“Me disculpan que les haya dañado la fiesta”: Helí Ramírez
Publicado: 10/09/2018
Por Miguel Rojas*

“Me disculpan que les haya dañado la fiesta”: Helí Ramírez

Helí Ramírez, Víctor Gaviria, Fredy Serna, John Muñoz y Natalia Castaño hablaron sobre la idea del barrio en el arte de los márgenes de Medellín. Su conversatorio clausuró la jornada del sábado en “El café de la memoria” de ARCADIA e Itaú en la Fiesta del Libro y la Cultura.

"El café de la memoria" en la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín es posible gracias a una alianza entre ARCADIA e Itaú.

Acaso por la hora, por el hambre que guiaba a los transeúntes o por los nombres de los presentes, el conversatorio “Helí Ramírez y los poetas del éxodo, una memoria desde la barriada” fue el evento con mayor audiencia en todo el día en “El café de la memoria”, un espacio de ARCADIA e Itaú en la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín. Los conjurados: Helí Ramírez, Víctor Gaviria, Fredy Serna, John Muñoz y Natalia Castaño.

Muñoz, moderador del conversatorio, comenzó cediendo la palabra a Castaño para comentar, desde su experiencia como arquitecta y urbanista, su percepción de los barrios noroccidentales de Medellín, que ni siquiera eran vistos como barrios, sino “núcleos piratas” pero fueron rescatados por la visibilidad que, según Castaño, les dio el arte: los resaltó, destacó y logró salvar de su exclusión oficial, los incluyó en el paisaje de ciudad. Luego, Fredy Serna narró su experiencia en la tienda de su padre en el barrio Pedregal, que llegó a su vida a los 7 años y se configura como una obra que califica de muy personal y constante. Se entrelazaron a partir de la tienda historias con Rodrigo D. No Futuro, la película de Víctor Gaviria, quien habló acerca de su proceso de rodaje y creación. Todo a raíz de un personaje que les dio tanto a Serna como a Gaviria el empujón para iniciar sus proyectos: Helí Ramírez.

La poesía barrial de Helí, “un poeta del éxodo”, como se le ha denominado, surge del lenguaje de esos jóvenes que buscaban en la ciudad lo que el campo lejano de sus padres les era esquivo, que narraban un Medellín desde la parte alta abajo. En el conversatorio, Serna contó sobre ese encuentro con un poeta de su mismo barrio, que había escrito lo que él quería pintar, y Gaviria narró cómo esto le cambió la visión de Medellín y lo acercó con el lenguaje que se ha encargado de filmar.

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El olor del café y del pan, el leve respirar de la carpa, el ocasional crujir de una lata de cerveza, los gritos de grupos en el Parque de los Deseos y el murmullo de la gente, acompañaron el conversatorio, y su punto de convergencia: Helí Ramírez. Durante el conversatorio, Ramírez buscaba quizás ser invisible: no se reía con las anécdotas de Serna o Gaviria, ni siquiera de aquellas en que fue partícipe. Anotaba periódicamente en una serie de papelitos que guardaba en el bolsillo de su chaqueta, miraba el reloj ocasionalmente, dirigía su mirada al cielo y se rascaba la barba. En momentos lucía ofuscado por la intensidad de los bombillos pero, ante todo, parecía hostigado por la presencia de tantas personas.

Luego, el Helí retraído, ensimismado, tomó el micrófono que John le facilitó, se inclinó y sus ojos verdes brillaron con la intensidad del joven que por esos mismos ojos nos hizo descubrir el barrio, y con sus palabras, sin ausencia ni exceso, se cerró la velada.

Intervención de Helí Ramírez en "El café de la memoria"

“Buenas noches. Primero que todo estoy en una ambivalencia desde que hablé con John esta semana en si venir acá o no venir. Porque yo me muevo en dos discursos. En el primer discurso nací y crecí por ahí hasta los 12, 13 años. Era un discurso que me planteaba el sufrimiento, la miseria y la pobreza como unas virtudes que debíamos acoger los seres humanos, porque cuando íbamos a morir un Dios nos iba a premiar con el cielo. A partir de la adolescencia me voy metiendo en otro discurso que me plantea que la miseria, la pobreza son unas grandes virtudes y un orgullo, y que aspirar a salir de la miseria, salir de la pobreza es una actitud arribista, son rezagos pequeño burgueses.

Entonces ahí inició mi planteamiento, los dos discursos en los cuales me he movido. Cuando yo tenía 18, 20 años no pensé que iba a llegar a los 25 años porque ya existía Rodrigo D. No Futuro, y llegué a los 25 años, llegué a los 30 y cuando llegué a los 40 me decía: no quiero ser viejo, y ya soy viejo. Por lo tanto, en este momento, si de algo tienen valor mis palabras, si de algo tiene valor lo poco que he escrito, es para los jóvenes. Porque los viejos repiten la misma historia y voy a poner un ejemplo: mi generación en los 60 y los 70 nos planteábamos un discurso nuevo; el marxismo, Jean Paul Sartre, Albert Camus toda esa corriente de pensamiento nuevo europeo y norteamericano que nos fue llegando acá.

