Antología de poetas contemporáneos de las islas británicas
Publicado: 03/01/2019
Por Felipe Botero

Antología de poetas contemporáneos de las islas británicas

Después de una visita al Reino Unido, el filósofo Felipe Botero, encargado de la sección ARCADIA Traduce, comparte esta selección de poetas británicos contemporáneos que conoció durante una lectura en Birmingham: Amara Amaryah, Anthony Anaxagorou, Harry Josephine Giles, Joelle Taylor y Ollie O’Oneill.

Mi mayor logro de 2018 fue publicar una antología en inglés de la obra poética de Giovanni Quessep, el poeta colombiano que más me ha llegado al alma en mi corta existencia. Esta publicación fue hecha en Inglaterra, donde por un hermoso azar del destino tuve la suerte de toparme con una fantástica editorial alternativa llamada Out-Spoken Press. Cuando me puse en contacto con su editor por primera vez a comienzos de este año no sabía nada de ella, de igual manera que sabía que ellos no sabían nada de la poesía de Quessep. Por eso era consciente de que escribirles era, como en el caso de las otras muchas editoriales a las que les envié una muestra de los poemas de Quessep en ese entonces, un tiro al cielo a la espera de que un ángel, una nube o cualquier cosa parecida a una ayuda me cayera en el regazo. Pero me respondieron y lo que surgió a partir de ese encuentro fue más especial y más enriquecedor que cualquier ángel, nube o simple ayuda hubiera podido ser.

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Casi diez meses después de ese correo inicial, me encontré bajándome de un tren en Birmingham, siguiendo en la fría noche invernal de Inglaterra los pasos de tres personas que acababa de conocer en la estación de Londres de la que habíamos partido: Anthony Anaxagorou, el poeta inglés de padres chipriotas que cinco años atrás había fundado la editorial y a quien, después de meses de haber conversado por email, veía por primera vez, asombrado por lo joven que era; Joelle Taylor, una mujer fuerte y robusta, cuya imponente presencia y cuyo vozarrón disimulaba una inmensa ternura y un corazón tan grande como para haber salido de una infancia de pobreza y de violencia sexual con el alma suficiente para enamorarse de la poesía y trabajar desde joven para ofrendársela a quienes, como ella, venían de entornos difíciles, vivencias traumáticas, y desconocían los universos que se abren al entrar en contacto con la literatura; y Ollie O’Oneill, tímida, la más joven de todos, la protegida de Anthony y Joelle, de quien me vine a enterar después que apenas va a publicar su primer libro de poesía en marzo del próximo año, aunque los suyos fueron los poemas que más me conmovieron.

Íbamos de camino a leer nuestros poemas en un pequeño centro cultural al que acudieron más de cincuenta personas esa noche. Además de los tres que ya he mencionado, iban a participar también con nosotros Harry Josephine Giles, un poeta escocés y una de las personas más bonitas y políticamente comprometidas que he conocido, y dos poetas locales de Birmingham: Amara Amaryah y Kamil Mahmood.

“Nuestros poemas” es un decir, pues yo en realidad iba a leer los poemas de Quessep que había traducido junto con Ranald, mi colega inglés, de quien ya he hablado en este espacio. Todos los demás iban a leer y recitar poemas propios, escritos por ellos, originales, inéditos, asombrosos. Eso es lo que quiero compartir con ustedes ahora, pues esa noche de poesía fue de las mejores cosas que me deparó el 2018. Una noche inesperadamente hermosa, importante y conmovedora para descubrir mi lugar en el mundo y la suerte que tuve de encontrarme con estos poetas contemporáneos de las islas británicas.

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Tres poemas de Amara Amaryah leídos en un suspiro

Amara fue la primera en leer sus poemas esa noche. También fue la primera en acercarse a mí a saludarme y a decirme lo mucho que le habían gustado los poemas de Quessep que habíamos leído. Es joven, muy joven, tanto que me costaba creer que una mujer tan joven pudiera escribir poemas tan hermosos y tan profundos. Leyó sus tres poemas de tacada, sin detenerse para indicar cuándo terminaba uno y cuándo empezaba otro, en un suspiro. Así los reproduciré acá.

Antes y después he crecido para convertirme en quien nunca pretendí ser

Me detengo

Y prosigo mi camino
Un camino que se muestra largo y desabrido en un principio
Un camino que he tomado sin querer en un principio
Pero un camino que se revela vital al final de todo
Acá estoy
La hija de alguien
La amante de alguien
La alegría de alguien
El lugar favorito de alguien
La razón por la que alguien se ama a sí mismo
Exactamente como quise enseñarle
A que se amara
Me detengo y soy
De alguien
La última oportunidad de acercarme entre caricias
A un sueño que alguien olvidó haberme contado
He olvidado mi antigua yo
En ti

Todos debemos encontrar un hogar en nosotros mismos
Encontrar la mejor manera de sentarnos y velar por nuestro ser al abrigo de la dirección del viento
Debemos encontrar la mejor manera de hablar y hacernos escuchar por encima de los ruidos de afuera
Que siembran angustias en nosotros
Las mejores palabras para reemplazar las palabras que ya no recordamos
Apenas aún
Debemos encontrar la mejor manera de valorar a nuestros mayores
Aun cuando no veamos razones para aplaudirlos
Aun cuando no veamos cómo pueden aguantar ser silenciados y estar bien con ello
Aun cuando no podamos ver
No podamos ver quiénes eran, qué hicieron
Debemos encontrar la mejor manera de pelear con nosotros mismos en público sin que nada de eso se revele en la expresión que le mostramos al mundo

Debemos hacer todo eso y de todos modos buscar el modo de parecer profundamente a salvo de todo
Solos en el mundo
Debemos prevalecer
Y ahora saber
las cosas que debemos hacer para sobrevivir
A veces

- las cosas que debemos hacer para sobrevivir.

y si ejerzo mi feminidad diferente
hoy,
¿seré perdonada?

y si rechazo la manera de ser de mi madre
y la de tu madre
y de inhalar profundo el aire al sentir dolor
y de sentir los sueños de la infancia abandonarme,
¿acaso te alejarás de mí,
súbitamente
como el calor del sol se desvanece de la piel
al ocultarse éste tras de una nube?

¿seré bienvenida
en
ti

- al ser de maneras que nuestras madres nunca pudieron ser?

Amara Amaryah es, en sus propias palabras, “una escritora, viajera y cuentacuentos. Más específicamente, una poeta, una teatrera y una narradora visual. Como escritora, su obra se inspira profundamente en formas de feminidad, de Lo Más Alto, del amor, de la afirmación positiva de su ser negro y del auto-cuidado. Actualmente reside en Birmingham, Inglaterra, y se puede conocer más de su obra en amaraamaryah.com y en Instagram (bajo el nombre amara.amaryah).”

Canciones que me enseñó mi enemigo”, de Joelle Taylor

“Canciones que me enseñó mi enemigo” es el título del poema que le da nombre al más reciente libro que Joelle publicó, con Out-Spoken Press, en 2017. Es quizás su poema más íntimo y más personal, pues a través de sus “cantos” –como ella denomina la estructura del poema, en alusión al infierno de Dante, que no es nada al lado del infierno que ella tuvo que atravesar para escribir este poema– por primera vez en su obra poética ella está abordando el suceso traumático que vivió cuando era niña: cuando tenía cinco años tres soldados del ejército inglés la violaron en una posada en la que el gobierno la hospedó a ella y a su familia cuando los desalojaron de su hogar por deudas económicas.

Aparte de las obvias secuelas psicológicas, Joelle ha tenido que lidiar a lo largo de su vida con varias enfermedades intestinales y con el dolor de saberse estéril a causa de este atentado a su cuerpo y su alma. Evidentemente, esto lo escribo con permiso de Joelle, quien escribió este libro justamente para encarar ese trauma de su niñez con su poesía y para acompañar y alentar en la medida de lo posible a personas que, como ella, han sido víctimas de violencia sexual en su infancia. Tanto en Birmingham como en York leyó este poema con valentía, sin pudor, sin pena, irradiando la fortaleza anímica, física y espiritual que la caracteriza. Mi eterna admiración por esta mujer.

(i)
Silencio es una canción que me enseñó mi enemigo.

(ii)
La cama está fría y mis dientes son edificios abandonados y en algún lugar hay un olor a algo quemándose

un libro. una bandera. una carta.

En mi cuarto, en la cima de un hotel al borde del mar, hay una sola cama de sábanas blancas. No se me ocurre qué puedo escribir en ellas.

La cama es una fotografía revelándose lentamente:

Acá estamos nosotros sentados alrededor de la mesa del comedor
sonreímos como pedazos de carne cortada a cuchillazos;
nadie se da cuenta que la hija se está devorando a sí misma.

Acá estás tú, caminando a casa de regreso del colegio,
tu sombra arrastrando sus pies atrás tuyo como avergonzada
hasta los árboles susurran a tu paso
has deshonrado al viento

Acá está él. Y él. Y él.
Un retrato familiar. Muy exitoso. Sus uniformes planchados y sus sonrisas desdoblándose como camisas bien guardadas
agarrando a los niños tan pronto salen de la pasarela abierta a los vientres de sus madres
e izándolos para ser bendecidos por la cruda luz del bombillo.
Está todo bien. Son sólo niños.

Acá están las escaleras
y acá el largo corredor que temes caminar sola
tal vez es tu –

(iii)
Mi vientre es un campo de batalla después de que todo ha sido saqueado.
Después de que los soldados se han marchado
escupiendo en las palmas de sus manos
después de que los cajones hayan sido vaciados y no queda nada para vender
y la nada se acumula en grandes pilas al borde de la acera
después de que las calles tropiecen de tantos hambrientos fantasmas que corren en ellas
después de que la piel de las mujeres haya sido colgada de la cuerda para secar la ropa
después de que los niños escriban sus nombres en el polvo que alguna vez fue de sus padres

Llevo conmigo la guerra en mi vientre.
Tal vez esto es lo que sucedió:
alguien dijo que mi himen era una puerta tras de la cual se ocultaban rebeldes confabulando
y entonces tumbaron la puerta a patadas
circularon el cuarto y llenaron sus bolsillos con lo que había de valor en él
el anillo de compromiso de mi madre. mi primer diente. un mechón de pelo azul brillante. tu dirección. esto.
Querían saber dónde me había escondido yo.
Yo misma quería saber dónde me había escondido yo.
Soy la esquina de ese cuarto
Soy una escena de crimen
un territorio invadido
un país rico de petróleo
que será distribuido equitativamente entre naciones.

(iv)
Edad: doce años. Hay pequeños cuerpos que han desembocado a la playa de mis ojos.
Cuando toman mi foto, es el rostro de otra niña el que aparece en lugar del mío.

