Narrar la barbarie
Publicado: 14/09/2014
Por Christopher Tibble

Narrar la barbarie

Los autores Evelio Rosero y Ricardo Silva hablaron con el periodista Fernando Mora sobre el proceso de narrar el horror y la crudeza de la guerra en Colombia.

Escribir sobre el conflicto no es fácil. Durante el proceso de creación de Érase una vez en Colombia, novela que Ricardo Silva publicó en 2012, el autor recuerda que solo era capaz de escribir lo que su estómago podía aguantar. En algún momento se preguntó: ¿si hago que el jefe de la banda criminal mate a un bebé, podría leer eso? Su novela, considerada uno de los relatos más crudos de la violencia en el país, hace parte de un género literario que ha dominado en gran parte la literatura nacional. Marianne Ponsford alguna vez dijo que el libro de Silva, que narra una masacre desde el punto de vista de los victimarios, no se leía, sino que se sufría. 

 Durante la charla, que se llevó a cabo el 13 de septiembre en la Fiesta de Libro y la Cultura de Medellín, los autores hablaron sobre el rol de la novela a la hora de entender y documentar la guerra. Rosero, hoy considerado uno de los escritores más importantes del país, señaló que no había que presenciar una masacre para contarla. Además aseguró que para ambientar Los ejércitos, su novela más famosa, le bastó con leer los relatos exagerados y a veces inverosímiles de los periódicos, además de hablar con unos desplazados en Cali. “No creo que ninguno quisiera estar en una masacre pero ese dolor se siente. Antes de abordar Los Ejércitos hice otra novela basada en una madre de familia que vi en el noticiero. La mamá lloraba e invocaba al presidente de Colombia. Sus palabras me remecieron. La guerra nos afecta a todos de alguna u otra manera”, dice.

 Cuando les preguntaron sobre que tiene la literatura que no se puede encontrar en el periodismo, Rosero, quien curiosamente siempre se dirigió al público y no a Mora, mencionó que la gente recuerda mucho más al Napoleón que creó Tolstoi en Guerra y Paz que al que está retratado en biografías y ensayos académicos. Silva también opinó que la literatura crea la posibilidad de acercarse a los personajes e identificarse con ellos. Esa cercanía, inexistente en el periodismo, permite que se forme un lazo intimo entre el héroe y el lector, quien termina siendo afectado de una forma más profunda.

 Los escritores tocaron varios temas interesantes, como la posibilidad de narrar el horror a través del humor, como hace Quentin Tarantino, y también la brecha que existe entre el mundo urbano y el rural. Sobre esta última cuestión, ambos autores coincidieron en que la guerra se hace en la ciudad pero se vive en el campo. Rosero, para justificar esa hipótesis, habló de una escena de un libro de García Márquez, en la que dos generales de bandos opuestos juegan dominó mientras deciden el futuro de sus respectivos ejércitos. Pero también argumentó, al igual que Silva, que la violencia ha permeado todos los rincones del país, incluidas las ciudades. Para él, eso se puede comprobar por la cantidad de militares desplegados en los cascos urbanos de Colombia.

En un momento dado Silva trajo a colación, con una hermosa reflexión, el proceso de paz de la Habana. “He trabajado mucho en el periodismo y pienso en lo difícil que es contar una historia que no ha acabado de suceder. Es imposible. El periodismo es un arte noble porque intenta contar algo siempre con la esperanza de que pronto se acabe. Si uno lee los extraordinarios informes del Centro Nacional de Memoria Histórica se da cuenta de que no hay otro ejemplo de un país que cuente su guerra antes de que se acabe. Se trata de contarla como si ya hubiera pasado”.

 

 


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