La secreta obscenidad 2.0
Publicado: 28/02/2015
Por Christopher Tibble

La secreta obscenidad 2.0

El espacio Odeón, en el centro de Bogotá, ya abrió sus puertas para la segunda temporada de esta obra de teatro, que se realiza en homenaje al actor Alberto Valdiri, quien falleció el año pasado y que participó en la primera temporada.

 En octubre de 2014 Alberto Valdiri realizó una de las actuaciones más memorables de su carrera. En dupla con Hernán Cambiativa, interpretó a uno de dos indigentes en La secreta obscenidad, una pieza de teatro experimental que se realizó en el espacio Odeón. La obra fue una experiencia íntima, pues se llevó a cabo en un escenario pequeño, con apenas seis bancas de madera para el público y un escenario frugal, destartalado, rodeado de botellas de plástico y una vieja tina de baño en desuso.

 La actuación de Valdiri, que murió tras sufrir un infarto hace cuatro meses, fue memorable. Aprovechando las licencias artísticas que le otorgó el director de la obra, Matías Maldonado, construyó un personaje perverso y entrañable. Se valió de recursos como la improvisación para hacer visibles los dilemas internos de un héroe moderno y senil, quien se encuentra, al igual que su compañero, en gabardina y sin pantalones a la entrada de un colegio esperando a que salgan los estudiantes.

 Por eso quienes lo vieron actuar y asistieron a la inauguración de la segunda temporada de La secreta obscenidad quedaron atónitos. En el nuevo ciclo, que se lleva a cabo del 26 de febrero al 28 de marzo, Maldonado asumió la difícil tarea de reinterpretar al personaje de Valdiri. Y lo hace muy bien. Con la misma ropa, tono de voz y gesticulación, e incluso la misma carcajada y forma de caminar, el director y ahora actor logró hacerle un sentido homenaje a su colega.

 La obra

 Considerada uno de los puntos más altos de la dramaturgia latinoamericana, La secreta obscenidad, de carácter tragicómico, es una experiencia intensa y original. Escrita por el chileno Marco Antonio de la Parra, sigue los pasos de dos indigentes que, muy al estilo de los héroes de Samuel Beckett, recurren al lenguaje incesantemente en un intento por reconstruir el significado de sus vidas. También al estilo de las producciones del dramaturgo irlandés, el diálogo reemplaza a la acción como el principal soporte de la función.

 Parados a las afueras de un colegio, los dos protagonistas desarrollan una amistad inusual, dictada por la desconfianza y un objetivo común: mostrarles a las estudiantes el contenido de sus gabardinas. Durante una hora, los dos vagabundos pelean, cantan, se examinan, recuerdan y tratan de justificar sus decisiones pasadas, vinculadas a la Violencia y a la desmovilización paramilitar. Por momentos, hablan con el aplomo de un erudito para luego batirse a golpes como niños. Por momentos, la trama parece esclarecerse para poco después volverse a enredar, generando un ambiente de constante tensión y ambivalencia. Lo único claro es que ambos tienen en mente realizar una acción grotesca.

 En el fondo, La secreta obscenidad explora el espacio que le corresponde a las ideologías y al concepto de progreso en un mundo corrupto, esquizoide y desolador. Adaptada al contexto colombiano, la obra muestra con mayor ímpetu como la razón y la esperanza se derrumban en una sociedad que parece preferir la barbarie antes que el progreso. 

 


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