‘El Infiltrado’: otro mediocre abuso de Pablo Escobar
Publicado: 15/09/2016
Por Santiago Serna Duque

‘El Infiltrado’: otro mediocre abuso de Pablo Escobar

La película dirigida por Brad Furman y protagonizada por Bryan Cranston y John Leguizamo cae en el berrinche estadounidense de quemar la imagen del jefe máximo del Cartel de Medellín hasta más no poder. Esta insuficiente producción no tiene nada bueno, nada.

La cinta dirigida por Brad Furman se desarrolla en los años conservadores de Ronald Reagan (1981-1989) y tiene como protagonista al exagente de la DEA Robert Mazur (Brayan Cranston). Mazur, según la película, fue la ficha clave para desmantelar la organización que ‘lavaba’ el dinero de Pablo Escobar en Miami. Así es: de nuevo los funcionarios americanos fueron aquellos héroes anónimos que tumbaron al rey de la cocaína. God bless America!

Seamos claros. El cine del hampa no merece este desperdicio de película. El Infiltrado es un panfleto oportunista que se adhiere a la fiebre de Narcos (Netflix) para lograr dinero en la taquilla. Este film nada tiene que ver con la serie protagonizada por Wagner Moura (también bastante floja) o con los clásicos que nos convirtieron en silenciosos amantes del mundo criminal. El Infiltrado es otra lápida para el cementerio hollywoodense, y su precaria trama,  el epitafio que reza: ‘He aquí el último intento fallido de otra Scarface’.

Porque nadie mejor que ellos, los americanos, para llevar a este género de la excelencia a las cloacas. Allá, lejanas, quedan obras setenteras y ochenteras como The French Connection, Mean Streets, A Bronx Tale, Carlitos Way y la inefable Goodfellas, que incitan a la añoranza. A creer, en efecto,  que los tiempos pasados fueron mejores para el cine de gánsters. ¿Y quién es el culpable -en parte- de este ocaso? Pues, el culpable de todo: Pablo Escobar Gaviria. Desde que Hollywood se empecinó en reproducir la figura del máximo capo colombiano, como lo hizo hace poco con la desastrosa Paraíso perdido el año pasado, el género se volvió un compendio de refritos. Ahora el enemigo (o amigo) no es Al Capone, Lucky Luchiano, un cubano colorido y sádico, un corredor de apuestas chino, ¡no!, es Pablo, y todos sus remedos.   

El Infiltrado cumple, a carta cabal, con la ley de cómo hacer una mala película criminal. Recae en la bobada de mostrar al capo colombiano como dandi de pasarela italiana, que anda por Miami con abrigo de piel blanco, sombrero Barbisio blanco y zapatos de charol. También está el boricua John Leguizamo (sí, es colombiano, pero le queda grande hasta el acento) para actuar por enésima vez en el papel que Hollywood parece haberlo encasillado: el de ratero de mala muerte oportunista. Hay, además, estructuras groseramente exageradas (mansiones, aeropuertos y aviones en la estética de Las Vegas) y, como si todo esto fuera poco, Furman se encarga de arruinar la imagen del más brillante y macabro ‘dealer’ de la televisión (Bryan Cranston, Breaking Bad) mostrándolo como un agente de la DEA flojo, sin viveza.

Adios American Gángster, Scarface, Carlios Way, Donnie Brasco, Blow, A Bronx tale, Mean Streets, Casino, The Killing of a Chinese Bookie


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