La feria del libro de Cali no va más
Publicado: 16/03/2016
Por Redacción Arcadia

La feria del libro de Cali no va más

El 14 de marzo, Conchita Penilla, la directora de la Feria del Libro de Cali, FILCA, envió a los medios de comunicación una carta en la que anuncia la cancelación del evento en una ciudad que necesita, con urgencia, sobreponerse a las peleas de poder y poner por encima a la cultura como un bien público.

Es verdad que no se puede tapar el sol con un dedo y que la Feria Internacional de Cali, FILCA, celebrada en esa ciudad en octubre de 2015, tuvo muchas deficiencias, lo cual parece normal cuando se trató de un primer intento por recuperar, para la ciudad, el espacio de una feria del libro que se perdió en el pasado, cuando la Feria del Libro del Pacífico, organizada por la Universidad del Valle, dejó de funcionar, en 2012.

En una columna publicada en esta revista, Nicolás Morales criticó la organización y la consideró muy pobre. Esta posición, tan respetable como la de los organizadores que dijeron sentirse satisfechos con el trabajo realizado, parece que llegó a un punto de inflexión hace una semana, cuando, según la directora de la Feria, Conchita Penilla, fue convocada por la Cámara Colombiana del Libro y el Ministerio de Cultura, para proponerle una alianza con la Organización Spiwak, que el año pasado acogió a algunos de los invitados al festival Oiga, mire, lea.   

Hasta ahí las cosas parecían normales y sensatas pues se buscaba crear un espacio de armonía entre editores, gestores culturales e interesados en la literatura de la ciudad. Sin embargo, según Penilla, quien la mañana del miércoles 16 habló en una entrevista en la W Radio, que recogió la polémica, no se proponía una alianza sino ciertas condiciones con las cuales ni ella, ni sus coorganizadores, estaban dispuestos a pactar. Una de ellas, la gratuidad del evento. La otra, que no se dejarían imponer un viraje en la curaduría de contenidos, que este año estaría enfocada, de nuevo, en el tema afro, con Congo como país invitado de honor.       

Para Enrique González Villa, presidente de la Cámara Colombiana del Libro, quien habló en la misma emisora, parecía lógico que no se realizaran dos eventos –el festival de la Organización Spiwak y la FILCA— tan solo con unas semanas de diferencia, pues los editores no podrían asumir los costos de viajar dos veces a la misma región, pagando fletes y personal. Al parecer, y según el debate presentado por la W, la ministra de Cultura, el presidente de la Cámara, la directora de la biblioteca departamental de Cali, el director del Festival Oiga, mire, lea y el hermano de Conchita Penilla, en representación de la FILCA, se reunieron en un almuerzo en la ciudad para intentar llegar a un acuerdo. Según Penilla, los términos en los que se refirieron a la FILCA fueron inaceptables y parecía claro que quienes convocaban a la reunión estaban más con la idea de los Spiwak y soslayaban, de plano, el enfoque de Penilla que llevaba cinco meses de organización.

En ese sentido, habría que decir que las dos son iniciativas privadas e igual de respetables. Lo que resulta extraño es que cuando entra a mediar lo público, en este caso el Ministerio de Cultura, una vez más se antepongan posiciones verticales de lo que “debe” o “no debe” ser una feria del libro. Si bien es cierto que la Cámara Colombiana del Libro cuenta con toda la experiencia en organización de ferias, también lo es que inventar una nueva feria suponía un camino espinoso entre dos posiciones encontradas. ¿No habría sido mejor fortalecer los dos espacios? ¿No merece una ciudad como Cali tanto un festival literario como una Feria del Libro? ¿No era posible seguir dando apoyo desde el gobierno central a dos iniciativas valiosas? ¿Se trata de sentar una posición unánime siempre que se hable de los enfoques culturales en Colombia premiando a unos y castigando a otros? Es increíble, de nuevo, que los disensos terminen redundando en los habitantes de una ciudad que necesita, con urgencia, recuperar la idea de que la cultura es motor del desarrollo.

La ministra de Cultura, Mariana Garcés Córdoba, responde a Conchita Penilla.


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