Amor a tres bandas
Publicado: 17/06/2015
Por Christopher Tibble

Amor a tres bandas

Un triángulo amoroso entre dos hermanas y un parisino es el motor de Tres corazones, la nueva película del francés Benoît Jacquot, nominada al León de oro en el pasado Festival de Venecia, y que se estrena en salas del país el 18 de junio.

En la década de los setenta, el crítico y teórico de cine Raymond Bellour famosamente vaticinó que las películas se resuelven a través de la repetición de elementos claves dentro de la narración. Para el francés, ciertos objetos reaparecen en el transcurso de los largometrajes y funcionan como giros de fortuna que determinan la suerte de los protagonistas. En 3 corazones, la más reciente cinta de Benoît Jacquot, quien durante años trabajó como asistente de la famosa escritora y también cineasta Margarite Duras, la repetición de un puñado de artefactos determina el desenlace de la trama: un encendedor rosado, un espejo antiguo, una fotografía. Solo que en esta ocasión no resuelven la trama, sino más bien la complican. 

Marc (Benoît Poelvoorde), un burócrata que sufre de problemas de corazón, pierde su tren en un pueblo durante un viaje de trabajo. Obligado a quedarse la noche, visita un bar y conoce a Sylvie (Charlotte Gainsbourg). Después de un primer diálogo en la calle, la cámara los encuentra horas después, al amanecer, en un mirador. Sin saber nada el uno del otro, ni siquiera sus nombres, deciden reunirse a finales de esa semana en un parque de París. Ella, atada a un matrimonio infructuoso, llega a la cita antes de tiempo. Él, atado a una cita de trabajo, sale tarde y sufre un accidente. El encuentro no se materializa. 

Encaprichado, Marc regresa al pueblo en busca de Sylvie. Al no encontrarla, canaliza su frustración en de su trabajo. Y es ahí, entre el papeleo de la oficina, donde conoce a Sophie (Chiara Mastroianni), el pálido reflejo de Sylvie. Marc, resignado, empieza a salir con Sophie: la visita cada fin de semana, conoce a su suegra, decide casarse. Su decisión, producto más de la conveniencia que de la pasión, se enturbia cuando empiezan a reaparecer ciertos objetos y gestos en torno a Sylive. Y es entonces que la trama –y el drama– comienza: Marc se da cuenta que las dos son hermanas. 

La película de Jacquot demuestra que el buen cine, en últimas, puede reducirse a una sencilla y estructurada historia de amor. Con pocos personajes, entre los que cabe destacar a Colette (Catherine Deneuve), la madre de las hermanas, un entramado sencillo y un escueto dialogo a menudo reemplazado con acierto por los gestos y las expresiones de los protagonistas, Jacquot transmite las frustraciones de los personajes y la inevitabilidad de sus deseos.

Acciones como bajarse de un carro o prender un cigarrillo reemplazan a los discursos. El timbre de un celular suscita más tensión que un encuentro secreto. Y todo transcurre de un modo tan natural y sosegado que al final da la impresión de que el desenlace no podía ser otro, si bien algunos elementos de la cinta sobran, como la imprevista voz de un narrador o la ominosa música que constantemente altera con una melodía alegre.

La película de Jacquot repite el proceso de enamoramiento en dos instancias. Y es en esa ligera variación, en la posibilidad de continuar uno y verse obligado a olvidar el otro, que surge la tensión de la película y también su necesaria resolución. Así, Tres corazones suscita una pregunta teñida de nostalgia hollywoodense: ¿qué hubiera pasado si hubiera llegado a tiempo?



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