Escenas de Beatlemanía
Publicado: 30/07/2015
Por Christopher Tibble

Escenas de Beatlemanía

Del 30 de julio al 2 de agosto, Cine Colombia proyectará en varias ciudades del país ‘A Hard Day’s Night’, la primera cinta de The Beatles, una obra que pone en evidencia la fama que vivieron los cuatro músicos después de su primera gira en Estados Unidos.

Los alaridos son conocidos. El frenesí desbordado de las adolescentes, sus lágrimas. Su acelerada respiración. Las manos que intentan contener la voz. Las manos estiradas hacia adelante. Las manos indecisas, caóticas, en un vaivén frenético, controladas por una fuerza exterior. Sobrecogidas por la adrenalina, las adolescentes intentan arrojarse sobre la tarima. Con sus gritos, intentan decirlo todo. Se miran entre ellas para constatar que están despiertas. Se jalan el pelo. Una que otra se desploma inconsciente, incapaz de contener la emoción de tenerlos en la misma habitación.

El concierto en el Scala Theatre, de Londres, fue grabado el 31 de marzo de 1964. En el guion escrito por Alun Owen, la escena tenía como fin concluir A Hard Day’s Night, la primera cinta protagonizada por los cuatro integrantes de The Beatles. Una película que, como afirmó el historiador del cine Stephen Glynn, había sido concebida como “un largometraje de explotación y bajo presupuesto para exprimir hasta la última gota el nuevo fenómeno musical”. Pero que, a pesar de las intenciones de sus productores, no solo resultó un éxito en taquilla, sino que además impresionó a la crítica.

Desde su estreno el 6 de julio de 1964, la película ha recaudado más de 12 millones de libras (su presupuesto fue de 189 mil) y ha sido nombrada en varios listados de las mejores películas de todos los tiempos. Por solo dar un ejemplo, ocupa el quinto lugar en la lista de las mejores películas reseñadas de la historia de la página web de cine Rotten Tomatoes’. Y ahora, medio siglo después, se podrá ver en las pantallas de Cine Colombia. Las funciones, desde el jueves 30 de julio hasta el domingo 2 de agosto, serán proyectadas en Bogotá, Cali, Barranquilla, Bucaramanga, Cartagena, Manizales, Armenia, Pereira, Montería, Villavicencio y Medellín.

A Hard Day’s Night acompaña a los cuatro músicos durante los días previos a un concierto, justo después de regresar al Reino Unido tras su famosa primera gira en Estados Unidos. En tono de comedia, el director Richard Lester, quien ganaría la Palma de Oro el próximo año por The Knack…and How to Get It, muestra como Lennon, McCartney, Harrison y Starr se han convertido prisioneros de su propia fama. Tanto sus fans como los periodistas, pero sobre todo sus managers, los mantienen acorralados en una rutina de trenes y cuartos de hotel, cuando lo único que ellos quieren es divertirse. Así, con la ayuda del abuelo de McCartney (interpretado por Wilfrid Brambell), buscan escaparse de su monotonía. Una serie de fugas que Lester, quizá con ironía, pone en escena al ritmo de las mismas canciones que los han apresado. 

Gran parte del éxito de la cinta radica en que por primera vez muestra el espacio íntimo de The Beatles. Para escribir el guion, Owen convivió varias semanas con los cuatro y examinó cómo interactuaban entre ellos. El resultado es un largometraje que exhibe como Lennon, McCartney, Harrison y Starr son a un tiempo niños y estrellas, protegidos en la medida de lo posible de un mundo que los quiere enaltecer. Afuera son adulados, pero en su cotidianidad parecen estudiantes de colegio, obligados a hacer tareas, como escribir cartas a sus fans, y castigados cuando no las cumplen. Y es quizá ahí donde se encuentra el valor de la cinta. Pues, cuando empiezan a sonar las canciones, cuesta creer que esos mismos niños incapaces de mantenerse quietos durante unos minutos son quienes las componen .

A Hard Day’s Night es una obra paradójica. A través de la ficción exalta el valor de la realidad. Es una película que mediante los anhelos de independencia pone en evidencia los estragos de la fama. El abuelo de Paul les recuerda que no han vivido, y trata de liberarlos. Una libertad que ellos buscan, pero que en últimas no quieren. Hay una escena muy diciente, que resume quizá mejor que cualquier otra esa tensión. Perseguido por un grupo de aficionadas, Ringo entra a una tienda de ropa de segunda para disfrazarse y así poder pasar desapercibido. Pero cuando sale, y cruza caminos con una mujer que lo ignora, él se devuelve a confrontarla, extrañado de que no lo haya reconocido. Su deseo de independencia tiene límites. También quiere ser adulado.


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