Los paisajes imaginarios de Jaime Ávila
Publicado: 15/08/2015
Por María Camila Pérez B.

Los paisajes imaginarios de Jaime Ávila

El artista colombiano exhibe su más reciente trabajo en la galería Nueveochenta, en Bogotá. A través de pequeños puntos blancos sobre una superficie negra, Ávila construye ciudades y caminos que se instalan entre lo místico, lo profano y lo ilegal.

En su más reciente exposición, el artista colombiano Jaime Ávila presenta un juego entre luz y oscuridad para referirse a la apropiación geográfica de las ciudades sobre el espacio natural. Ciudad Perdida se compone de un conjunto de dibujos en mediano y gran formato que simulan fotografías aéreas tomadas de noche. Con esto, Àvila pinta pequeños puntos blancos sobre un fondo negro que, al ir creciendo y juntándose, se asemejan al paisaje que se observa mientras descendemos sobre una ciudad. Gracias al contraste entre las “luces” de las ciudades y la oscuridad de la montaña virgen, el artista retoma un tema que venía trabajando desde el ‘94 con su muestra No toque la mercancía: la fragmentación del paisaje y la intrusión de la ilegalidad dentro del espacio urbano.

“El nombre de ‘Ciudad Perdida’ apareció ahora nuevamente con lo que sucedió en el Cauca, donde encontraron una cantidad de cultivos ilicitos de marihuana”, cuenta Ávila. Así, mientras de día el paisaje parece inofensivo y desierto, cuando cae la noche estas zonas se iluman gracias a las luces de los invernaderos que aceleran el crecimiento y la producción de la mercancía. Pequeños puntos de luz que, al salir el sol, se pierden nuevamente entre las montañas. 


Foto: Guillermo Torres

Este contraste entre lo urbano y lo natural también sienta las bases para una discusión acerca de la propiedad física que ejercen las personas sobre el territorio. En un intento por colonizar los espacios, estas se han desplegado hacia terrenos intocados y han asentado ahí propiedades privadas, fragmentando el paisaje natural a través de la privatización. 

En una de las piezas, Ávila intercambia los nombres de lugares topográficos y les otorga nombres de personas. De este modo, la República Federal de Colombia es la República Federal de Byron, el Océano Pacífico pasa a ser el Océano de Jonathan y existe también la Cordillera de Diana.


Foto: Guillermo Torres

“El mundo de las mujeres que creé tiene una particularidad. A las personas les parece muy romántico cuando se utilizan nombres femeninos, pero cuando son masculinos es como una señal de peligro. Si es una mujer, no suena como si alguien se hubiera apropiado de la naturaleza, sino que es más bien algo evocador y poético. Pero cuando es el nombre de un hombre, la gente lo asocia con la idea de alguien que viene a quedarse con todo”, comenta él.De esta forma, el cambio de nombre que se le da al paisaje representa también el crecimiento de la ciudad y el apoderamiento de la naturaleza asociado al desarrollo tecnológico e industrial de las distintas zonas.

En otra pieza, el artista reconstruye la geografía de una zona a la vez que la regresa a su estado inicial. “Lo que hice fue reconstruir el mapa de una manera utópica y le otorgué los nombres de las antiguas veredas de la zona cafetera, dándole importancia a lo genuino y haciendo una referencia a lo que eran antes de que se convirtieran en propiedad privada”, explica Ávila. Dentro del mapa, éste incluye la silueta de un hombre kogui que camina, como una especie de viajante que se mueve por el espacio.


Foto: Guillermo Torres

A grandes rasgos, la muestra de Ávila parece un presagio sobre el futuro que se avecina con el rápido crecimiento de los espacios urbanos sobre lo rural. “Si las ciudades han crecido tanto durante los últimos veinte años, yo me imagino que dentro de otros veinte serán más grandes”, afirma Ávila. Con espacios que parecen ahogarse en ríos de luz artificial, Ciudad Perdida es una visión imaginaria de un territorio que se ancla dentro de lo real.

La muestra estará del 15 de agosto al 10 de septiembre en la galería Nueveochenta (Diagonal 68 #12-42).  


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