(v)
Hay hombres sentados silenciosamente en los escritorios municipales del cuello de mi útero.
‘Usted no se parece a su foto,’ dicen. ‘Por favor informe cuál es el propósito de su visita’
‘¿Usted misma empacó estas maletas?’
Mis caderas son bolsas de arena de guerra.
Mi cuerpo es una colina demarcada con alambre.
Muchos morirán defendiéndola,
otros se ahogarán en los sedimentos de las paredes de sus trincheras, que están siempre derrumbándose.
Mi coño es un cráter alrededor del cual se juntan los pobladores y se asoman a su abismo. A veces hay humo que emana de allá adentro. Son mis fantasmas. Son mensajes cifrados en un lenguaje perdido. Captúralos en jarras. Exhíbelos en las repisas decorativas del comedor. Desgárralos en memes. Estámpalos en camisetas. Las mujeres son hashtags crucificadas en la cima de oscuras colinas.

(vi)
Cuando quedas preñada por la guerra das luz a balas. Nómbralas. Haz que se familiaricen con su aroma.

La palma de mi mano derecha es un mapa arrugado que me guía a un lugar seguro. Me detienen en la frontera. No puedo recordar mi nombre en tu idioma.

Mi piel es una bandera blanca.

Ahora te saludo con la mano. Estoy izando mi piel por encima de mi cabeza.

Dejen de disparar. Dejen de disparar. Dejen de disparar. La guerra es un beso que no ha estallado, enterrado. El campo de batalla es un cuarto en el que dos personas se hacen en trincheras opuestas, tras bolsas de arena, para decirse Te Amo mal. Así no es como se dice. Así es como se dice.

Mi piel está descuartizada.

Este lote es tuyo.
Partes de mi cuerpo hablan distintos idiomas;
después de la guerra fui colonizada.
Usaron mi sangre como gasolina para sus plantas eléctricas
cavaron en mí profundo en búsqueda de gemas
cosecharon mi pelo y mis pestañas, estos
pequeños pedazos de palabras gotean de mi barbilla.
Y tú:
yo a ti te quiero dar mi vientre.
Aliméntalo bien. Sácalo a pasear cuando sea necesario.
Escucha en la noche su canción que arrulla.

(vii)
La niña cuyos ojos son tumbas vacías bajo jardines suburbanos va al colegio y las filas de pupitres de pesadas tapas son como sonrisas moribundas. Cuando el mundo terminó nadie se dio cuenta. El sol se ha devorado a sí mismo. Esqueletos de pájaros murmullan huesos de canciones.  

Su padre y su madre cuentan chistes acerca de ella
todo el mundo se ríe
la niña cuyos ojos son como guaridas de metralletas se ríe
el profesor se ríe
los niños que se arremolinan como basura alrededor de la escalera se ríen
la trabajadora social se ríe
el policía se ríe
el doctor se ríe
el psiquiatra sonríe a escondidas
el mundo termina.

(viii)
Recuerdo el silencio como un coro.
Ahí estás tú en la cocina, un vibrato.
Tú atrás del salón, un soprano.
Tú caminando por calles vacías de regreso a casa, un tenor:
tus solos de silencio están por todas partes.

Aylesbury – ellos buscan a muchachas de entornos difíciles

Eso no es lo que quería decir.
Una vez fui testigo de mi propio asesinato. Fue un miércoles. Siempre es miércoles.

Después de mi muerte la gente siguió hablándome como si yo todavía estuviera ahí.
Después de mi muerte la gente intentó agarrarme pero sus manos atravesaban mi piel.
Después de mi muerte volví para acecharme, vislumbrando con frecuencia
atisbos de mi fantasma sentado en la misma silla que yo, hablando
a través de mi boca, delante de mí
en la fila para la comida
el brillante mechón azul bailando justo fuera de mi alcance en la multitud, un
tobillo a punto de desaparecer por la esquina.

(ix)
Cuando a la guerra le salieron los dientes, los frotó suavemente contra el pavimento, contra los árboles, contra el papel tapiz, contra los amantes. Se negaba a soltar mi mano en público. La perdí de vista una vez en un parque, a la guerra, y sus gritos eran sirenas y los aullidos que dejan las bombas a su paso. Golpeo a la gente que amo. Mi bombardeo es impreciso. Eso es bastante común. Es de esperarse.

(x)
en el hospital ella yace en la cama – siempre está echada en la cama – le hacen preguntas y ella intenta concentrarse para deletrear sus respuestas; le atemoriza equivocarse. No puede sino equivocarse.

La verdad es siempre la respuesta equivocada.

(xi)
Le muestran a los niños que sí desean la muerte. Son bastante amigables. Uno le ofrece comida que ella sabe que la devorara.

Le muestran la foto de una sobredosis horrorosa.
Le muestran los obituarios grabados en la punta de pequeñas uñas.
En sus bolsillos el hombre con la boca de cortadura de papel carga una caja
que también es pequeña. También es de terciopelo.
Al interior de la caja, montada en el medio, hay una gran lágrima, recogida gota a gota de todos los niños que están bajo su cuidado. Las lágrimas son bolas de cristal.
‘Si la miras de cerca, podrás ver tu futuro en ella,’ dice
Ella se inclina hacia la lágrima.
No ve nada.

(xii)
Cuando la charla empieza los pobladores corren a esconderse en las trampas de sus sótanos o al abrigo de los árboles al otro lado de la colina. La niña de los ojos como huecos de bombas los observa huir y deja de hablar. En vez se pone a hablarle a un pedazo de papel en su mano. La gente hace fila para ver qué hay en él. Hay tantos asomándose por encima de su hombro que le toca pararse en la colina y leérselo a todo el mundo. Aplauden. Se ven satisfechos. Ella olvida lo que estaba diciendo.

(xiii)
De Navidad, le brindo a mi madre una verdad incómoda.
Se la pone cuando voy a visitarla.