A nivel de las costumbres van apareciendo unos cambios bruscos, pero que los jóvenes de entonces ya con unas semillas en el espíritu, en el alma, en el corazón buscando un nuevo pensamiento, buscando desarrollar una nueva sensibilidad, nos vimos abocados a una moda que los pelaos de hoy en día tal vez no han oído hablar porque sucede que la historia nos la ocultan. La historia nos la mocharon, tanto que hay un expresidente que en su periodo de gobierno abolió la historia en la enseñanza primaria y secundaria. Eso tenía una estrategia, una estrategia que hoy la vemos en los jóvenes, adolescentes de 13, 14, 15, jóvenes de 20, aún de 30, 35 años que desconocemos por ejemplo que hubo un movimiento Yé-Yé, Go-Gó, un movimiento hippie que nos trajeron.

En esa época empezaban a radicalizarse pensamientos. Siempre hemos vivido en dos pensamientos de radicalidad: el de los viejos, que quieren conservar las buenas costumbres, los buenos modos, las buenas expresiones, y el de los jóvenes, que siempre, siempre, y así tenga 60 o 70 años me considero joven todavía, tenemos algo distinto, algo nuevo. Pensamiento distinto, sensibilidad diferente para entendernos y a partir de ahí tratar de transformar esta sociedad que cada día mediante unos sofismas, unas estrategias que rondan a 10, 15, 20 años nos van truncando la visión de un nuevo hombre como lo planteaban pensadores de los 60 y del 70. Y que hoy hayan traído los muros que hayan traído, se hayan cometido los errores que se hayan cometido siguen siendo válidos ciertos principios ideológicos, políticos y sociales.

A mí me da pena estar aquí escuchando hablar de literatura, de arte, mientras aquí a ocho, diez  cuadras hay familias que se acostaron sin comer. Porque la ciudad, sí, ha evolucionado mucho; muchos edificios, muchas avenidas. Maquillan un barrio creándole dizque un pasaje peatonal, un bulevar, inclusive no se dice pasaje sino bulevar porque hasta el lenguaje nos lo quieren imponer. Lo primero que hace un invasor es destruirle el lenguaje expresado oralmente, expresado en la escritura, expresado en la estética. Eso es lo que hacen las potencias dominadoras siempre a través de la historia.

(Yo estoy de acuerdo con el amigo ahora que cuestionaba el trabajo estético de Víctor, y aun de Fredy y de la compañera, pero es que el artista no está para canalizar, el artista está para explorar sensibilidades, pensamientos, visiones, no para canalizar. Dentro de esa visión me considero que estoy ejecutando mi trabajo, si este en algo aporta al desarrollo de una nueva sensibilidad y de un nuevo pensamiento.)

Yo no quería venir acá, a pesar de que me había comprometido con el profesor John, pero la compañera me impulsó a las seis y media para que me viniera a responder frente a un discurso, frente a un trabajo que he venido tratando de hacer; porque considero que soy todavía un aprendiz. Un aprendiz de la literatura, un aprendiz del arte, un aprendiz de la sensibilidad, un aprendiz en la cultura en general. Yo estaba dejándome llevar por un principio que manejaba la abuela de mi compañera, una señora que habiendo nacido, habiendo crecido y habiendo fallecido en un medio totalmente inculto, de analfabetas, alguna vez en una casa, en un balcón de estudios, descubrió una cantidad de libros y toda su vida fue una lectora. Y esa señora le decía a mi compañera desde jovencita: “de hablar me he arrepentido toda la vida, de callar nunca me he arrepentido”. Pero cómo Helí Ramírez por esa fiebre de la juventud que es tan narcisista, que quiere aparecer en todo creyó que unos cuadernos que tenía por ahí escritos, dizque era poesía, se los muestra a Elkin Restrepo y resulta que sí, dizque era poesía, y frente a ese compromiso yo pensaba me quedo callado, voy donde la gente que va a ir a escuchar este conversatorio, o los dejo ahí, y decidí a última hora en venir.

¿Por qué creo en la juventud? Y más en una juventud popular que veo por aquí muchos exponentes de ella ¿Por qué creo en una lucha por un subsistencia digna? Porque veo gente de mi barrio que con hambre, hasta sin pasajes bajan a la universidad, se graduaron, lograron superar un poco y mejorar su calidad de vida, sus condiciones de vida. Y esto que acabo de decir es para reconocer una cantidad de jóvenes populares y de clase media que ni son de arriba que ni son de abajo pero son necesarios ahí en la mitad, por cuestiones económicas de desarrollo social, frente a todos los obstáculos, luchan, perseveran. Y vuelvo y repito, qué pena que Helí Ramírez hablando acá y niños a equis número de kilómetros mañana amanecen muertos, porque están desnutridos, no tienen comida, igual sucede con los ancianos, igual sucede con una cantidad de jóvenes que terminan su bachillerato, aun terminan su pregrado, aun terminan su maestría y no encuentran empleo. Y aquí con el discurso de que estamos muy bien, que esta ciudad  y el país es una maravilla, yo no estoy de acuerdo con eso, me disculpan que les haya dañado la fiesta, porque desde la antigüedad, desde los griegos, la poesía, la literatura es una fiesta; coma, beba, hagan el amor, vayan a los baños, vuelva coma, lean, hagan el amor, lean a Píndaro, Arquíloco de Paros. Y aquí si de pronto van a comer o beber algo pueden comprar. De todas maneras me disculpan que les haya dañado la fiesta. Muchas gracias a Fredy, Natalia, a Víctor, a John y a todos ustedes. No tengo más nada que decir”.

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*Estudiante de Periodismo de la Universidad de Antioquia. El cubrimiento de ‘El café de la memoria‘ es posible gracias a una alianza entre ARCADIA y la Universidad.


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