, denominación que hoy sabemos era ingenua y optimista, pues no alcanzó a ser apropiada más de dos décadas. La primera es Largo domingo de noviazgo de Sébastien Japrisot (1991) y la otra es 14 publicada hace dos años por Jean Echenoz. Ambas son historias sobre grupos de cinco soldados reunidos por el azar en el ejército. La trama de Largo domingo de noviazgo  se desarrolla con el paso de una novela de investigación policial, reconstruyendo a partir de fragmentos muy dispersos las circunstancias de la insólita ejecución de los condenados por el consejo de guerra. La novela de Echenoz, por el contrario, no es expansiva. Con su siempre asombrosa capacidad de condensación el autor toca, en menos de cien páginas, incontables aspectos de las nuevas experiencias de combate que la ciencia y la tecnología creaban, al servicio de la insensatez destructiva de la humanidad.

El frente doméstico

La última obra de esta selección es Cuando los dioses duermen de Erwin Mortier (2008), que tiene dos particularidades que la hacen un buen complemento de los demás libros mencionados. En primer lugar, la historia no se desarrolla en los campos de batalla, sino en la retaguardia, en las granjas y pueblos de Bélgica que tenían que imaginar alguna forma de mantener su vida cotidiana mientras estaban rodeados e incomunicadas por una red de frentes de combate, caminos destruidos y ejércitos amenazadores, bien fueran propios o extranjeros. La segunda razón es que este relato se narra desde el punto de vista de una mujer, para quien la guerra es una larga espera y una ocasión de reexaminar la conducta de los hombres y su propio lugar en las instituciones que siempre había conocido y cuyo sentido se tambalea, como las paredes de la casa en la que se ha refugiado, con cada cañonazo. |
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