Fiebre ochentera
Publicado: 02/08/2016
Por Redacción Arcadia

Fiebre ochentera

Los años ochenta regresan por medio de la más reciente serie de Netflix. La serie, estrenada el 15 de julio, construye un mundo inspirado en las influencias de John Carpenter, Stephen King y Steven Spielberg.

Con Stranger Things los hermanos Duffer hilan una serie televisiva con reminiscencias ochenteras que no oculta su condición de homenaje al cine y al universo de la ciencia ficción. Nacidos en North Carolina, en 1984, ninguno de los dos fue adolescente en la época que narran, pero es como si los dos hubieran sido jóvenes en aquella época pues la contundencia y fidelidad de las referencias es abrumadora.

La miniserie de ocho capítulos -de 45 minutos cada uno en promedio- se ha convertido en la última adicción tanto de jóvenes que no vivieron en esa década como de cinéfilos que comparten memes y recuerdos en las redes sociales como si, de repente, hubiera aterrizado de nuevo ET en la tierra.

Sin embargo, para muchos no se trata sino de un pastiche capaz de activar la nostalgia de una década marcada por el breakdance, la masificación de los sintetizadores, la popularización de los videojuegos y los computadores, entre otras referencias. Un pastiche que pega cosas, pero que no propone nuevas, como dijo alguien en las redes.

Aunque dichas críticas hacen parte del debate normal en torno a los contenidos, lo que es cierto es que críticos y televidentes afiebrados han acogido con emoción la serie protagonizada por Winona Ryder, Millie Brown, Natalia Dyer, David Harbour y Matthew Modine, entre otros. Ya tiene garantizada la producción de su segunda temporada.

La intertextualidad de Stranger Things es evidente y eso ha hecho que dispare una fiebre considerable en redes sociales para compartir, como en una suerte de museo vintage, canciones, listas, e imágenes sobre la memoria de esa época. En el cuarto capítulo, por ejemplo, los Duffer hacen un homenaje a The Body (1982), el clásico de Stephen King, una corta historia que utiliza como hilo conductor -al igual que la serie- la misteriosa desaparición de un niño y la incesante búsqueda de sus compañeros. Sumado a la conjunción de elementos literarios, la producción utiliza recursos del cine de misterio, del género de zombies y de investigaciones sobre fenómenos paranormales tan comunes en los años de la Guerra Fría, porque la oposición Este-Oeste hizo fantasear a muchos con el espionaje telequinético y cosas por el estilo.

También hay referencias a películas como la recordada IT (1990), que estrenará su remake en 2017, o Goonies  (1985), con su banda de pequeños valientes. La producción está ambientada en una retrospectiva visual que adopta un sin número de planos entre bosques, opacados por la niebla, inspirados en E.T (1982).

La variación de universos paralelos, propuestos en clásicos como La dimensión desconocida; experimentos secretos del gobierno estadounidense y entidades sobrenaturales acompañan a una trama que se nutre de arquetipos que para muchos son cliché, pero que para otros son homenajes, como ocurre con Sheriff Hopper (una referencia a Twin Peaks) o Joyce, la madre  desesperada (Poltergeist, El Exorcista), que se desdoblan en un guión contundente. El crítico Ben Travers escribió en el portal Indie Wire, que Stranger Things es “apenas una imitación de los ochenta pero no una verdadera oda a esa década. (...) Las películas de entonces abrieron caminos, esta serie apenas los remeda”. Es una opinión que no comparte Jeremy Egner, en The New York Times quien escribió en su crítica que la serie “pertenecía a la categoría de homenajes que no podían distinguirse de los originales”.

Canciones como “Atmosphere”, de Joy Division, exaltan los picos de suspenso, drama y “terror”, apelando a un estilo new wave y post-punk acorde a la década en la que se desarrolla la historia. La recurrente “Should I Stay or Should I Go”, de The Clash, recuerda a la banda insigne del punk británico, y otras como Corey Hart, nos llevan al establecimiento musical de los niños bien de la época. El mismo Egner señala, sin embargo, que es pasmosa la ausencia de Michael Jackson quien había estrenado “Thriller”, el video más famoso de 1982, solo un año antes de los sucesos de la serie.

De hecho, el homenaje sonoro más frecuente -y apropiado- de la serie a la década en la que transcurre es el constante uso de sintetizadores. La banda sonora compuesta por  Michael Stein y Kyle Dixon, de la banda Survive, concluye en una sensación de dependencia por un capítulo más (similar a Breaking Bad), donde los sentidos se dopan y las horas de sueños disminuyen.

Críticas a favor o en contra, lo cierto es que Stranger Things activó un mecanismo interesante y tiene a millones de televidentes discutiendo en las redes sociales asuntos que no son despreciables. La memoria de una época habita de nuevo en el universo de Netflix.


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