Los desenterrados
Publicado: 17/04/2015

Los desenterrados

La busqueda de los restros de Miguel de Cervantes a evidenciado una especie de obseción por exhumar figuras importantes del pasado.

Durante los más recientes meses, y en varios países, ha surgido una nueva obsesión: la exhumación de figuras públicas. El 23 de febrero, un equipo de 36 expertos presumió haber encontrado algunos fragmentos de los restos de Miguel de Cervantes en la iglesia de las Trinitarias, en Madrid, mientras que el 22 de marzo se volvió a enterrar en Inglaterra al rey Ricardo III, cuyo cadáver se halló en 2012 debajo de un parqueadero en la ciudad de Leicester y que ahora ha llevado a algunos a querer desempolvar los remanentes óseos de Shakespeare. Asimismo, desde 2013 se vive en Chile la polémica sobre la causa de muerte de Pablo Neruda, entonces exhumado para verificar la alegatos de su chofer, quien había asegurado que el poeta había sido envenenado por Pinochet. Aunque las autoridades forenses aseguraron que el autor de 20 poemas de amor y una canción desesperada había muerto de un cáncer de próstata, la investigación sigue abierta por insistencia de un sobrino del nobel de literatura. La exhumación de estas personalidades, seguida de cerca por el público, se ha encontrado con el rechazo de varios escritores. En referencia a Cervantes, el novelista Juan Goytisolo hizo un llamado público para que dejen sus restos en paz, al tiempo que en Inglaterra el periodista Andrew Jackson tildó de insolente la posible exhumación de Shakespeare, quien en su epitafio mandó maldecir a aquellos “que muevas [sus] huesos”. Como dijo Soledad Puértolas, escritora y académica de la rae, en una afirmación que se puede extrapolar para cualquiera de los casos: “Me importa más su obra que sus huesos”.

 


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