El dilema de ser colombiano en el extranjero
Publicado: 10/06/2016
Por Paola Moreno

El dilema de ser colombiano en el extranjero

‘El malo de la película’, una obra que se presentó por primera vez en Casa E, hace cerca de cuatro años, vuelve bajo la dirección de Sandro Romero Rey, en una temporada de tres semanas, desde el 9 de junio hasta el 2 de julio.

Osvaldo, el protagonista, es un actor colombiano, pero no uno cualquiera: ha pasado por la ASAB de la Universidad Distrital, ha interpretado algunos personajes en dos obras de Fabio Rubiano (no fue invitado a Labio de Liebre), ha interpretado a un árbol en la obra Macbeth de William Shakespeare. Sin embargo, su historia puede parecerse a la de muchos colombianos: un día, tentado por un hombre español, decide irse a España a probar mejor suerte.

Allá tiene una de muchas audiciones: Osvaldo se detiene frente al público con una maleta, una luz amarilla lo ilumina. Se revuelca contra el piso, da botes, hace el ademán de dar y recibir disparos, mueve las manos como explicando que su cuerpo acaba de explotar y dice ‘sangre, sangre‘. Termina la audición. El maestro, con acento español, le da las gracias por haber ido. Osvaldo se sorprende, le dice que le dé otra oportunidad, que él no quiere ser trágico pero su vida depende de que lo acepten, que no sabe por lo que ha pasado, que deje que le cuente la historia.

Y en ese momento aparece otro Osvaldo, el del presente, quien cuenta su historia al público. Así, El malo de la película, dirigida por Sandro Romero Rey, se convierte en una especie de monologo donde las barreras entre el actor y el público se diluyen. Osvaldo da saltos entre el pasado y el presente, y son los dos quienes narran la historia.

¿Qué es ser colombiano? Esta puede ser una de las preguntas que lanza Osvaldo cuando comienza a narrar su historia. Él dice que al viajar a la ‘madre patria‘ lo primero que tuvo que hacer fue aprender a ser colombiano, pero de la manera en que los españoles creían que debía serlo. Entre muchos de los papeles para los que audicionaba, tenía que convertirse en el mejor colombiano: usar gafas oscuras, collares de oro, echar bala, andar en moto, matar a diestra y siniestra.

El actor Jorge Mario Escobar, quien les da vida a los dos Osvaldos, transita con sutileza, pero a la vez con fuerza, por medio de las ilusiones y los desencantos  de un hombre que por no dejar morir su sueño se enfrenta a los imaginarios que existen sobre él y los colombianos en el exterior. El público es testigo de un sueño que parece agonizar, entre los esfuerzos de Osvaldo por afirmarse como artista y como ser humano.

Finaliza la audición. Osvaldo comprueba que el maestro siga ahí, se escucha la voz del maestro: lo felicita por su papel, le dice que lo único que tiene que hacer es representar sus desventuras una y otra vez, Osvaldo le contradice, pero el maestro parece no escucharlo. Osvaldo se revuelca en el piso, da botes, hace el ademán de dar y recibir disparos, mueve las manos como explicando que su cuerpo acaba de explotar y dice: ‘sangre, sangre‘.


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