(xiv)
En el núcleo de toda mujer hay un vientre.

mi reluciente mi furioso mi perla mi nivel de resistencia y mentiras y valentía y llamadas sin contestar al celular mis felices remordimientos se acarician lado a lado durante siglos.

Vienen a extraerlos;
es una mañana de verano.
Cuando despierta está rodeada de extraños
náufragos en islas llenas de camas blancas y largas -  
archipiélagos esparcidos alrededor del pabellón –
ella saluda
pero toda mujer perdida saluda a otra persona
que está saludando a otra persona;
naves perdidas que pasan sin verse.

(xv)
Luego me visten de fiesta y se componen canciones para mantenerme de buen ánimo. Luego me dan raciones de libros, de besos, tres cogidas de manos al mes. Una noche seca. Nunca hay suficiente para los demás.

Adultos en las esquinas de las calles retroceden y se quedan mirando asombrados los huecos de las telarañas que recubren sus rostros, ignorando que son sonrisas.

(xvi)
Después de la guerra hubo cantos. Después de la guerra hubo ceremonias conmemoratorias. Conmemoramos a los vivos y finalmente grabamos nuestros nombres en las lápidas de nuestros dientes. Después de la guerra salimos a buscarnos y guiarnos los unos a los otros de camino a casa. Encendemos fuegos en nuestras ventanas y golpeamos en código morse las ruinas apiladas. Algunas de las ruinas responden a nuestro llamado.

Algunas ruinas crecieron manos y jalamos de ellas hasta que desterramos un bosque de mujeres, sacudiendo sus cabezas de tierra, de vergüenza y sacudiéndose el silencio de los hombros. Gracias, dicen. Gracias.

Hemos estado esperando.

Joelle Taylor es una poeta, dramaturga y ensayista, fundadora de los campeonatos de poesía juveniles nacionales. Fue parte del colectivo polifónico de poesía Atomic Lip en los años noventa y hoy en día es la anfitriona de las veladas de poesía y música organizadas por Out-Spoken Press en Londres. En 2017 dio clases de maestría por todo el Reino Unido, financiada por el Arts Council, a mujeres de comunidades marginadas – cárceles y zonas de conflicto – para ayudarles a expresar sus vidas a través de cuentos y poesía. Su obra ha sido traducida e incluida en antologías de poesía en portugués, polaco, estonio, finlandés, vasco, árabe y ndebele. Acá pueden encontrar más información sobre ella y su obra: http://joelletaylor.co.uk/

Dos poemas de Ollie O’Neill

Como mencioné en la introducción, Ollie era la poeta más joven y más tímida que nos acompañó esa noche en Birmingham. Conoció a Joelle cuando estaba en el colegio, a los diecisiete años, y alentada por ella empezó a escribir poesía y más adelantó ganó la edición del 2013 de los concursos juveniles de poesía organizados por Joelle.

Cuando llegó su turno, se acercó lenta y silenciosamente al escenario pero una vez llegó allí, asumió su lugar, su historia personal y su obra con una fortaleza interna, una confianza en sí misma y una vulnerabilidad tan sincera, que me conmovió profundamente y su voz realmente me llegó al alma. Hubiera querido traducir muchos más de los poemas suyos que oí esa noche pero estos fueron los que ella me quiso “prestar” para esta edición de Arcadia Traduce. Como los demás, son extraordinariamente hermosos y de algún modo inefablemente pertinentes para nuestra época, para la liberación de la mujer de las estructuras patriarcales tradicionales que afortunadamente vivimos en nuestros días, para la apertura de un tiempo histórico en el que se intenta no reprimir la feminidad sino aceptarla y celebrarla plenamente. Y también, para el largamente anhelado reconocimiento de las pequeñas violencias que han configurado nuestra historia, como (decía Ollie esa noche) ese sentimiento de culpa que se infunde a las mujeres desde pequeñas respecto a sus deseos, enseñándoles que su cuerpo es un receptáculo y no un agente, que ellas están hechas para dar, no para recibir…

en algún momento entre tomar y entregarte, te acurrucaste a tu interior y empezaste a arrepentirte. Dime: ¿hay algo más erótico que el perdón? Hay algo inherentemente digno de disculpa en el deseo. Vi cómo te tragabas el cielo entero hasta que fue sólo un sentimiento, sentido dolorosamente en el estómago, rozando tu inquebrantable piel, estrechando mi nombre hasta volverlo un himno. Si tomara tu mano y la pusiera en un muslo húmedo, luego en una mejilla reluciente y pegajosa, ¿sabrías la diferencia? Hay un hambre aquí que no sabemos cómo saciar. Le hemos ofrendado en abundancia pero su vientre es demasiado grande para ser cualquier cosa excepto estéril. Qué desolación.

Intento todo el tiempo mantenerme en ese limbo entre delicada y vulnerable pero cada vez que pestañeo lacero mis párpados. Sueño con ser casi. Con ser suficiente. Acaudalar mi lengua con tu nombre es ya pedir demasiado. Siento culpa que cualquier hombre haya intentado complacerme alguna vez (mil caballos bebiendo agua donde solía haber un río.)

Pregúntame qué quiero y te diré
hazlo rápido. Un puño atravesando una telaraña.  

