Las fantasías de un infeliz: ‘La biblioteca en llamas’, de Susan Orlean
Publicado: 15/04/2019
Por Hernán D. Caro*

Las fantasías de un infeliz: ‘La biblioteca en llamas’, de Susan Orlean

Una reseña de Hernán D. Caro, uno de los diez críticos que escribió sobre los diez libros más interesantes, según ARCADIA, que estarán en la FILBo 2019.

Este artículo forma parte de la edición 162 de ARCADIA. Haga clic aquí para leer todo el contenido de la revista. 


La biblioteca en llamas, de Susan Orlean.
Traducción de Juan Trejo. Planeta, 395 páginas

¿Qué se pierde cuando desaparece una biblioteca? Susan Orlean no deja dudas sobre la magnitud de las pérdidas bibliográficas causadas por un incendio en la Biblioteca Central de Los Ángeles, el 29 de abril de 1986. Un capítulo de La biblioteca en llamas ofrece una lista, larga y espantosa. Algunos de los tesoros quemados aquel día: todos los libros sobre la Biblia; todas las biografías de la H a la K; todo el teatro estadounidense y británico; todo Shakespeare; noventa mil libros sobre astronomía, física, química, biología y medicina; cuarenta y cinco mil obras literarias de autores entre la A y la L; dieciocho mil libros de ciencias sociales; los volúmenes de arte impresos en papel satinado… “Cuatrocientos mil libros de la Biblioteca Central”, resume la autora.

La periodista estadounidense ya había escrito, entre otros varios, un libro peculiar y conmovedor titulado El ladrón de orquídeas (1998), adaptado al cine por Charlie Kaufmann y Spike Jonze bajo el título Adaptation. Ahora se dio a la tarea de reconstruir el llamado “gran incendio” de la Biblioteca Central. El resultado es un libro conmovedor sobre un episodio desastroso de la historia de Los Ángeles.

La biblioteca en llamas es, en gran medida, el relato de un misterio que –como los mejores– sigue irresuelto: tras la tragedia, un hombre llamado Harry Peak Jr. fue arrestado. Se había jactado con amigos de haber iniciado el fuego. Durante los interrogatorios se retractó y lo pusieron en libertad. Orlean rastrea la psicología de Peak, que, en su grandilocuencia y patetismo, es electrizante. Para Peak, escribe, “que notasen su presencia era un asunto de vital importancia”. Obsesionado (como quizá más de la mitad de los habitantes de Los Ángeles) con ser un actor exitoso, era poco más que un fracasado simpático: un mitómano con talento para contar historias y encantar en privado, pero víctima de pánico escénico en público; una “bala perdida” que “hacía algún trabajillo”, después se largaba y “no solía dejar nada a su paso”. Su vida “parecía una serie de relatos fantásticos, de escenas marcadas por lo ilusorio”. Y así, en medio de lo trágico, tiene algo de poético que Peak decidiera acusarse inicialmente –como un imitador moderno y deficiente de Eróstrato (el pastor griego que incendió el templo de Artemisa en Éfeso para que su nombre pasara a la historia)– y conseguir los proverbiales quince minutos de fama.

La biblioteca en llamas es, pues, la historia de las fantasías de un infeliz y un protocolo angustioso de un desastre evitable. Además, es una crónica atractiva de Los Ángeles, con sus delirios de grandeza, sus submundos sórdidos, su alma –la misma de los Estados Unidos– rota entre alucinaciones de Hollywood y peleas de pandillas, multimillonarios y legiones de pobres e indigentes. Ante todo, es una declaración de amor por las bibliotecas.

A partir del incendio de una biblioteca específica, Orlean terminó por escribir un reportaje sobre la fauna, las rutinas y las labores insospechadas que animan a las grandes bibliotecas públicas. Como ya lo mostraba bien el documental Ex Libris (2017), sobre la Biblioteca Pública de Nueva York, las bibliotecas son más que colecciones de libros e información. En ciudades que se convierten más y más en acumulaciones de condominios y centros comerciales y tiendas y restaurantes inaccesibles para quien no pueda pagar por ellos, las bibliotecas públicas son espacios abiertos de encuentro, refugio, pertenencia y soledades acompañadas. Son verdaderos templos de humanidad y civilización, inestimables lujos urbanos. Y eso es lo que se pierde cuando desaparece una biblioteca.

*Caro es periodista cultural y doctor en Filosofía de la Universidad de Humboldt de Berlín. Redactor de la revista de arte Contemporary And (C&) América Latina. Escribe sobre libros, filosofía y series de televisión para medios alemanes como Frankfurter Allgemeine Zeitung y Die Zeit, y medios latinoamericanos. Corresponsal de ARCADIA en Berlín.

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