Historias de hombres
Publicado: 18/12/2017
Por Lony Welter

Historias de hombres

El reciente escándalo de abuso sexual en Hollywood debería generar un cambio no sólo en la industria del cine sino también en sus narrativas.

Con el testimonio de la cineasta latina Salma Hayek en relación al destape de Harvey Weinstein, productor todopoderoso de Hollywood al cual se le atribuyen innumerables abusos de poder y acoso sexual, actos cometidos desde hace años, es inevitable comprobar que se necesitan situaciones de esta talla para que muchas personas reconozcan la realidad. Y es que usar la palabra “escándalo” para calificar lo de Weinstein es minimizar la magnitud de lo que ha ocasionado a lo largo de su carrera. No es algo que sucedió ahora, es algo que viene sucediendo durante años. No es un escándalo, es un historial.

Lo de Weinstein no es otra cosa que la expresión natural de un machismo arraigado, y arrastrado por siglos, proyectado y potenciado en el mismo cine que este hombre produjo y que en su mayoría fue escrito por hombres y para hombres. Un escenario ideal sería que estas noticias generaran una conversación real y consistente sobre la problemática y además la inclusión definitiva y significativa de las mujeres en la industria y en el desarrollo y potencial de narrativas que no estimulen más diferencias y prejuicios.

Sucesos como estos invitan a seguir reflexionando sobre el mundo del cine y en particular el espacio que se le ha limitado a las mujeres. No se debería desligar la dinámica de la industria de la manifestación artística y narrativa que esta finalmente produce. La relación de las mujeres con el oficio y con las historias que se elaboran está determinada constantemente por dinámicas parciales y patriarcales. En Colombia, por ejemplo, se ha hablado del lugar de las mujeres en el cine desde hace tiempo y sigue siendo un tema recurrente y urgente. Pero desgraciadamente parece ser un tema que se limita a ser discutido por mujeres. Y a pesar del trabajo hecho, todavía se encuentran casos muy cuestionables como porcentajes bochornosos de participación femenina en distintos ámbitos o, como en el caso de Hollywood, un ambiente violento y abusivo mantenido en secreto.

Seguramente nuestra industria no es comparable con Hollywood -por razones obvias- pero muchos sí se rigen por las normas, los estándares y narrativas que se generan allá. Lo que se ha organizado alrededor de campañas como #MeToo y los testimonios de numerosas mujeres empoderadas y exitosas (hasta la fecha en Estados Unidos hay más de 118 denuncias a hombres famosos por acoso sexual) es una prueba máxima de que en el fondo muchas cosas no han cambiado, o si cambiaron, aún faltan muchas más por cambiar.

No se trata de que las historias estén definidas por el género de quien las escribe, pero sí que es hora de rebatir estas historias específicas de hombres explotadores (las que protagonizan o las que escriben) y concentrarse en acabar prejuicios desde la raíz. Un buen primer paso es hablar del tema y reconocer que hay un problema evidente por más de que parezca normal. No deja de ser sospechoso que, ante la oleada mundial de confesiones de abusos y acosos, en Colombia nadie se manifestara como víctima de una problemática parecida en el ámbito del cine y la televisión. Pero es difícil pensar que no las haya en absoluto.


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