Oda a la niñez de una mujer

entrega parece una curiosa forma de decirlo          cómo se pega ese aroma

como lavandas recogidas en el campo           cómo las manos siempre saben donde

ir ahí hay siempre           mucho más de mí de lo que yo quisiera

que hubiera           vivo agradecida por siempre permanecer

con un pedazo de mí después           de que haya terminado

todos los niños que conocemos se han vuelto           bocas medio secas   medio hombres            creciendo

dulce y suave sírveme el helado estómago en una ombliguera dulce supervivencia

si realmente tuviera diría  esto es de verdad un virus a medias dopado de antibióticos

de verdad creyeron que habían hecho suficiente

querida niñez           como quisiera que hubiera de verdad

lecciones más fáciles aquí que éstas           que la constante reinvención de cómo

la gratitud siempre me ha parecido un riesgo que debo tomar

todas esas           rodillas todo ese volverse más chiquita           cómo lo hice, doblada y
alabándote           un diente roto

lo más feo

oh amor cómo crecí para ser más que una boca de labios suaves           devorándome                                                                                                  una cereza

chup, chup, chup           el estancamiento de lo supremamente dulce superficial           perfume
          
de vanilla para el cuerpo

cómo he aprendido a contar mis bendiciones

antes de que me sobrepasen

Ollie va a publicar su primer libro de poemas en marzo del 2019 con Out-Spoken Press, llamado Ways of Coping [Maneras de lidiar]. La mayoría de ellos están inspirados en sus experiencias tras ser diagnosticada con trastorno límite de la personalidad.

Dos poemas de Harry Josephine Giles

Harry Josephine es un poeta trans de Escocia cuya obra es sumamente experimental a mi manera de ver, pero él no se sintió cómodo con esa descripción cuando le dije eso. Yo lo pienso con base a que los dos libros que ha publicado están llenos de juegos de palabras, caligramas, poemas onomatopéyicos, reglas para juegos imaginarios, intervenciones a discursos de políticos y mil extrañezas agudas e ingeniosas así más. Por ejemplo, uno de los poemas que leyó en Birmingham y que traduje acá es un brillante compendio de preguntas encontradas en formularios de uso estatal como el “ATOS Work Capability Assesment [Asesoramiento de Capacidades de Trabajo], el UK Citizenship Test [el Test de Ciudadanía Británica] y la babosa prueba psicométrica, Your Strengths [Tus fortalezas], del DWP [Departamento de Trabajo y Pensiones] escocés.”  Ese poema hace parte de su primer libro, Tonguit. El segundo poema acá traducido hace parte de su segundo libro, The Games [Los juegos], publicado por Out-Spoken Press este mismo año.

Tus fortalezas

¿Te emociona ser perfecto?
¿Vives con curiosidad acerca del mundo?
¿Te emociona conocer algo nuevo?
¿Puedes doblarte para tocar tus rodillas y volver a levantarte otra vez?
¿Son la mayoría de tus amigos más imaginativos que tú?
¿Qué es la Ilustración?
¿Sabes usar un lápiz o un bolígrafo?
¿Sabes desabotonarte la blusa?
¿Sabes reconocer quién es amigo y quién no?
¿De dónde viene el Papá Noel?

¿Puedes caminar 100 metros sin detenerte repetidamente?
¿Puedes caminar 50 metros sin detenerte repetidamente?
¿Puedes caminar?
¿Es caminar bueno para el medio ambiente?
¿Evitas actividades físicamente peligrosas?
¿Tomas malas decisiones en tus amistades y en tus relaciones?
¿Cambias el tema cuando alguien te hace un cumplido?
¿Quién derrotó a los vikingos?

¿Sabes ponerte un sombrero?
¿Sabes abrir la llave de agua?
¿Quién es el santo patrón de Escocia?
¿Puedes levantar objetos ligeros del piso?
¿Si un policía te dice que tienes que ir con él a la comisaría, tienes que ir obligatoriamente?
¿Puedes poner tus brazos alrededor de tu espalda?
¿Puedes sentarte en una silla sin necesidad de moverte?
¿Qué es importante hacer cuando se contrata a un abogado?
¿Sabes vaciar un catéter?

¿Te cuesta aceptar amor de otras personas?
¿Cuándo le hablas a extraños, comprenden lo que dices?
¿Eres bueno para planear actividades grupales?
¿Eres bueno para mezclarte con la gente, sin importar la situación social?
¿Eres chistoso?
¿Eres un aguafiestas?
¿Dejas que el dolor y la decepción saquen lo peor de ti?
¿Tienes control sobre tu vejiga?
¿Tiene tu vida un propósito claro?
¿Tienes una vocación en la vida?
¿Quién es el heredero de la Corona?

¿Te desconcentras a base diaria?
¿Pierdes control de tus intestinos al menos una vez al mes?
¿Qué deberían ponerse los perros en público?
¿Puedes lidiar con pequeños cambios a tu rutina?
¿Puedes llevar a cabo tareas simples?
¿Puedes llevar a cabo actividades normales sin ser desbordado por el miedo o la ansiedad?
¿Puedes llevar a cabo iniciativas propias?

¿Siempre das las gracias, aunque sea por cosas pequeñas?
¿Te detienes durante el día a veces para tomar consciencia de lo afortunado que eres?
¿Le buscas el lado bueno a las cosas?
¿Eres consciente del impacto de tu comportamiento en los demás?
¿Qué harías si le derramas la cerveza a un desconocido en un bar?
¿Eres bueno para detectar los sentimientos de los demás?
¿Reaccionas desproporcionadamente a la crítica?
¿Tienes ataques repentinos e impredecibles de agresividad o comportamiento extraño?
¿Molestas a otros en tu vida diaria?
¿Eres capaz de levantar una moneda de mil?

