La maestría narrativa de Kendrick Lamar en 5 canciones
Publicado: 15/01/2019
Por Santiago Cembrano

La maestría narrativa de Kendrick Lamar en 5 canciones

A propósito su presencia en Colombia en el Festival Estéreo Picnic, desglosamos cinco canciones que demuestran la maestría como narrador del MC de Compton, el primer rapero de la historia en ser reconocido con el premio Pulitzer.

Kendrick Lamar, quizás el mejor rapero del mundo en la actualidad y cada vez más uno de los mejores de la historia, visitará Colombia como parte del cartel del Festival Estéreo Picnic 2019. El MC de Compton, California, ha vivido una racha dorada durante toda esta década: ha sido aclamado por la crítica como una voz potente en la denuncia reflexiva sobre el racismo y la violencia en Estados Unidos, en 2018 fue el primer rapero en ser reconocido con el premio Pulitzer y ha publicado tres álbumes que han superado el millón de copias en ventas. Su estilo es versátil, capaz de todo tipo de flows: puede rapear sobre enérgicos beats de trap de Mike WiLL Made-It, sobre sonidos minimalistas y oscuros de The Alchemist, hasta componer canciones que puedan sonar en una fiesta y ser, a la vez, profundamente tristes.

Dentro de todos sus atributos, su habilidad como narrador es quizás la más importante. En DAMN. (2017) cuenta la historia de cómo las buenas decisiones individuales pueden salvar a los afroamericanos del dolor que han sufrido a lo largo de los años. En To Pimp A Butterfly (2015) critica al sistema que solo valora las vidas negras para lucrarse de ellas y luego desecharlas, a la vez que se examina a sí mismo por olvidar a su comunidad y dejarse llevar por la fama. En good kid, m.A.A.d city (2012) relata su lucha adolescente por mantenerse en el camino correcto a pesar de las presiones que lo incitaban a desistir para delinquir.

Con rabia y amor, convicción e inseguridad, Kendrick Lamar cuenta historias desde distintos puntos de vista. Puede ir y volver en el tiempo, contar la suya o la de sus amigos, centrarse en un cuarto de hotel o en toda una ciudad, exigirle reivindicaciones al Estado y pedirse a sí mismo y a los suyos que sean mejores. Prueba de su gran talento es que aun con su estilo complejo, de lírica densa, se haya encumbrado como uno de los artistas más populares del mundo. Con su gran destreza técnica, las instrumentales diversas y de alta calidad sobre las que suena su voz y su carisma, Kendrick Lamar se ha vuelto una de las voces fundamentales de esta generación: tanto así que su canción “Alright” se volvió el himno de resistencia del movimiento de Black Lives Matter en Estados Unidos.

A propósito su presencia en Colombia en abril de este año, desglosamos cinco canciones que demuestran su maestría como narrador.

“The Art of Peer Pressure” – good kid, m.A.A.d city

Kendrick recuerda cómo, en su adolescencia, la presión grupal lo llevaba a hacer cosas que nunca consideraría estando solo. Con tres amigos en un Toyota blanco, fuma marihuana mezclada con fenciclidina y toma Hennessy. Golpean a un tipo por llevar los colores de la pandilla rival y llegan a una casa que habían estado vigilando desde hace meses para robarla. Cuando están en la mitad del saqueo, alguien los descubre y tienen que huir, aunque Kendrick alcanza a llevarse unos juegos de Nintendo y un televisor de pantalla plasma. La policía los persigue, pero logran perderla. Normalmente él no actuaría así, dice, pero cuando está con sus “homies” (sus amigos) todo cambia. La canción impulsa la narrativa central del disco: que, aunque Kendrick intenta ser bueno, el contexto en el que vive lo acerca al crimen, y le queda muy difícil resistirse. Los detalles de la descripción y el cambio de ritmo en los distintos momentos de la historia, así como la conciencia de Kendrick buscando luchar contra lo que sabe que está mal, hacen sentir al que escucha como un pasajero más del Toyota.

“Sing About Me, I’m Dying Of Thirst” – good kid, m.A.A.d city

A través de distintos narradores, Kendrick expone su música como un mecanismo de memoria del barrio, de la gente que conoce que ha muerto; también reconoce los problemas éticos que puede implicar contar estas historias. La canción empieza abordando la muerte un amigo suyo, asesinado un par de canciones antes. El narrador es su hermano, quien le agradece a Kendrick haber estado con él hasta el final, haberlo sostenido como un recién nacido mientras su sangre se derramaba. Se lamenta por la vida de pandillaje, pero jura venganza contra los que mataron a su hermano, y le pide a Kendrick que cuente su historia si... (y mientras habla, muere asesinado).

La canción, más adelante, rememora la muerte de una prostituta que murió en un disco anterior. Quien narra es su hermana, y le reclama a Kendrick exponerla de esa forma, juzgarla. Le cuenta que ella también es prostituta porque el sistema no le dio otra oportunidad, y le pide no aparecer en su álbum. Mientras exclama que a pesar de la preocupación de los doctores se siente bien y va a luchar, su voz se desvanece hasta desaparecer.

Después es el turno de Kendrick: explica que su rap es para procesar su sufrimiento y el de su comunidad; no quería ofender a nadie con sus relatos, solo pensaba que eran historias que debía contarse. Resalta que lucha por los derechos de los suyos, aun si actúan mal y les pide que cuando él se vaya, alguno de ellos cuente su historia. Kendrick confiesa estar agotado de correr, confiesa que está muriendo de sed. Entonces, una mujer anciana se acerca a él y sus amigos: ante su rabia y sed, lo que necesitan es agua bendita; los bautiza, y anuncia el comienzo de una nueva vida para ellos, una que no sea guiada por el odio y el miedo.

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“How Much A Dollar Cost" – To Pimp A Butterfly

En medio de un viaje a Sudáfrica, en el que busca encontrar sus raíces y escapar de los problemas que la fama le ha traído, un habitante de calle le pide a Kendrick “10 rand” (un dólar). Kendrick, pensando que es un adicto al crack, le dice que se vaya. Sube a su carro y cierra la puerta. El hombre lo mira con ira, y algo le indica a Kendrick que no se marche, que se quede a comprender por qué un desconocido lo miraría con tanta rabia, aunque se siente irrespetado y piensa en golpearlo, indignado por su indignación. El hombre, al fin, le pregunta si ha abierto alguna vez Éxodo 14, pues un hombre humilde es todo lo que han necesitado, y le pregunta cuánto cuesta un dólar.

El remordimiento abraza a Kendrick, pero le dice que no puede darle nada, que necesita todo para él. Finalmente, el hombre se revela como Dios y responde su pregunta anterior: un dólar le costó a Kendrick su lugar en el cielo. Este fondo que toca le permite reflexionar sobre su egoísmo y avaricia, y volver a Estados Unidos con una mentalidad diferente, buscando la unión más allá del beneficio propio. A su vez, es una de muchas canciones en que su relación con la religión es demostrada como problemática, y parte de un camino en el que el narrador busca encontrar la luz entre las tinieblas de sus riquezas y la pobreza de su barrio.

“FEAR.” – DAMN.

El miedo acompaña a Kendrick a lo largo de toda su obra, paralizándolo y motivándolo. Esta es la reflexión más explícita sobre el tema, separada en tres momentos: cuando tiene 7, 17 y 27 años. La primera etapa es el miedo primario de convivir con una mamá estricta que amenaza con golpearlo si ensucia sus zapatos o si no hace su tarea, probablemente ella también llena de miedo. La segunda etapa es el miedo adolescente a morir, envuelto en guerras entre pandillas, como ya lo había contado en good kid, m.A.A.d city. La paranoia que implica vivir en Compton es evidente: haga lo que haga, piensa que probablemente va a morir, sea por ir a una fiesta en otro barrio, por ponerse una camiseta de un color equivocado o por comprar marihuana. Finalmente, la tercera etapa es su momento actual, como artista consolidado, rico y famoso. A pesar de sus logros, sus miedos solo han aumentado, como lo expone en To Pimp A Butterfly ¿Podrá ayudar a su comunidad? ¿Se le acabará la creatividad? ¿Su barrio aún lo recibirá? ¿Sus nuevos amigos se aprovecharán de él para robarlo?

La canción empieza y termina con un mensaje de voz de su primo Carl. Kendrick antes le había comentado, con dolor, que sentía que nadie rezaba por él, a lo que Carl le dice que debe entender que, según el Deuteronomio, las personas negras están malditas, como descendientes de Israel, por haberse alejado del camino divino que Dios planteó. Así, hasta que no hayan vuelto al camino recto, seguirán sufriendo. El contraste del testimonio de Kendrick con el consejo de su primo amplía una cuestión constante en su música: la búsqueda de agencia en una estructura rígida.

“DUCKWORTH.” – DAMN.

Esta es la historia de Anthony, un peligroso pandillero de Compton que vende droga y salió libre de algunas acusaciones de asesinato, y Ducky, un trabajador de Kentucky Fried Chicken, amable y hablador, que había venido desde Chicago con su familia. Anthony ya había robado ese KFC antes, y estaba planeando volverlo a hacer. Ducky sabía del incidente anterior, en el que un cliente había muerto, y buscó hacerse amigo de Anthony y su gente, dándoles pollo extra cada vez que iban a comer ahí. A Anthony le cayó bien, y no le hizo nada. Las decisiones de cada uno cambiaron sus vidas, dice Kendrick, de tal forma que pueden reversar el karma, un paso a la vez. Acá expone la conclusión del disco: la forma de luchar contra la maldición del Deuteronomio es tomar buenas decisiones y hacer buenas acciones, luchar contra los incentivos que incitan al crimen y refuerzan el ciclo de violencia, buscar la amabilidad.

Veinte años después, Anthony y Ducky se volverían a encontrar en un estudio de grabación: Anthony ahora era Top Dawg, un ejecutivo del sello discográfico TDE, y Ducky era Kenny Duckworth, quien estaba acompañando a su hijo, Kendrick Lamar Duckworth, a grabar. Sus decisiones, entonces, no solo salvaron sus vidas sino también la de Kendrick, quien admite que ya habría muerto en una pelea si su papá hubiera sido asesinado por el hombre que lo ayudó a tener una carrera en el rap. La respuesta ante la estructura de la maldición, parece decir Kendrick, son decisiones individuales, que enderecen el curso de cada vida, hasta que colectivamente se acabe. No lo dice desde fuera, lo dice como un sobreviviente, prueba fehaciente de que la maldición se puede romper.

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