La naturaleza fragmentaria de los archipiélagos
Publicado: 07/09/2016
Por Ana Gutiérrez

La naturaleza fragmentaria de los archipiélagos

Desde el 8 de septiembre hasta el 14 de octubre, la exposición ‘Atlas #3. Topografías de Archipiélago’ reúne en la Cámara de Comercio de Bogotá a 10 artistas que exploran el imaginario del mar y de las islas.

Atlas #3. Topografías de Archipiélago es el tercer capítulo del Ciclo PRISMA, presentado en la Sala de Exposiciones de la sede de Chapinero de la Cámara de Comercio de Bogotá, desde el 8 de septiembre hasta el 14 de octubre. El ciclo es temático: consta de tres curadurías que reúnen obras de artistas bajo un único eje conceptual, pero presentadas en tres exposiciones independientes.

En este caso -la tercera muestra-, el eje es la desterritorialización: la deconstrucción de los territorios y paisajes. Más específicamente, se abordará la temática desde el imaginario del mar y de las islas. Desde la mitología clásica hasta la literatura contemporánea, poblada por arquetipos como piratas, náufragos y colonizadores, la exposición ahonda en las posibilidades creativas que presentan esos espacios: el mar como elemento fundamental, como vía de comunicación, como barrera, como escenario, como razón de exploración y construcción de cartografía. El tamaño también aparece continuamente en la muestra, sea en la inmensidad del mar o las limitadas dimensiones de una isla o simplemente en la idea contradictoria de hablar de un territorio que es al tiempo un espacio líquido. 

La curadora, Claudia Segura, cita al filósofo Édouard Glissant cuando habla de la muestra: “El archipiélago es un pasaje, no un muro”. La misma etimología griega de la palabra ‘archipelago‘ esclarece las ideas detrás de la muestra: “una amplia expansión de agua que contenía diferentes fragmentos de tierra que se mantenían por encima de la superficie. Es un conjunto de islas que, aunque en apariencia están desconectadas entre sí, están sujetas a la misma placa terráquea debajo de la capa del mar”, como dice Segura. Glissant venía de la isla de Martinica, y Segura señala que las islas caribeñas son un objeto de fascinación para el arte porque “son el Nuevo Mundo, representan una vida nueva. Pero también una isla puede ser un encierro. Son muy variables y cada uno de los artistas tomo una perspectiva muy particular sobre el tema”.

Los artistas que van a participar en la muestra son Vasco Araújo, Joan Bennassar, Marcela Calderón, Katherinne Fiedler, Andrea Galvani, José Gabriel Hernández, Verónica Lehner, Hernán Sansone, Mario Santanilla, Felipe Uribe, cuyas muestras discuten, modifican, problematizan y elaboran nuevos imaginarios sobre el territorio marítimo y las islas (sean las calientes islas caribeñas o las gélidas islas árticas), desde el dibujo, la escultura, el sonido, entre otros. 

Destacamos tres de las instalaciones: Ínsula de Hernán Sansone, 243 de Marcela Calderón y Higgs Ocean #12 de Andrea Galvani.

La muestra de Sansone, argentino, parte de una idea: “Ningún hombre es una isla pero toda cabeza es una ínsula”. Una ínsula es una porción de tierra rodeada completamente de agua, pero comparte el nombre con la corteza insular, la estructura del cerebro humano que crea el contexto para la experiencia sensorial. Sansone recoge esa implicaciones y las funde con los matices literarios que se la ha dado a la figura de la isla, un lugar arquetípico donde los protagonistas son transformados o transforman, donde se alejan del pensamiento continental y los escritores “forjan sus demenciales exploraciones sobre la soledad”.

El trabajo de Calderón relata la historia de un holandés, Bas Jan Ader, que “nació en Holanda en 1942 y se perdió en altamar en 1975". Tomando los elementos de la vida de Ader, la instalación que relaciona elementos de lugares, momentos y contextos diferentes que sin embargo están conectados por el protagonismo del mar y la posibilidad de partir a navegando en un viaje a lo desconocido. También lo une el número 243, que aparece en bitácoras, registros y hasta en millas náuticas.

Por último, la muestra de Galvani se acerca al tema desde el sonido. Entre 2008 y 2010, viajó dos veces en un barco de vela a través del Polo Norte y experimentó con la luz y el sonido. Documentó, en las costas de las Islas Svalbard en el Círculo Polar Ártico, el ruido de un iceberg colapsando, tanto por debajo como por encima de la superficie del océano, entre varias otras grabaciones. El audio que presenta explora el poder de almacenamiento, el poder del sonido, y la conversión y transferencia de energía a través del tiempo y el espacio.


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