¿Es la policía una fuerza pública hecha para servir y proteger?
¿Cuáles son los principios fundamentales de la vida en Escocia?
¿Te gusta pensar en maneras distintas de hacer cosas nuevas?
¿Es un crimen portar cualquier arma de cualquier tipo?
¿Puedes ver la gran estructura que subyace a las pequeñas cosas?
¿Necesitas instrucciones verbales para actuar?
¿Haces planes para llevar a cabo tus deseos?
¿Cuántos centavos se necesitan para un peso?
¿Puedes ver?
¿Puedes dejar las cosas del pasado en el pasado?
¿Buscas venganza?
¿Siempre terminas lo que empiezas?

Plegaria de las cosas

    Reconozcamos la desconcertante circulación de las cosas:
cosas que cargan culpa como pájaros muertos, cosas al abrigo de bolsas de basura
    para que no sean percibidas, cosas despudriéndose en espirales de islas nuevas,
cosas tomando refugio en sofás, cosas enfermas de polvo en la penumbra de algún cajón,
    preciosas cosas aplastadas contra el techo, cosas odiadas lanzadas contra las paredes,
cosas disparadas a través de arbustos, cosas tan terriblemente llenas de recuerdos
    que no pueden ser regaladas pero tampoco pueden ser guardadas, cosas que quedan,
cosas que se van, cosas del pasado, cosas nunca jamás, cosas lamentadas, cosas añoradas,
    perdidas, cosas mantenidas en válvulas durante décadas y luego
cosas expulsadas como si nunca hubieran bombeado sangre, cosas deseadas,
    deseadas con la furia de sedientos infiernos, luego conseguidas, conseguidas y luego
cosas dejadas de lado con asco, cosas para rellenos de basura como enigmas históricos,
    enterradas en una lasaña arqueológica, yogurt, tierra sucia, impuestos, cosas rotas,
cosas revividas mediante gruesos pedazos de cinta y luego de nuevo rotas, pobres cosas
    que asumieron cierta responsabilidad, para quién asumieron esa responsabilidad,
cosas para quien esa responsabilidad era un fantasma presente, sentida, invisible, tres
    veces negadas, cosas hechas con un cuidado y un saber parecido a la magia,
cosas hechas por brazos robóticos, con el cuidado del que los robots son capaces, cosas
    regaladas, cosas desechadas, cosas que encuentran nueva vida, cosas hechas para ser
cosas diecisiete veces más, cosas repletas de vida, cosas como vampiros chupando
    el calor del aire, cosas que trascienden a ficción, cosas atravesando la realidad de las
cosas hasta que la realidad es únicamente una cosa de cosas, como en esa película,
    ¿te acuerdas?, esa con las pilas apiladas de cosas oxidadas, tesoros, cosas, cosas,
cosas, la reluciente ausencia blanca de las cosas, la dolorosa búsqueda de significado
    en las cosas, el matrimonio de cosa y no-cosa. Esto reconocemos. Reconocemos que las
cosas existen más allá de nuestro alcance. Y he acá nuestra plegaria: danos tan sólo
    las cosas que necesitamos, sólo eso y nada más.

Harry Josephine Giles es un poeta que nació y creció en Orkney, una pequeña isla de mil kilómetros cuadrados al norte de Escocia. Como dice en su página web, le gusta “hacer arte de protesta y protesta acerca de arte, y escribir sobre lo que sea”. También ha creado y dirigido varios performances teatrales y es el cantante de una banda punk llamada Fit to Work. Pueden encontrar mucha más información acerca de su trabajo en su página, https://harrygiles.org/.

“Tras las formalidades” de Anthony Anaxagorou

Anthony es el fundador, propietario y editor de Out-Spoken Press. Es londinense pero de padres chipriotas, que llegaron a Inglaterra de niños y vivían en la misma casa, aunque sólo se conocieron y casaron muchos años después de haber llegado a Londres y años después de ser vecinos sin saberlo. Como la mayoría de los chipriotas, Anthony y sus padres tienen un tono de piel oscuro y físicamente parecen de ascendencia árabe, del Medio Oriente o de África del Norte, por lo cual en varias ocasiones durante su vida en Inglaterra han tenido que enfrentar episodios de violencia racista o de discriminación implícita o explícita. De hecho, cuando sus padres estaban recién casados e iban una noche caminando con su tío (el hermano de su padre) fueron asaltados por una pandilla de neonazis ingleses que enviaron a su padre y a su tío al hospital y estuvieron a punto de violar a su madre, que se salvó por el estallido de una sirena de policía a lo lejos que los dispersó, aunque en realidad nadie acudió a su ayuda. De ahí que, como la poesía de Quessep, la obra de Anthony tenga mucho que ver con la condición paradójica del extranjero en su propia tierra, del exiliado en su ciudad natal, de quien enfrenta el monstruo de la discriminación y la violencia en sus propias calles por el color de su piel o el origen de sus ancestros. Así parece en uno de los poemas que leyó esa noche en Birmingham y que me dio permiso de traducir y usar para esta edición de Arcadia Traduce, titulado “After the formalities” [“Tras las formalidades”].

En 1481 la palabra ‘raza’ aparece por primera vez en el poema
‘La cacería’ de Jacques de Brézé. De Brézé la utiliza para distinguir
entre distintos tipos de perros.

En ese difícil tiempo es que mis abuelos llegaron en un bote
con la guerra tras sus pasos y una serie de correas para perros.
Hoyos de balas en el sofá. Almohadas destrozadas. Conejos partidos en dos.
Pasaportes envueltos en periódicos. Aviones de bombas.
Un cura rebelde. Una bolsa llena de dinero y angustias.
En el barco la abuela se preparó para los inviernos ingleses
con los demás. Nieve negra en calles de oro.
El abuelo lloraba dos perros que había tenido que dejar atrás. De pedigrí.
Moscos e insectos en descomposición en sus entrañas. Los perros
de Inglaterra serán distintos. Pero el agua está bien. Se puede beber.

