Los mejores libros infantiles y juveniles de 2018
Publicado: 27/11/2018
Por Paola Roa*

Los mejores libros infantiles y juveniles de 2018

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En Colombia, la literatura infantil y juvenil crece cada año con libros que van marcando pautas para los demás países de la región, sugiriendo rumbos narrativos y gráficos que enriquecen las posibilidades de lectura de niños y jóvenes. Este año, pasaron cosas importantes para el género, como el Homenaje al Mérito Editorial de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara entregado a María Osorio, editora de Babel Libros, quizás el reconocimiento más importante que se hace a los editores de América Latina. Por otro lado, la Cámara Colombiana del Libro y la Asociación Colombiana de Literatura Infantil y Juvenil, ACLIJ, divulgaron el catálogo de derechos de libros infantiles y juveniles publicados en Colombia entre 2015 y 2018. Este se suma al catálogo de autores que Fundalectura publicó el año pasado, y que da cuenta de la diversidad. Los libros aquí reseñados son una pequeña muestra de esa riqueza.

Montañero

Edson Velandia (texto) y Luciano Awa (Ilustraciones)

Editorial Cinechichera

Este es un libro de canciones escritas por el poeta-ninja de Piedecuesta, Santander, Edson Velandia, e ilustradas por su compañero de montaña, Luciano Awa. Ambos trazan un surco, una trocha, para que, libre, silvestre, impertinente y preguntona, corra la imaginación y se adentre feliz en la búsqueda de sentidos invertidos; de juegos de palabras, de imágenes que desafían las proporciones de lo conocido. Pero, además, en estas canciones anida un secreto de montañero, que de forma sutil recorre el libro. Es posible que algo de ese secreto tenga que ver con la altivez, con la beligerancia del canto y con la certeza de que crecer supone aprender que el mundo se ve siempre desde un número infinito de posiciones. Este aprendizaje se hace andando mucho, viendo mucho, escuchando mucho. Justamente, este libro es un paisaje inmenso, un universo que cabe en las botas de caucho del montañero que vemos en la portada. Velandia suma una pieza imprescindible al repertorio poético y musical de la literatura para niños, una que permite pensar esas otras lógicas que componen la vida y garantizan la resistencia.

La gata sola

Carolina Sanín (texto) y Santiago Guevara (ilustraciones)

Loqueleo

Como en los cuentos de hadas o los mitos, encontramos en las fábulas señales sobre el sentido de nuestras pulsiones individuales y colectivas más profundas. Nos da el fabular la distancia necesaria para elaborar cuestiones morales que de otra manera solo serían fórmulas burdas. En este caso, La gata sola puede ser leída como una fábula contemporánea que no pierde de vista eso que dice Vila-Matas: “Al fabulador le es dado conocer la historia, pero no la moraleja”. Allí no hay moraleja, no se presume de ninguna verdad moral. El libro cuenta la historia de una gata que llega a un pueblo en que “no se había visto un animal de su especie”,  así que el relato nos va diciendo qué especie es este, mientras el animal va descubriendo quién es. De sombra solitaria pasa a ser cazadora intrépida, reina feroz, buscadora. Animal libre. Mientras tanto, un pueblo descubre el miedo. Preocupados por lo que imaginan, y por la posibilidad de que lo que imaginan ocurra, no logran buscar, y al parecer tampoco consiguen descifrar qué especie de pueblo son. En La gata sola los lectores participan del dilema, son interpelados en su extrañeza y convocados a la oscuridad de la cueva.

Bárbara bajo la lluvia

Nilma Lacerda

Ediciones SM

Aprehender el mundo no es sencillo, así que la protagonista de esta novela, Bárbara, no se empeña en aprehenderlo, sino en recordarlo. Mientras emprende la tarea ardua de la escritura y de acomodarse a la escuela, se detiene en la memoria que conserva de la lluvia, de las flores, de los animales y del campo que sus padres trabajan. A la dificultad de las letras se opone el descubrimiento vital de la casa, de las formas en que su familia y la gente del pueblo viven. A Bárbara no le gusta la escuela, no quiere volver, pero mientras lidia con la tristeza y el miedo a confrontar ese no querer, le van llegando motivos. Del mismo lugar del que proviene la lluvia, nacen las historias que le permiten a ella y a su profesor aprender otras maneras de escribir. En esta pequeña novela, Nilma Lacerda vuelve a explorar la vida de niños que luchan por no ser excluidos de lo escrito; por conseguir un espacio en el tejido de sentido que, a través de la palabra escrita, se ensancha y le permite al mundo ser un texto interminable.

El pollo chiras

Víctor Eduardo Caro (texto) y Rafael Yockteng (ilustraciones)

Cataplum Libros

Una editorial es la propuesta de un diálogo entre autores, textos y lectores. No obstante, los niños y jóvenes suelen ser simples espectadores de monólogos editoriales en que solo se satisfacen las demandas del mundo adulto. Por fortuna, siempre hay excepciones, y una de ellas es Cataplum Libros, que desde hace un par de años ha abierto una conversación entre libros y lectores jóvenes sobre la poesía, el humor y la tradición. El pollo chiras es, precisamente, el último de los convidados. En formato de libro álbum, está compuesto por un poema en verso, escrito en la década de los treinta, y una serie de bellas ilustraciones que le suman a lo que “dijo el pollo chiras cuando lo iban a matar” la expresividad de una familia de animales que acompaña la exhortación suicida del pollo. Es un libro hermoso, en el que la ternura de las imágenes se mezcla con la hilaridad del poema y su situación espeluznante. Con seguridad, esta obra será leída una y otra vez por sus nuevos lectores, como fue recitada una y otra vez por los niños de otras siete generaciones.

Los caminos del juglar

Beatriz Peña (compiladora) y Daniel Rabanal (ilustrador)

Editorial Babel Libros

Muchos son los caminos del sentir popular. Los romances españoles, transmitidos oralmente y preservados en la memoria colectiva de la Edad Media, contienen mucho del sentido de la vida cortesana, de los campos y de los amores de poetas que, a través de sus viajes y sus versos, inventaron una forma de amar y de trovar, que nos llega hoy gracias a Los caminos del juglar, una obra que confirma la capacidad inagotable de sentido de los clásicos. Es una antología de romances españoles y, a la vez, un viaje ilustrado: el de un joven juglar que, a caballo y por la ancha tierra de Castilla, entona los romances de la doncella guerrera, de la loba parda, del prisionero, del enamorado y de la muerte. Al estilo de una novela gráfica, el viaje, que está lleno de detalles y expresividad, dota de una semántica especial la lectura de los romances seleccionados por Beatriz Peña. Esta conjunción entre la ilustración y las palabras es un regalo para los jóvenes lectores que quizá nunca habían tenido ocasión de enfrentarse a estas invaluables joyas de la poesía popular.

*Profesora e investigadora. Curadora de esta sección de reseñas

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