Sensibilidades femeninas
Publicado: 08/05/2014
Por RevistaArcadia.com

Sensibilidades femeninas

Micaela Chirif, Karina Pacheco, Grecia Cáceres y Mariana de Althaus se reunieron para hablar de literatura más que feminidades. En la charla, moderada por Margarita Posada, se dejó de lado el discruso de género para hablar de la creación literaria de las invitadas.

Con una ronda de preguntas rápidas —a Pacheco si era vegetariana: “no, soy omnívora en la comida y en la literatura”; a Chirif si era amante de los gatos: “No, pero tampoco abominadora” y a Cáceres si es o no parisina: “Depende del clima, si está horrible en París entonces no”— empezó la conversación en el Salón tomás Carrasquilla.

Pacheco, quien antes de escribir la novela El bosque de tu nombre se doctoró en antropología y estudios culturales, aseguró que en sus ficciones influye la figura de su padre. "Él influyó mucho por su vínculo con los Derechos Humanos, cuando tengo un tema para escribir lo pienso desde la posición de mi papá”.

Chirif no habló de su padre (el reconocido antropólogo peruano Alberto Chirif), en cambio citó a Albert Camus (en La Peste) como ejemplo de cómo se nombra a la mujer en la literatura: <<Nuestros conciudadanos trabajan mucho, pero siempre para enriquecerse. Se interesan sobre todo por el comercio, y se ocupan principalmente, según propia expresión, de hacer negocios. Naturalmente, también les gustan las expansiones simples: las mujeres, el cine y los baños de mar>>, las mujeres como entretenimiento.

Cáceres contó por su parte que su padre, sin querer la inició en su carrera literaria, “él hacia sesiones de lectura de poesía en voz alta después de la cena, fue una revelación y me marcó”.

Así hablaron durante una hora en la que también tocaron el tema "del terruño" y la influencia del poeta César Vallejo en sus creaciones. La charla tuvo un punto cómico cuando Posada les preguntó por lecturas que les da vergüenza confesar. Aunque ninguna respondió directamente, todas coincidieron en Mi planta de naranja-lima de José Mauro de Vasconcelos como una de las obras que más influyó en su adolescencia pero que no volverían a leer, ni recomendarían a sus hijas.

Cuando se les preguntó por sus autores favoritos fueron menos tímidas, Pacheco habló de Shakespeare, García Márquez y de Marguerite Yourcenar; Mariana de Althaus nombró a Samuel Becket, Harold Pinter, Tennessee Williams, Antonio Cisneros y a Cesar Vallejo.

Al final Micaela Chirif —por petición de Margarita Posada— leyó uno de sus textos con la voz entrecortada al recordar la muerte de su esposo, el poeta José Watanabe, un tema recurrente en sus últimos poemarios:

A veces me llama por teléfono un amigo muerto desde hace años,
contrariamente a lo que podría pensarse la conversación es bastante normal:

Yo le cuento los chismes de acá
él me cuenta los de allá,
yo miro el día oscurecerse en la ventana
él se corta las uñas con pereza.

Y así, compartiendo historias pasamos a veces la tarde entera.
Cuando llega el momento de colgar,
—que siempre llega—
nos da entonces muchísima tristeza y nos ponemos a llorar.

Pero eso sí, por delicadeza, lo hace cada uno por su cuenta. 


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