Las últimas sentencias de Eduardo Galeano
Publicado: 13/04/2016
Por Revistaarcadia.com

Las últimas sentencias de Eduardo Galeano

‘El cazador de historias’, publicado en Colombia un año después de la muerte del escritor uruguayo, reúne más de 200 poemas, aforismos y epigramas del autor de ‘Las venas abiertas de América Latina’.

Advierte la nota del editor: “Eduardo Galeano murió el 13 de abril de 2015. En el verano de 2014 habíamos cerrado hasta el último detalle de El cazador de historias, incluida la imagen de cubierta que, como solía suceder, él mismo había elegido, la del Monstruo de Buenos Aires que ilustra esta edición […] Dado que su estado de salud no era bueno, decidimos demorar la publicación, como un modo de protegerlo del trajín que implica todo lanzamiento editorial […] en sus últimos meses de vida siguió haciendo una de las cosas que más disfrutaba hacer, que era escribir y pulir los textos una y otra vez”.

Con contadas excepciones, cada una de las 255 páginas de El cazador de historias funciona como un relato independiente. Están surcadas, además, por unos marcos delgados y negros, rectangulares, dando cierto aire pictórico a las breves historias que contienen, algunas de las cuales también incluyen pequeñas ilustraciones de cañones, bestias o dragones. Los relatos, a veces históricos, a veces autobiográficos, recuerdan algunos esfuerzos literarios de Borges, como los microcuentos que componen El hacedor (1960).

Autobiografía completísima
Nací el 3 de septiembre de 1940, mientras Hitler devoraba media Europa y el mundo no esperaba nada bueno.
Desde que era muy pequeño, tuve una gran facilidad para cometer errores. De tanto meter la pata, terminé demostrando que iba a dejar honda huella de mi paso por el mundo.
Con la sana intención de profundizar la huella, me hice escritor, o intenté serlo.
Mis trabajos más exitosos son tres artículos que circulan con mi nombre en Internet. En la calle me para la gente, para felicitarme, y cada vez que eso ocurre me pongo a deshojar la margarita:
- Me mato, no me mato, me mato…
Ninguno de esos artículos fue escrito por mí.                

Sería injusto, sin embargo, intentar clasificar a punta de comparaciones o temáticas los textos de El cazador de historias, si bien hay un enorme y difuso terreno que abarca buena parte de la colección: América Latina. Pues el continente, y en particular Uruguay, copan un buen número de páginas: desde el relato de una esclava uruguaya del siglo XIX que una noche se esfumó hasta la relación de un pueblo quechua con un volcán cuya nieve “está hecha de sal”, pasando por la revolución democrática que vivió el club de fútbol Corinthians, de Brasil, en tiempos de la dictadura militar.

Diagnóstico de la Civilización

En algún lugar de alguna selva, alguien comentó: Qué raros son los civilizados. Todos tienen reloj y ninguno tiene tiempo.

El cazador de historias ignora las convenciones editoriales de comienzo y fin. Sin orden de lectura, y también sin capítulos, la obra se asemeja más a un álbum de fotos o a algún libro de imágenes de algún museo. Basta con abrir cualquier página, en cualquier orden, para encontrar un apunte poético o una historia reveladora. Al ser Galeano un hombre que nunca habló de más sobre sí mismo, este compendio de pequeñas narraciones no solo devela su infinita curiosidad sino que además permite al atento lector rastrear algunos episodios de su vida.

En la última página se encuentra el poema que Galeano había querido que cerrara otro libro, Garabatos, que no alcanzó a terminar, y en el que habla sobre la muerte.

Quise, quiero, quisiera

Que en belleza camine.
Que haya belleza delante de mí
y belleza detrás
y debajo
y encima
y que todo a mi alrededor sea belleza
a lo largo de una camino de belleza
que en belleza acabe.


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