‘Los pasos del agua’: los cadáveres del río Cauca
Publicado: 15/05/2016
Por Carlota Moseguí* Cannes

‘Los pasos del agua’: los cadáveres del río Cauca

El caleño César Acevedo regresa al festival con un cortometraje sobre el arrojamiento de cadáveres por el conflicto armado.

El director ganador del premio Cámara de Oro (a mejor ópera prima) de la pasada edición del Festival de Cannes con La tierra y la sombra regresó al certamen con un nuevo cortometraje. Los pasos del agua es un encargo de la sección Semaine de la Critique para celebrar las cincuenta y cinco ediciones de esta competición. La organización seleccionó al director colombiano y al israelí Nadav Lapid para llevar a cabo dicha tarea, al tratarse de dos talentos descubiertos en esta sección. 

Los pasos del agua pone en escena un incidente incómodo que viven dos pescadores que laboran en el río Cauca. Tras hallar un cadáver en su red, deciden no informar a las autoridades y enterrarlo en la jungla por su cuenta. Los hombres arrastran el cuerpo hacia las profundidades de la selva en sumo silencio, para pasar desapercibidos. Un comentario que hace referencia al anonimato del fallecido romperá el silencio momentáneamente. Sin embargo, los protagonistas permanecerán callados durante el resto del metraje. De este modo, Acevedo no necesitan introducir diálogos o acotaciones que maticen el drama porque, como planteó el colombiano Felipe Guerrero en Oscuro animal, este tipo de situaciones extremas hablan por si solas.

Asimismo, es interesante destacar el predominio del plano detalle en el film. Los pasos del agua es una suma de tomas cerradas donde sólo se aprecian fragmentos de la realidad: la pala sacando tierra, un gusano moviéndose, la mano fría y sucia del muerto… Así, juntando las pizas de este rompecabezas cinematográfico obtenemos un retrato del mundo rural: un territorio que es víctima del olvido y está condenado a sufrir las consecuencias del conflicto armado.

Por otro lado, la película cobra un mayor significado hacia la mitad. Dicho giro de guión tiene lugar cuando los protagonistas cavan el hoyo para dar sepulto al desconocido. En ese momento, darán con un objeto que les hará replantear la acción que están a punto de llevar a cabo. La aparición de ese artefacto (ligado simbólicamente al cuerpo que flotaba en el río) abre el debate sobre los arrojamientos de cadáveres, así como las medidas desesperadas que toman quienes los encuentran para no meterse en problemas.


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