“En las universidades estamos criando impostores”: Carolina Sanín
Publicado: 09/09/2018
Por Emmanuel Villa Z.*

“En las universidades estamos criando impostores”: Carolina Sanín

El programa Ser Pilo Paga no va más y las universidades públicas denuncian que no tienen recursos. Hablamos con la escritora Carolina Sanín sobre la educación superior.

"El café de la memoria" en la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín es posible gracias a una alianza entre ARCADIA e Itaú.

Cuando un usuario de Twitter le preguntó a Carolina Sanín por qué se desgastaba debatiendo con personas que no sabían leer, ella respondió “Porque soy profesora”. Desde que Sanín abrió su cuenta de Twitter el pasado mayo, ella se ha convertido, también en esa red social, en una de las voces más activas en discusiones que van de las elecciones presidenciales y la consulta anticorrupción a la tala de árboles en Bogotá.

Carolina Sanín ha enseñado literatura en universidades dentro y fuera de Colombia por más de doce años. Por estos días, precisamente las universidades, y en general la educación superior, han estado en la agenda de la opinión pública: el pasado 6 de septiembre, la Ministra de Educación, María Victoria Angulo, anunció el fin del programa Ser Pilo Paga (SPP) que ha beneficiado a 40.000 estudiantes universitarios -y, sobre todo, a las universidades privadas-; esperando una solución por parte del nuevo gobierno, el Sistema Universitario Estatal ha denunciado un déficit que suma 18,5 billones de pesos que pone en riesgo el funcionamiento de las universidades públicas. A la espera de un nueva alternativa para SPP por parte del gobierno de Iván Duque, y mientras las universidades estatales diseñan estrategias para salir de la crisis, hablamos sobre la educación superior con la escritora colombiana, quien presentó su nuevo libro, Somos luces abismales, en "El café de la memoria” de ARCADIA e Itaú en la Fiesta del Libro de Medellín.

¿Cree que la desfinanciación es el mayor problema de la educación pública?

El problema más grande de la educación pública sí puede ser la desfinanciación, que tenga mucho menos dinero que la educación privada, más aún desde Ser Pilo Paga que dio fondos públicos a la universidad privada para cumplir una función pública. Este problema da origen a otros de instalaciones, de equipos, de posibilidades de viaje para los estudiantes. Pero hay otro problema que atraviesa tanto la educación pública como la privada y es la educación superior en general: la cantidad de estudiantes por clase y por profesor; cómo pensamos la relación de los estudiantes con el espacio físico de las universidades; el descuido que, a veces, tienen algunos profesores en el trato con sus estudiantes mujeres que las hace sentir discriminadas de alguna manera en el salón de clase.

En su columna en ARCADIA, usted alguna vez criticó la “tendencia escolástica” de las universidades de imponer una manera “única y estática de escribir”...

La academización de la escritura, pensar que la escritura dentro de un marco académico tiene que tener unos formatos y unas fórmulas es otro problema de la educación superior pública y privada. Esa fue una de mis grandes rebeliones durante mis años de profesora universitaria: tratar de desmontar en mis clases lo que otros profesores montaban en las suyas. A los estudiantes les dicen que un ensayo tiene que tener un párrafo introductorio, luego una conclusión y eso es el sello de la mala escritura. Pero, además, es el estímulo para impedir el pensamiento original y complejo, es atrofiar una facultad en su juventud. Y esa es la muerte del ensayo, que es el género más flexible de todos y, para mí, el más bello y más fecundo y más variado, que termina asociándose con ese tipo de composición pseudoacadémica que tiene que tener ciertas citas de cierta manera.

Le puede interesar: ‘Las Pléyades‘, un adelanto de lo nuevo de Carolina Sanín

¿Qué otra cosa funciona mal en la educación superior colombiana?

Faltan más conciencia y más compromiso con lo que se está estudiando y para eso es necesario reducir la cantidad de materias que un estudiante ve en Colombia. En Los Andes los estudiantes veían siete y ocho materias, y me parecía totalmente absurdo. Yo fui profesora en Nueva York, en una universidad pública, y los estudiantes veían cuatro materias al semestre y me parecía que era lo correcto porque, por un lado, no exige que los estudiantes sean dependientes de sus padres y eso hace estudiantes más adultos y más independientes, también porque eso les permite concentrarse más en menos materias. En Colombia hay un imperativo de hacer por hacer y creemos que porque ven ocho materias están aprendiendo más, y eso es falso. Los estudiantes fingen que están leyendo todo lo que leen para la clase; el profesor finge que cree que los estudiantes están leyendo, cuando cree que no. Se hacen las cosas bajo una lógica pro-forma: hacerlas como una formalidad y como un simulacro de clase en vez de hacer una clase de verdad en la que se investigue algo y se escriba de distintas maneras y se profundice en un tema. En la universidad estamos educando a la gente en una mentira de fingimiento, estamos criando impostores.

¿Los profesores están preparados para asumir ese compromiso?

Creo que están preparados. Si no, se deben preparar para para hacer clases mucho más intensas, con mayor profundidad, comprometidas con la producción de pensamiento original y no con la repetición de fórmulas. Que las clases de literatura no sean clases de historia de la literatura porque eso se puede aprender en Wikipedia, sino que sean clases de leer. Entonces habría que leer con atención y en detalle los textos, muy minuciosamente y con un enfoque sobre todo analítico. El estudiante de literatura tiene que ser un diseccionador de textos. Creo en el trabajo particular con el texto, con el texto como otro, con el texto como separado de su autor y de su lector.

¿En sus clases logra establecer esa relación entre el proceso minucioso de lectura del que habla con la escritura?

La verdad es que sí. Al enseñar me centro más en las escritura que en la literatura y más en la lectura que en la literatura. Me centro, justamente, en enseñar a leer y en la escritura relacionada con esa lectura. Cuando fui profesora universitaria me gustaba y me interesaba que el salón de clase fuera un espacio dramático en el que pasaban cosas, en el que había dramas: unos sufrían y otros estaban descubriendo algo, no esa cosa mortecina de la clase repetida año tras año. En casi todas las facultades de literatura hay un papel muy marginal para la creación. Hay muchos que estudian literatura porque quieren escribir, pero queda muy pequeño el papel de la escritura porque les ponen a hacer esos ensayos académicos que no son nada ni para nadie, en vez de articular más la lectura y la escritura creativa.

Le puede interesar: Feminismo, saberes y política: Carolina Sanín entrevista a Ángela María Robledo

*Estudiante de Periodismo de la Universidad de Antioquia. El cubrimiento de ‘El café de la memoria‘ es posible gracias a una alianza entre ARCADIA y la Universidad.


REVISTAARCADIA.COM COPYRIGHT©2018 PUBLICACIONES SEMANA S.A.
Todos las marcas registradas son propiedad de la compañía respectiva o de PUBLICACIONES SEMANA S.A. Se prohíbe la reproducción total o parcial de cualquiera de los contenidos que aquí aparezca, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular.