Morir para  no pecar
Publicado: 22/04/2014
Por Luz Mary Giraldo*

Morir para no pecar

Luz Mary Girlado reseña 'La misa ha terminado' de Gustavo Álvarez Gardeazábal

La misa ha terminado, de Gustavo Álvarez Gardeazábal, saca ampolla y las ventas superan las expectativas. Para unos es repulsiva, brutal y grotesca; para otros es una reelaboración de sucesos o personajes conocidos, divulgados por la prensa y por el voz a voz. Al resaltar conductas homosexuales de quienes ingresan al seminario sin verdadera vocación, el erotismo se da la mano con la muerte, ya en la pulsión de carga genética, ya en el afán de librarse del pecado.

En esta novela la temática es lo de menos. Si teje historias de amor homosexual y cuestiona a miembros de la Iglesia en sus diversas formas de conquistar el poder, también hace una radiografía de la contemporaneidad y del ser humano, reflexiona sobre la civilización del espectáculo que todo lo banaliza y señala “la generación del dedo pulgar” que no da lugar a la profundidad, pues desconoce “el drama, el dolor, el misterio, la perversión que alimenta los actos humanos”. Este cronista de la intimidad alude a política y clases sociales y da paso a voyerismo, homosexualidad y censura que se entrelazan en lo que parece un ajuste de cuentas en el reino del encubrimiento.

El narrador nos cuenta, alternando el relato entre cada uno de los protagonistas, minucias que destacan apetitos, convicciones y amores de pareja: la de Martín y Rogelio, un feísimo y frenético homosexual y un voyerista bisexual descendiente de conservadores que accede al sexo contra natura, respectivamente; y la de un joven médico y su desenfrenado amante, el ambicioso Casimiro. Dos peripecias se destacan: la visita de Benedicto XVI a Buga, organizada por Casimiro, Rogelio y Martín, cuyo éxito permite el ascenso del primero a cardenal, y la resolución de Rogelio y Martín quienes, al saberse con sida, optan por dar fin a su pecado pagando por su propia muerte, al tiempo que Casimiro se suicida antes de que su verdad se revele, pues el perspicaz y homofóbico jesuita argentino Viazzio es elegido papa y puede ser su verdugo.

Otros focos sirven de contrapunto: un erotómano, Demente, testigo de placeres sexuales inconvenientes y conocedor de profecías, se revela como el escritor que recibe cartas del presbítero Efraín, quien le solicita no hacerle daño a la Iglesia con la escritura y publicación de “ese libro de espanto” que con ironía pone el dedo en la llaga y atrapa o repele con temas puntillosos.

 

* Poeta y crítica literaria


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