“Resurrección”: el Vaticano y la primera pintura de América
Publicado: 28/01/2019
Por Andrés Rubiano*

“Resurrección”: el Vaticano y la primera pintura de América

A Alejandro VI, conocido como Rodrigo Borgia, uno de los papas más corruptos de la historia, se le debe lo que parece ser la primera representación pictórica de América en el arte occidental.

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Antes de ser el vicario de Cristo y ocupar el trono de san Pedro, Alejandro VI, conocido como Rodrigo Borgia, inició su mandato en agosto de 1492 tan solo dos meses antes de la llegada de Cristóbal Colón a las Antillas. Sus ambiciones políticas y personales permitieron la creación de la primera representación que se conoce sobre América en una pintura europea, pero al mismo tiempo fueron causa de que por siglos esa imagen estuviera oculta e ignorada. La naturaleza criminal de Alejandro VI, reflejada en sobornos y conspiraciones que le permitieron su ascenso al poder, hizo de él un personaje impopular y execrable en su época. Fue tan aborrecido que se dice que Pío III, su sucesor inmediato, impidió la celebración de una misa en su memoria afirmando que “es una blasfemia orar por un maldito”. Con igual desprecio, y desde su primer día como obispo de Roma en 1507, Julio II, el reemplazo de Pío III y enemigo de la familia Borgia, tomó la decisión de no vivir en el mismo espacio donde lo había hecho Alejandro VI. La intención de Julio II de erradicar de la historia la memoria del papa valenciano y de su familia, con el argumento de que nadie había profanado tanto la Iglesia católica como él, hizo que los salones papales donde solía vivir Alejandro VI fueran abandonados y olvidados por siglos. Con esta decisión, los apartamentos Borgia, como son conocidas estas habitaciones, cayeron en decadencia durante los siglos XVII y XVIII, y solo a partir del siglo XIX se les empezó a dar mejor uso a las bóvedas. En 1816, bajo el pontificado de Pío VI, este espacio se convirtió en la Pinacoteca del Vaticano, y en 1897, León XIII se encargó finalmente de restaurar y abrir al público las antiguas estancias papales de Alejandro VI, que guardaban en el detalle de uno de sus frescos la primera imagen de América en la pintura occidental.

El redescubrimiento de esta imagen se dio, sin embargo, solo hasta más de un siglo después. En 2006, una restauración del fresco de la Resurrección de Cristo de la Sala de los Misterios hizo resurgir unas figuras, no muy bien definidas, en el centro de la pintura. Al ver en este detalle a un grupo de hombres que parecen estar bailando en una especie de ritual bélico, portando lanzas y lo que aparentan ser coronas de plumas, los restauradores se encontraron con lo que sería la representación de unos indígenas americanos.

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Aunque ese grupo de figuras era identificable antes de la restauración, como se puede comprobar en imágenes del fresco tomadas antes de 2006, poco o nada se ha escrito sobre él, y menos aún en referencia a su posible relación con América. La reapertura de las salas en 1897 por León XIII dio lugar a la producción de numerosas monografías sobre Bernardino di Betto di Baggio, más conocido como Pinturicchio (o “pequeño pintor”, apodo que alude a su baja estatura), el artista italiano del Renacimiento encargado de los frescos de las habitaciones de Alejandro VI. Sin embargo, a pesar de la proliferación de publicaciones sobre el pintor sienés a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, no hay en ellas referencia alguna a América en la Resurrección. ¿Existen evidencias, además de los elementos visuales del fresco, para afirmar que la imagen corresponde en efecto a una representación de América?

La clave para asociar las figuras del centro de la Resurrección con indígenas americanos puede encontrarse en una lectura más amplia del fresco enfocada en los intereses políticos de Alejandro VI. No es casualidad que solo en este muro de los apartamentos Borgia se pueda encontrar un retrato suyo. La figura a la izquierda de la pintura junto a la tumba de Cristo, de rodillas y con las manos dispuestas en posición de oración, portando una fastuosa capa cubierta en los bordes por ornamentos áuricos y pequeñas joyas, corresponde a un retrato de perfil de Alejandro VI. La tiara papal se encuentra en el piso frente a él y los rasgos del hombre se asemejan a los de otros retratos suyos hechos en esa época. Se ha argumentado que Pinturicchio mismo fue el encargado de pintar esta imagen, a diferencia de otros elementos del fresco que pudieron haber sido pintados por sus colaboradores.

Resurrección, de Pinturicchio. The Picture Art Collection/Alamy Stocky Photo.

¿Por qué Alejandro VI escogería representarse en el fresco de la Resurrección? En un conocido ensayo sobre los apartamentos Borgia, el historiador del arte Fritz Saxl hace una fascinante lectura sobre la relación entre la ambición por el poder de Alejandro VI y el símbolo del toro, una figura representada cientos de veces en los muros. El programa pictórico de los apartamentos Borgia estaba dirigido a manifestar el poderío del papa español y consolidar su legado. Y esto sería cierto también para la Sala de los Misterios. Alejandro VI era un entusiasta de la expansión del cristianismo y veía en la conquista de otros pueblos el nacimiento de una nueva época de la Iglesia católica. Su aparición en la Resurrección respondería a su interés en presentarse como un adalid de la expansión de la fe cristiana que daría inicio a una nueva era en la historia de la Iglesia.

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La imagen de indígenas americanos en el fresco de la Resurrección no desencaja con esta idea. Si era una prioridad del papa expandir el cristianismo, ¿qué mejor oportunidad para hacerlo que en las nuevas tierras a las que llegó Colón? La coincidencia de la coronación de Rodrigo Borgia como papa el mismo año en que el almirante desembarca en la isla Guanahani el 12 de octubre de 1492 le da todavía más fuerza a la idea de que las figuras en el centro del fresco de Pinturicchio corresponden a habitantes de esos territorios desconocidos.

El papa no era en modo alguno ajeno a los acontecimientos sobre el Nuevo Mundo. Tras la noticia del éxito de las exploraciones de Colón, los Reyes Católicos acudieron al papa, la autoridad entre los príncipes cristianos, para proteger de la amenaza de Portugal sus derechos de posesión sobre las tierras descubiertas. Entre 1493 y 1494, por la misma época en que Pinturicchio pintaba los muros de los apartamentos Borgia, el papa expidió una serie de bulas que darían origen al tratado de Tordesillas que zanjó la disputa entre los Reyes Católicos y Portugal por esas tierras. El vínculo con los mandatarios de Castilla y Aragón con seguridad le permitiría al papa acceder a información de primera mano sobre los sucesos que en lo que luego se llamó América. Incluso no podría descartarse que Alejandro VI accediera a los documentos mismos que Colón enviaba a los reyes y que las descripciones que se encuentran en ellos sirvieran de base para la imagen de los indígenas americanos. Después de todo, las únicas fuentes sobre América en los primeros años tras la llegada del almirante eran sus escritos, como las cartas en las que informó el éxito de su empresa o el diario de su viaje.

Un detalle particular de la Resurrección le da a la imagen de los indígenas un sentido más complejo al de solo ser una simple curiosidad histórica. En la parte izquierda del fresco, en el fondo del paisaje, se alcanzan a contemplar edificios cuyos techos cónicos recuerdan la arquitectura de una ciudad musulmana. La referencia en la pintura a la cultura mahometana no se limita a las edificaciones: si se mira con detalle el trasfondo, es posible ver a dos personajes usando turbantes y túnicas de influencia musulmana.

La presencia del islamismo en una obra comisionada por un papa en una escena cristiana como la resurrección de Cristo no deja de ser extraña. Pero si el fresco es una representación visual de los intereses políticos de Alejandro VI, es posible entender las referencias a la cultura islámica. La expansión del cristianismo no era la única preocupación de Alejandro VI. Después de la conquista de Constantinopla por los turcos en 1453, los territorios con influencia mahometana se habían vuelto una amenaza para el Vaticano. Alejandro VI era un partidario de llevar a cabo una cruzada contra los turcos y esto podría explicar la presencia de elementos islámicos en el fresco. Pero ¿cuál es la relación entre esas referencias musulmanes y los indígenas americanos?

Como es bien sabido, Colón pensó haber llegado no a un nuevo continente, sino a una parte de Asia. El propósito de su viaje era viajar a la India por “el camino de Occidente” con el fin de explorar “la manera que se pudiera tener para la conversión de [esas tierras] a nuestra santa fe”. Y las razones de Colón no eran simples ambiciones mundanas. El almirante era una persona extremadamente religiosa y una de sus principales motivaciones, como lo atestiguan sus documentos, fue la de llevar a cabo una cruzada para tomar las tierras ocupadas por los musulmanes y recuperar Jerusalén.

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Colón murió sin saber que su travesía lo llevó a un lugar que no era Asia. Fue solo hasta 1502 que Américo Vespucio intuyó que esas tierras hacían parte de un nuevo continente, y solo hasta 1522 se tuvo evidencia de ello con el viaje de Fernando de Magallanes alrededor del mundo. El error de Colón fue diseminado por Europa durante años y es de esperar que el detalle en referencia a indígenas americanos en el centro del fresco fuera pintado bajo esa falsa noción. Los aborígenes, y con ellos su territorio, serían representados en los apartamentos Borgia como una etapa en la ruta por Occidente hacia Jerusalén y las tierras ocupadas por los infieles del islam. La ubicación de los indígenas en el centro del fresco, en medio de un camino que conduce a las edificaciones del trasfondo, pareciera confirmar esta interpretación.

Como muchas creaciones de la época de la Conquista, la primera imagen pictórica de América en el arte occidental estaría basada en un error y una visión sesgada de Europa sobre el Nuevo Mundo. La Resurrección de Pinturicchio sería así un elemento más de esa lectura sobre América propuesta por el historiador mexicano Edmundo O’Gorman, según la cual América no fue descubierta, sino inventada.

*Filósofo. Maestro en Historia del Arte en el Courtauld Institute.


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