Amor adolescente: ‘Un beso de Dick’, de Fernando Molano Vargas
Publicado: 15/04/2019
Por Luis Noriega*

Amor adolescente: ‘Un beso de Dick’, de Fernando Molano Vargas

Una reseña de Luis Noriega, uno de los diez críticos que escribió sobre los diez libros más interesantes, según ARCADIA, que estarán en la FILBo 2019.

Este artículo forma parte de la edición 162 de ARCADIA. Haga clic aquí para leer todo el contenido de la revista.

Un beso de Dick, de Fernando Molano Vargas
Planeta, 240 páginas

Felipe tiene dieciséis años, estudia noveno grado y está enamorado de Leonardo, un compañero de colegio. Ambos son adolescentes comunes y corrientes. Juegan al fútbol, se aburren en clase de Historia, van a sus primeras fiestas. Incluso se han dado en la jeta. El escenario parece dispuesto para el drama adolescente por excelencia: la incomprensión. La particularidad, la felicidad, de esta novela es que Felipe pronto descubre que el suyo es un amor correspondido: “Querido diario, dos puntos ¡Leonardo me ha dado un beso!”. Cursi, sí, porque el amor suele serlo, y el amor adolescente más, un hecho que de algún modo no pasa desapercibido para el narrador: “El problema es que no tengo diario”, anota de inmediato, y opta por marcar el día con una equis en el calendario. “Mejor una equis: los diarios son una mariconería”. Cursi también, pero, insisto, feliz. Porque así es el descubrimiento del amor y la sexualidad en Un beso de Dick. Para contarlo, Fernando Molano construyó una voz que de entrada sentimos auténtica –en una época dominada por los narradores poco fiables, Felipe destaca por su honestidad y transparencia– y una historia sencilla, cotidiana, que prescinde de grandilocuencias y afectaciones y, prácticamente, de conflicto: un idilio. Con la ventaja de que, a diferencia del otro gran idilio de la literatura colombiana, el amor de Felipe y Leonardo no es ni desdichado ni casto. Un narrador enamorado es casi por obligación un narrador ingenuo; sin embargo una de las virtudes de esta novela es, precisamente, que no es una obra ingenua. Un beso de Dick contiene las claves de su propia lectura, y eso es parte de su grandeza. Felipe nos cuenta que quiere hacer una película, una película romántica, una historia de amor más o menos convencional, en la que solo al final el chico se anima a confesarle a la chica sus sentimientos, y ni siquiera entonces puede hacerlo, porque se atraviesa la violencia, esa violencia que Molano ha dejado fuera de la vida de Felipe. Cuando Felipe habla con su tía sobre el filme, esta se pregunta “cómo sería si fuera una historia entre dos muchachos: si él se enamorara de un muchacho”, y Felipe le responde que sí, que consideró esa posibilidad, pero que con Leonardo la descartaron “porque todo el mundo pensaría que es como una historia de maricas. Y no una historia de amor”. La clave aquí es que Fernando Molano, el autor, ha escrito el relato que Felipe, el narrador, no cree posible filmar. Escribir un idilio en la Colombia de comienzos de la década de 1990 era ya una apuesta en contravía; escribir un idilio gay, mucho más. Quizás estábamos dándonos demasiada bala para ponernos a leer historias de maricas, por muy bonitas y auténticas que fueran. Molano se hizo el desentendido (para beneficio de su narrador enamorado: enamorarse es de alguna forma desentenderse) y el resultado fue una primera novela muy diferente a casi todo lo que se escribía entonces y, también, a lo que se había escrito antes y lo que se escribiría luego: una historia de amor adolescente única en la literatura colombiana.

Un beso de Dick ganó el Premio Nacional de Novela de la Cámara de Comercio de Medellín en 1992. Casi treinta años después, la novela no ha perdido nada de su originalidad y, lo que me parece más importante aun, nada de su fuerza y de su ternura. A estas alturas decir que es una obra de culto resulta tópico, pero la etiqueta además empieza a quedarse corta.

*Noriega es escritor y traductor. Ganador del Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez en 2016 por Razones para desconfiar de sus vecinos (Penguin Random House). También escribió los libros Iménez (Taller de Edición Roca, 2011) y Mediocristán es un país tranquilo (Penguin Random House, 2014).

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