En 1606 el diplomático francés Jean Nicot añade la palabra ‘raza’
al diccionario para hacer referencia a distintos grupos de personas.
La nicotina se llama así a causa de él.

En Londres mis abuelos vivieron tan sólo con un radio.
Una lámpara que mostraba el lado más amable de la pared. Cortinas
abiertas a medias. Íconos bizantinos puestos sobre calentadores de queroseno.
Discutían a susurros. No querían que se les viera pelear a lengua abierta.
Circulaban leyendas. Qué harían los vecinos si nos agarraban diciendo
“tengo miedo” en un idioma que suena a mueble quemado
arrastrado a través de un piso de cobre. El abuelo. Siempre.
Exhalaba humo por un resquicio de la ventana. También su vecino.
Bocanadas sin color que se fundían amorfas. Así es imposible
discernir a qué marca de cigarrillo pertenece cada pila de ceniza.

El ensayo de 1684, ‘Una nueva división de la tierra’, del físico francés
François Bernier se convierte en la primera clasificación popular de
todos los tipos humanos en razas con base a sus rasgos fenotípicos.

La piel de mi madre tiene el color de las vacaciones.
Su pelo el color de pies negros descalzos. La isla sólo tiene una pista de avión.
Se oyen noticias de ataques racistas. Mi padre sube el volumen.
Nos manda a callar. Mastica su cerdo. Ahoga el sabor con cerveza.
Le ordena a mi madre que le pase la pimienta. Nunca le pide el favor.
Le pregunta si recuerda el ataque. El hospital. Su nariz.
Fragmentos de una botella de Coca-Cola sacados de su cráneo.
Sí. Murmulla ella. La persecución. Perra hijueputa. Te vamos a hacer Blanca.
Me la pones dura Afrodita. Sucio perro temblando a la luz de la farola.
Por favor Dios. Hoy no, esta noche no. Los niños.

En 1775 J.F. Blumenbach argumentó, en su célebre ensayo
‘De la variedad natural de la humanidad’, que era el entorno,
no distintos tipos de creación, lo que causaba la variedad en los rasgos humanos.

En el espejo del baño escupo sangre desde mi boca.
Respiro temblorosamente suburbano. Mi hermano golpea a la puerta, está que se mea. La abre a la fuerza. Preguntándome. ¿Qué pasó?
¿Peleó y perdió? ¿Cómo? ¿por qué? Porque la isla de la que venimos
es más pequeña que ésta. Sus nombres son más cortos.
Se pronuncian fácil, así que tienen derecho a existir. Incluso después de rotas
sus narices no devuelven el golpe como nosotros. Su sol está pelado a medias.
Se levanta la camiseta para mostrarme dos heridas. Para recordarme
algo. Cómo la historia encuentra la forma de perpetuarse.
Un bulto de colores mezclado con blancos girando y girando.

En el espejo del baño mi hermano escupe sangre
de su boca. Su aliento huele a souvlaki y a casa. Yo.
Estoy que me meo. Abro la puerta a la fuerza. Pregunto.
¿Qué pasó? ¿Trataste de pelear y perdiste? ¿Por qué?
Porque la isla de la que venimos es más grande que ésta.
Acá. Masticamos demasiado su lenguaje.
Dejamos atrás nuestro un alfabeto de huesos. Nunca existiremos
en sus canciones de amor. ¿Cuántas heridas se necesitan para
hacer un cadáver? Ahí lo dejé. Perpetuando la historia.
Un bulto de colores mezclado con blancos girando y girando.

En 1859 el naturalista inglés Charles Darwin escribe
"El origen de las especies por medio de la selección natural,
o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida"

Si el teléfono suena en la casa después de medianoche es que
alguien que conoces se está muriendo. Resoplando en diez lunas negras
bajo el clamor de una sirena o una campana. De la herida en la espalda
de mi tío manaba el primer atlas. La sangre se derramaba de él
como un fantasma deslizándose por las punzantes puertas del cielo.
El cuchillo. Mitad acero mitad borrachera. El motivo. El color de la piel o el sonido de la plegaria. Lo fuimos a visitar. En el vidrio húmedo de su ventana
su hija había escrito Papá No Te Mueras. Con el hálito de su aliento.
Esa noche mi papá volvió a casa. Una mano hinchada como una trompeta.
La otra en vendas. Sus puños eran la ley.

En 1911 el eugenista Charles Davenport escribió en su célebre libro
"La herencia en relación a la eugenesia" que “Dos padres imbéciles, así sean parientes o no, sólo pueden tener descendientes imbéciles”.

El color de su pelo era el color de Jesús. La mayoría de muchachos
se quedaban mirando. Cuando terminamos me quité un pelo mono
que había quedado suelto en mi brazo preguntándome qué tanto de mi cuerpo
seguía siendo mío. Olía a lluvia cayendo encima de un paraguas.
Mis dedos a fábrica quemada. Me preguntó si había sido mi primera vez
y cuando dije que sí, sonrío. Jalando las cobijas farfulló que no me quedara
ahí quieto. Que su padre volvería ya en cualquier momento.
La cama era ahora un continente. Las cobijas fronteras que me mantenían
a salvo en su patria. Tenía un muñeco negro, un gollywog, en su repisa,
encima del retrato familiar. Parecía un santo.

En 1943 una hambruna en Bengala mató a 4 millones de personas.
Churchill había ordenado que la comida fuera enviada directamente a los soldados británicos en Europa. Al oír cuánta gente había muerto en Bengala,
preguntó “¿Entonces por qué no se ha muerto Gandhi todavía?”

