Así es la movida hip hop de Buenaventura
Publicado: 24/07/2018
Por Diana Carolina Avella*

Así es la movida hip hop de Buenaventura

Este género musical tiene una escena que se consolida cada vez más en ciudades como Bogotá y Medellín. Pocos saben, sin embargo, que en Buenaventura también se ha incubado el movimiento, con sus propias particularidades.

Este artículo forma parte de la edición 154 de ARCADIA. Haga clic aquí para leer todo el contenido de la revista.

La mayoría de los primeros representantes del hip hop en Colombia fueron hijos de una diáspora que trajo la narración poética y social del rap norteamericano y sus elementos inherentes: el DJ, el break dance, el grafiti y el MC (master of ceremonies), quien escribe e interpreta rap. A finales de los años ochenta, vinilos, casetes y discos compactos llegaron en las maletas de los “norteños”. Así se les llama en Buenaventura a los polizontes. No solo en las ciudades principales de Colombia hay una historia relacionada con el hip hop y una escena que se consolida paulatinamente. En Buenaventura también se ha incubado ese movimiento.

Bola-8 El Decano, de la Fundación Tura Hip Hop, dice que fueron los polizones deportados los responsables de extender la estética marcada por pantalones anchos, beisboleras y gorras. En los años noventa, los raperos colombianos tomamos prestadas las identidades musicales y estéticas del east coast y el west coast de Estados Unidos, pero nunca nos vimos influenciados por las guerras de los grupos de rap de California y Nueva York en búsqueda de legitimidad, porque aquí las guerras que se libraban eran otras. Las luchas contra la pobreza, la invisibilidad ante el Estado y los virus de la corrupción, el narcotráfico, el desempleo, la falta de oportunidades y vivienda digna hicieron mella en las letras del rap colombiano. Por eso, mientras que en 1996 y 1997 la guerra entre costa y costa cobraba la vida de The Notorious B.I.G. y 2Pac en Estados Unidos, en Buenaventura se libraba la guerra contra el reclutamiento armado, la presencia masiva de grupos armados al margen de la ley y el doloroso episodio de las mil muertes a causa del codiciado puerto, privilegio y maldición en un territorio donde gobernaba todo menos el Estado. Como lo advirtió el grupo de rap colombiano Tres Coronas, ante la adversidad, el rap aquí nació latino.

A pesar de que comparten el mismo origen, el hip hop de Buenaventura y el que se ha gestado en ciudades como Medellín y Bogotá no son solo distantes espacialmente; tampoco comparten las mismas sonoridades. Los ritmos de agrupaciones como Del Barrio Inc o Flaco Flow y Melanina (rap caleño y de Buenaventura) están más cercanos al mar. La influencia del rap se da de puerto a puerto, con la inevitable cadencia de África, que corre por las venas de sus intérpretes, quienes recogen el fraseo hasta llegar al raggamuffin.

Buenaventura no se rinde

La mixtura entre el origen indígena y afro se refleja también en la música. Si bien el rap es un género musical en el que priman sonidos de instrumentos como la batería, el bajo, el piano y los violines, en Buenaventura era inevitable trabajar con las herramientas musicales propias; por eso la presencia de la marimba, el saxofón y el guasá.

En cuanto al baile, la potencia de los cuerpos que atendían al sonido de los beats del rap ochentero mantenían por los años noventa la práctica del breaking, que no es lo mismo que el break dance, y que en las calles del Pacífico se identifica también como “quiebre”.

Después de la danza, el elemento más potente a finales de los años noventa e inicios de este milenio fue el rap mismo. En 1996, Contacto Directo lanzaba escritos más cercanos a lo territorial y social desde las voces de Ricky Rapero y María Levina, conocida como Queen. Años después llegaron Roger, Chicano y Bola-8 El Decano. Desafortunadamente en el año 2000 a su fundador Ricky se lo llevó la violencia.

El rap de Buenaventura no es, entonces, una noticia nueva, y ha dignificado al territorio por mucho tiempo. En los barrios más difíciles de Buenaventura, los profesores de hip hop tienen mayor legitimidad y respeto que las autoridades. En el paro cívico de 2017, doce artistas de hip hop se unieron para cantar “Buenaventura no se rinde”, un canción que dignificó a los trabajadores y le devolvió la fe, la unidad, la dignidad y la fuerza al pueblo. Esa es una de tantas historias que demuestran que el hip hop en Buenaventura no es solo una expresión artística, también es una herramienta de lucha social.

Le puede interesar: Teresa de Jesús Vente Ferrín, la poeta de Timbiquí

Otro caso es el de Leonard Rentería, quien supo llenarse de valor y enfrentarse al No en el plebiscito; eso a pesar del miedo por las desapariciones y las muertes de jóvenes en su territorio a manos de grupos paramilitares. Leonard sabe de lo que habla. Ha sido víctima del desplazamiento interno y la guerra se ha llevado a amigos de infancia y a miembros de su grupo. Uno de ellos fue asesinado casi en la puerta de su casa.

Pero del hip hop en Buenaventura también se puede hablar desde un punto de vista más positivo. Productoras como Bienvenidos a la Isla, Fat Dogs Producciones, Bajo El Domo y el icónico estudio Parnaso, “donde convergen los poetas”, reciben a artistas como Mac Julius Beatz, Deres, The Blessed RMS, que componen los beats más potentes y diversos del sur del país para honrar las letras y las voces de raperos como Danny Blone, o las reflexiones en canciones como “Enturate” de Ángel Montano, que nos lleva a recorrer las calles del puerto. También están El Teacher, Don Rap, 1era estación, nuevos talentos como Drako el Bipolar y los ritmos densos de The Soldiers. Como dice Anjhey en la canción “Tura Style” –junto con Warriors, La Maestría, Bola-8 El Decano, Verhon, Galyl y Shalel–, “al igual que el currulao, el rap también es cultura”.

Hoy Buenaventura podría tener su propio festival de hip hop, cosa que permitiría apreciar las rimas, fraseos, cantos y ritmos llenos de herencias musicales afro. Pero en Buenaventura no hay circuitos porque no hay Estado. La labor de garantizar el acceso a la cultura la hace la Fundación Tura Hip Hop, pero sin recursos públicos y nadando a contracorriente. Injusto sería pedirles a jóvenes artistas que luchan por llevar con dignidad un título ante un Estado paquidérmico y lejano. Y sin embargo a veces lo logran, como cuando Contacto Directo logró ser invitado nacional del festival Hip Hop al Parque en 2010, de la mano de agrupaciones internacionales de la talla de Los Aldeanos, de Cuba, y Naughty by Nature, de Nueva Jersey EE.UU.

A pesar de la carencia de recursos económicos, Tura Hip Hop sigue trabajando y sigue siendo una incubadora constante de artistas de rap y grafiti. También Rostros Urbanos, otra organización que forma niños y jóvenes desde los elementos del hip hop para quitárselos a los grupos armados ilegales. Ante el olvido y la injusticia, el hip hop se planta digno.

* Rapera. Curadora de agrupaciones internacionales de Hip Hop al Parque


REVISTAARCADIA.COM COPYRIGHT©2019 PUBLICACIONES SEMANA S.A.
Todos las marcas registradas son propiedad de la compañía respectiva o de PUBLICACIONES SEMANA S.A. Se prohíbe la reproducción total o parcial de cualquiera de los contenidos que aquí aparezca, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular.