Mauricio Sáenz reseña la autobiografía de Michelle Obama
Publicado: 28/01/2019
Por Mauricio Sáenz

Mauricio Sáenz reseña la autobiografía de Michelle Obama

Vendió 1,4 millones de ejemplares en la primera semana. Pero el libro sobresale con mérito propio por varias razones.

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Hace un poco más de dos años, los Obama abordaron el helicóptero presidencial para dejar para siempre la Casa Blanca. Hoy, cada vez que Donald Trump sale con su barbaridad diaria, muchos suspiran de nostalgia por la serena dignidad de esa familia que vivió ocho años en la Casa Blanca sin que alguien pueda hoy mencionar un episodio capaz de poner en duda su compostura.

Eso sería suficiente para convertir la autobiografía de Michelle Obama en un éxito comercial: vendió 1,4 millones de ejemplares en la primera semana. Pero el libro sobresale con mérito propio por varias razones. Por su honestidad y candor; por su narrativa, que logra imprimirles suspenso a hechos conocidos; por el tono humilde, entre sorprendido y alegre, de alguien del común cuya vida ha tomado una trayectoria inesperada... Y sobre todo, por su elegancia. En efecto, Michelle no deja de mencionar el dolor que le causan los comentaristas malquerientes, pero más allá de algunas expresiones duras sobre el sucesor de su marido, de ella no salen respuestas agrias. Solo suelta por ahí una frase del estilo de “cuando ellos caen más bajo, nosotros vamos más alto”.

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Su viaje vital comienza como Michelle LaVaughn Robinson, nacida en 1964 en Chicago. Su papá, Fraser Robinson III, trabajaba para el municipio y su mamá, Marian Shields, cuidaba de sus dos hijos, Craig y Michelle. Vivían en el minúsculo apartamento del segundo piso de la casa de una tía abuela que le daba clases de piano. Sus padres nunca quisieron comprar vivienda, ni Michelle recuerda haberlos visto salir a comer o darse unas vacaciones. Fraser y Marian tenían claro que su magro ingreso debía alcanzarles para educar a sus retoños.

Michelle narra con su historia la de tantas familias negras que deben esforzarse más que los demás para salir adelante. “No solo éramos puntuales, casi siempre llegábamos antes”, cuenta. La mayor diversión de su padre, enfermo de esclerosis múltiple, era salir con la familia los domingos en su amado Buick Electra a pasear por barrios inaccesibles. Ellos nunca dejaron el suyo, ni siquiera cuando comenzaron a abandonarlo todas las familias blancas y las negras de mejores recursos, señal inequívoca de decadencia.

Los esfuerzos de los Robinson dieron resultado cuando los hermanos entraron a la Universidad de Princeton. Allí Michelle se descubrió como minoría racial, y experimentó las señales crueles y silenciosas de “no pertenecer”. Pero a estas alturas ya tenemos claro que ella logra lo que se propone, como convertirse, a los 25 años, en una abogada de la prestigiosa firma Sidley & Austin.

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Un día su jefe le pidió entrevistar a un aspirante a pasante de quien muchos ya hablaban en el gremio. Un joven de nombre curioso y origen múltiple que llegó tarde a la cita y, por añadidura, encendió un cigarrillo al final del almuerzo. Barack Obama no la impresionó al comienzo, pero no tardó en conquistar su corazón con su mezcla de jovialidad y propósito. Una noche, ya novios, ella despierta y lo descubre mirando el techo. “En qué piensas”, le pregunta, y su respuesta lo define: “En la desigualdad de ingresos”.

De ahí en adelante los cambios llegaron vertiginosamente. Obama, que ya sobresalía como un brillante abogado de Harvard más interesado en la acción social que en el dinero, alcanzó una curul en el Senado estatal de Illinois. Michelle describe las angustias de tener un marido itinerante que poco paraba en casa, lo que atizó en ella su rechazo por la política electoral, que eventualmente lo condujo al Senado de Washington y luego a la Casa Blanca. Entonces narra sus dificultades para estar a la altura del papel de una primera dama atípica, sujeta a un escrutinio que sus predecesoras no habían soportado.

Mi historia no solo es la autobiografía de Michelle Obama, sino una mirada íntima a la experiencia afronorteamericana, de la mano de una exponente excepcional.

Mi historia

Michelle Obama

Plaza&Janés

526 páginas


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