Lo que gusta y lo que no de los nuevos directores de la Biblioteca Nacional y el Archivo General
Publicado: 05/03/2019
Por RevistaArcadia.com

Lo que gusta y lo que no de los nuevos directores de la Biblioteca Nacional y el Archivo General

El ministerio de Cultura confirmó que la historiadora y bibliotecóloga Diana Patricia Restrepo Torres dirigirá la Biblioteca Nacional y que el filósofo e hispanista Enrique Serrano López estará al frente el Archivo General de la Nación. ¿Cómo leer sus nombramientos?

Este martes 5 de marzo el ministerio de Cultura anunció los nombres de quienes dirigirán dos de las entidades culturales más importantes del país. Se trata de Diana Patricia Restrepo Torres, quien asumirá la dirección de la Biblioteca Nacional, y Enrique Serrano López, a quien le competirá liderar el Archivo General de la Nación. Según informó el ministerio, tanto Restrepo como Serrano adelantan los trámites administrativos correspondientes para asumir sus cargos en los próximos días.

Restrepo, que se desempeña como directora técnica de la Red de Bibliotecas del Banco de la República desde 2009, es historiadora de la Pontificia Universidad Javeriana y magíster en Bibliotecología de la University College London. Ha estado vinculada desde hace más de 24 años a la institución, donde ha desempeñado diferentes cargos en las áreas de Servicios al Público, Artes Plásticas y Música.

Para quienes han seguido de cerca su gestión, como el curador Halim Badawi, el nombramiento de Restrepo es un acierto del gobierno. “Ella es la gran mano oculta de gestión y compras detrás de la Biblioteca Luis Ángel Arango. Sobrevivió a los últimos cinco directores y todo se mantuvo a flote, en buena medida, gracias a ella”, anota. “Diana Patricia tuvo a cargo la adquisición exitosa de varios archivos históricos privados, como el archivo histórico Díaz del Castillo”.

Lo mismo expresa Nicolás Morales, director editorial de la Editorial Javeriana, quien acentúa su perfil técnico y su capacidad de gestión durante los años que lleva en la institución: “Hay una perspectiva de la ciencia de la información que privilegia la idea de que a la cabeza de las bibliotecas debe haber intelectuales de gran prestigio o gran alcurnia. Pero hay otra que piensa que una biblioteca como la Biblioteca Nacional se puede armar desde lo técnico y que desde lo técnico hay un montón de decisiones que construyen una política: de promoción de lectura, de búsqueda bibliográfica. Diana Patricia es una gran técnica. Este nombramiento es un homenaje a una persona que ha sabido coger las ideas de directores anteriores y ejecutarlas. Pero además es una historiadora formada, con un gran conocimiento bibliográfico e histórico, y es una gran lectora. No tiene esa carga política e ideológica que tienen Darío Acevedo y el recién nombrado Enrique Serrano”.

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Esa “carga política e ideológica” ha hecho que, a pesar de su destacable formación académica, el nombramiento de Enrique Serrano no haya generado el mismo entusiasmo que el de Restrepo. Serrano es hispanista y profesor principal de carrera en la Facultad de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario desde 1996. Se graduó de Comunicación Social y Filosofía de la Pontificia Universidad Javeriana, es magíster en Análisis de Problemas Políticos Económicos Internacionales en la Universidad Externado de Colombia y el Instituto de Estudios Políticos de París, y doctor en Filosofía de la Pontificia Universidad Javeriana.

Dos fuentes cercanas a ARCADIA afirman que, si bien el director saliente, Armando Martínez, es de línea conservadora, tiene un carácter mucho más técnico que el de Serrano. Además, los fuertes cuestionamientos en los que se vio envuelto el año pasado a raíz de ciertas afirmaciones de su ensayo ¿Por qué fracasa Colombia?, que amplió en su libro Colombia: historia de un olvido (2018), abren la pregunta de si Serrano sería una persona idónea para asumir ese cargo en esta coyuntura política, o si, como afirma Morales, se trata de un nombramiento que va en la misma línea ideológica que el de Darío Acevedo en el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH): “Su mirada profundamente antipática a la academia seria y su problemática mirada de la historia del país va a hacer que deba enfrentar una gran oleada de críticas, porque, además, ni es técnico ni un gran archivista”.

Un artículo de la revista SEMANA publicado hace un año, cuando su libro salió a la venta, afirmaba lo siguiente: “Al preguntarse sobre el significado de la identidad colombiana y la importancia de la hispanidad en su formación, Serrano afirma que en Colombia no hubo conquista, sino la llegada de españoles, en su mayoría andaluces, que expulsados de la península buscaban la tranquilidad que su tierra natal les negaba (...). Para él, el carácter pacífico de los peninsulares hizo que en la sociedad colonial, base de la identidad colombiana, reinara la paz durante 300 años (...) Para sustentar su hipótesis, el autor recurre a polémicas afirmaciones como que en este territorio no hubo una masacre indígena, al estilo de México o Perú, y que su descenso demográfico se debió a las enfermedades traídas por los españoles. Y va más allá: dice que en el Reino de la Nueva Granada, al no haber grandes plantaciones esclavistas, los esclavos africanos tuvieron la opción de ser libres y establecerse en un territorio virgen donde no se enfrentaron con los descendientes de los españoles ni con los indígenas”.

La reciente controversia que levantó la confirmación de Darío Acevedo al frente del CNMH giró precisamente sobre su postura revisionista. Sus declaraciones de abierta negación de la existencia de un conflicto armado interno en Colombia causaron la indignación de organizaciones de víctimas, quienes decidieron retirar sus archivos del Centro, y motivaron fuertes respuestas del departamento de Historia de la Universidad Nacional. En esa línea, el problemático acercamiento de Serrano a la historia colonial de América seguramente generará resistencia de investigadores e historiadores.

No obstante, algunos ven con buenos ojos su llegada a la dirección del Archivo General. “Sé que sus libros de historia han causado mucha polémica porque él defiende en ellos, de manera muy heterodoxa, hipótesis que son ‘políticamente incorrectas’. Esas hipótesis tienen que ver con una defensa de la hispanidad como un concepto muy amplio y muy complejo que resume todo lo español –de por sí mestizo y riquísimo, allá en España– pero fundido con lo americano también”, anota el escritor Juan Esteban Constaín, cercano a Serrano y uno de los primeros en reaccionar de manera positiva a su nombramiento en sus redes sociales. “Habrá muchas prevenciones contra su nombre por razones quizás ideológicas, pero hay que matizarlas con algo que me parece clave para el cargo en el que lo nombraron: Enrique no es una persona de vicios burocráticos, ni de aspiraciones políticas o de partido para entrar al sector público con una agenda dolosa y deliberada, con un propósito de distorsión y tergiversación de la historia. Él es, más bien, un amante del pasado y sus documentos, de los libros, de las huellas de la historia y su preservación, jamás su destrucción”.

La pregunta es, en últimas, cómo conciliará (al igual que Acevedo en el CNMH) sus controversiales acercamientos a la historia del país con un cargo que requiere el más delicado rigor archivístico, y del cual depende no poner en riesgo la gestión del acervo primario de nuestra historia.

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