Afuera del Kentucky Fried Chicken los racistas siempre me han parecido
tan seguros de sí mismos. Como meteorólogos. Como hechos.
Abalanzando su cuerpo contra el mío con el furor de una creencia. Vi
que el mal podía sentirse cálido y oler rico de cerca. Un palo de metal.
Empuñado con furia contra mi garganta. Lentamente las luces empezaron
a desfallecer. Había pedazos de papas a mis pies. Un hierro negro hirviendo mi piel tan silenciosamente que alcanzaba a oír cómo el dolor le relaja las mandíbulas a la antigüedad. Estos seres. Tan irracionales como cualquier Dios.
Y yo. Vaciándome en la promesa de un tanque de oxígeno.

“Aquellos a quienes los dioses desean destruir, primero los enloquecen.
Debemos estar locos, literalmente locos como nación, para permitir
la llegada anual de 50 000 dependientes que, en su mayoría, son materia
para el futuro crecimiento de una población descendiente de inmigrantes” – Enoch Powell, 1968.

Tras las formalidades, por supuesto, le dije Londres
y, por supuesto, él volvió a preguntar. Cuando dije Chipre
se recostó en su silla recordando una vacación familiar.
Clima sublime. La gente muy amable.
Sobre todo con los ingleses. Que qué pesar
lo de los turcos. Y sus papás. ¿Cuándo entraron
acá? A finales de los 50 respondí. ¿Así que antes de la Ley de Inmigrantes?
Sí dije. Antes. Pues bien por ellos. Dijo.
Poniéndole la tapa a su esfero. Cerrando su agenda.
Pidiéndome que le hablara más de mis papeles pasados.

En el 2001 el filósofo Robert Bernasconi escribió
“El constructo de raza ha sido la forma en que las personas blancas
definen a quienes perciben como otros”.

Por aquel entonces se me pedía que rellenara formularios
de respuesta múltiple. Algunas preguntas las dejé en blanco.
Mi padre se percató de una omisión. Llenó la casilla de Blanco
con su esfero negro. Yo la taché.
Le dije que iba a poner “otra”. Mi madre, portando su misma
triste piel de siempre dijo, Nosotros no somos Blancos.
La mirada que él le lanzó fue. Rapándome el formulario.
La misma X con la que se ha dominado tanto Blanco.
Les voy a decir una cosa. Nadie en su sano juicio debería
hacer de sí mismo un objetivo político tan obvio. Dijo.

“Increíble como empiezan las ideas, ¿no?” – Nigel Farage, 2016.

Mi abuela morirá algún día. En algún lugar de su esqueleto.
Sábanas blancas. Denso de yodoformo. Su boca como escarabajo.
Mi familia se reunirá en torno a su cuerpo. Como un higo. Mi madre
buscará monedas. A pesar de que ya no haya nada que la plata pueda
salvar. Otra señora. Muriéndose también. Nos acosará hasta el final.
A través de gruesos tubos nos repudiará. Su voz. Como alas
de una pequeña mosca. Perros, todos ustedes. Extranjeros. Y sucios. Nos invadirán incluso muriéndose. Su enfermera nos pedirá disculpas a nombre de toda la historia. Correrá la cortina. El barro es siempre lo último que se bota.
Una plegaria que se yergue en búsqueda del orgullo de un olivo. Como una pista. A la que aferrarse.

Anthony fue uno de los primeros ganadores de los concursos de poesía juveniles nacionales organizados por Joelle, en el 2002, cuando tenía diecisiete años. En su corta vida ha publicado nueve libros de poesía, un disco de poesía también y una colección de cuentos. En el 2012 fundó Out-Spoken Press para brindarle un espacio a las voces jóvenes y marginales que no eran publicadas por las editoriales de poesía tradicionales. En el siguiente link podrán leer un texto que escribió Anthony acerca del origen y la motivación que subyace a este poema.

Bonus track: “Slide de guitarra”, de Ranald Barnicot

Ranald no leyó este poema, ni ningún otro suyo esa noche en Birmingham. Como yo, Ranald acudió al evento esa noche no a nombre suyo sino a nombre de la poesía de Quessep, que íbamos a presentar por primera vez en Inglaterra, Ranald leyendo nuestras traducciones, yo leyendo los textos originales de Giovanni. Sin embargo, a manera de conclusión, quería ofrecerle a los lectores de Arcadia Traduce un bellísimo poema corto que él generosamente me dejó traducir e incluir en esta edición.  

Slide de guitarra

para Hugh

Tu cuchillo se desliza a lo largo de las cuerdas.
Ese blues brotando a espasmos, sollozante.
Cada nota un orgasmo de condenado.
Tan hermosa economía de gestos.
Tantas cosas perdidas, desperdiciadas.
La sangre mana cantando de la carne
De nuestra vida despedazada.

Ranald es un egresado de Estudios Clásicos del Balliol College de Oxford y tiene una Maestría en Lingüística Aplicada del Birbeck College de Londres. Ha vivido y trabajado en España, Portugal e Italia y ha publicado sus traducciones de Catulo, Horacio, Verlaine, Mallarmé, Federico García Lorca, César Vallejo, Alfonso X (El Sabio) de Castilla, Violante do Céu y La Compiuta Donzella en diversas revistas de poesía y traducción de distintas partes del mundo. En el 2019 publicará un libro de poemas originales suyos y traducciones de poemas ajenos titulado By Me, Through Me [Mío y a través mío] con Alba Press en Inglaterra.


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