"Después de las 6 de la tarde, Bogotá se vuelve un fantasma"
Publicado: 04/10/2016
Por Sergio Rodríguez

"Después de las 6 de la tarde, Bogotá se vuelve un fantasma"

Desde el primero de octubre hasta el 20 de diciembre en Casas Riegner se puede ver la más reciente exposición del artista bogotano Mateo López. Hablamos con él.

¿De dónde viene ‘Ciudad Fantasma‘?

De un sentimiento. Creo que en toda la exposición está mi relación con Bogotá y el haberme ido a Nueva York con mi esposa. Es el sentimiento que me produce Bogotá un domingo después de las 6:00 p.m.. Una ciudad que cierra todo, todo el mundo se guarda, se esconde y la ciudad queda deshabitada, casi que abandonada como una ciudad fantasma. Ese sentimiento de abandono y soledad se acaba con el lunes, cuando comienza la semana con gran ímpetu, una fuerza y acelere, vuelve el caos y el trancón. Esos dos cambios, acelere y desacelere de ritmo y de tiempo, es lo que me interesa, es lo que está plasmado en alguna de las piezas de la exposición. También es el título de una canción de The Specials, que se compuso en un momento específico en Inglaterra: había una revuelta social y los jóvenes comenzaron a manifestarse. Lo que me hace pensar esa canción es en esa ciudad en la que todos empiezan a irse, a desaparecer, a tener participaciones y es lo mismo que está pasando con los jóvenes en Colombia: están relegados a esas decisiones que toma una generación mayor que ellos.

¿La exposición es una cartografía desde sus objetos o una sinécdoque de Bogotá?

Sí, es una especie de cartografía. Hace un par de años me encontré con un libro que me gustó mucho: A World without us de una periodista que en varias crónicas de lugares, como el Canal de Panamá o Manhathan, cuenta con ayuda de expertos qué pasaría si de repente la población deja de existir, se va. Me gustó mucho la idea de imaginarnos fuera de los lugares y qué pasaría si los lugares nos dejaran. También es una búsqueda de materiales locales, objetos que se ven en la calle pero también los que están debajo de la tierra que también se convierten en arquitectura.

¿Por qué son recurrentes los pliegues en sus obras?

En el acto de dibujar hay un impulso de sacar una imagen fija de la cabeza, que a veces no tiene explicación lógica y que con el tiempo comienza a desdoblarse y aparecer a partir de la relación con otras ideas que fueron dibujadas. Y viene también del tiempo que toma estar sentado en el estudio dibujando, haciendo líneas, cortando y plegando. Siento que físicamente hay un energía de una materia no física que está impregnada en los dibujos. Si uno piensa en el crecimiento de las plantas, para mí, es puro desdoblamiento.

¿Qué papel juegan el tiempo y la memoria en Ciudad Fantasma?

Es algo que he pensado mucho, esta obsesión con el tiempo y mi relación con Bogotá, que para mí representa mi infancia, mi familia, mis amigos, mi historia, mi pasado. Vivir en Nueva York, donde todo es ajeno y nuevo, me da una sensación de futuro. Me siento en este momento en un ir y venir, entre la memoria y en el cambio constante. Por ejemplo en Despacho, este escritorio de los años cuarenta en el que láminas de piedra muñeca hacen las veces de papel, representa esa pesadez y estatismo de las instituciones y claramente hay una cosa mortuoria y lapidaria, que es lo que representa la institución en términos generales históricamente en Colombia.

Si Bogotá es su pasado y Nueva York su futuro, ¿dónde es el presente?

Yo creo que en el hacer.


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