Fragmentos
Publicado: 22/04/2014
Por Felipe Restrepo Pombo*

Fragmentos

Felipe Restrepo Pombo reseña 'Mis documentos' de Alejandro Zambra

Cada uno de nosotros tiene una manera particular –única– de organizar sus documentos en el computador. Algunos los clasifican cuidadosamente en carpetas, otros los dejan acumular sin ningún orden en la pantalla y algunos los van añadiendo a una gran carpeta genérica llamada “Mis documentos”. Alejandro Zambra pertenece a esta última categoría.

Su más reciente libro, Mis documentos, es un ejercicio de escritura a partir de esa costumbre. El narrador chileno –autor, entre otras, de Bonsái, La vida privada de los árboles y Formas de volver a casa– reúne los textos que fue acumulando, sin ninguna lógica ni orden, en la famosa carpeta del escritorio de su computador.

De ahí la naturaleza indefinible del libro: no está concebido como un testimonio, como una novela ni como un libro de cuentos. En apariencia se trata de un compendio –extraña palabra– de textos que Zambra escribió durante años y que permanecían inéditos.

Casi todos los relatos –por llamarlos de alguna manera– tienen un tono autobiográfico. En el primero de ellos, llamado también “Mis documentos”,  el narrador cuenta cómo se hizo escritor y cómo, de manera inconsciente, empezó a escribir este libro: “Mi padre era un computador, mi madre una máquina de escribir. Yo era un cuaderno vacío y ahora soy un libro”, concluye. En “Instituto Nacional” hace un recuento de sus años de estudio marcados, sutilmente, por el pinochetismo: “Me acuerdo de la lista de presidentes de Chile que había estudiado en mi colegio. Recuerdo que cuando los mencionaban omitían el nombre de Salvador Allende”. En “Yo fumaba muy bien”, cuenta cómo, cuando estaba dejando el vicio tuvo un ataque de pánico y dice: “Pienso que nos encaminamos a un mundo de mierda donde todas las canciones las canta Diego Torres y todas las novelas las escribe Roberto Ampuero y en todas las películas actúa Robin Williams”.

Estos testimonios se entrelazan con historias menos personales, pero que podrían ser de personas de un entorno muy cercano al de Zambra. Lo que los une –y este es el gran acierto de Mis documentos– es una misma voz irónica y desencantada. Ese tono funciona como un hilo invisible que une todos los relatos y le da sentido a este libro.


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