El retrato desconocido de Bolívar
Publicado: 23/04/2019
Por Sytze van der Veen*

El retrato desconocido de Bolívar

Esta es la historia de una pintura de Simón Bolívar que terminó en un museo escocés, y que hoy es portada del nuevo libro del historiador que escribió este artículo. La historia de esa pintura está en medio de la relación entre La Gran Holanda y la Gran Colombia, dos proyectos de nación que se dieron casi al mismo tiempo.

Hace unos años escribí un libro sobre las primeras relaciones entre la nueva República de Colombia y el igualmente nuevo Reino de los Países Bajos: un episodio, poco conocido, que ocurrió entre 1815 y 1830. La transformación de Holanda en una monarquía, en 1815, fue un desvío en su historia, pues hasta entonces había sido una república y nunca volvería a serlo. Este reino del siglo XIX era muy diferente del actual. Tuvo como origen la unión de Holanda, Bélgica y Luxemburgo, y por eso nos referimos a ella como la Gran Holanda, para distinguirla del país actual. Su historia es análoga a la de la Gran Colombia, que abarcó los actuales Estados de Colombia, Venezuela, Panamá y Ecuador. En todo caso, fue durante la preparación de la edición colombiana de este libro que encontré un retrato desconocido de Bolívar.

Bolívar por Francis Martin Drexel, 1827, antes de la restauración. Smith Art Gallery and Museum, Stirling (Escocia).

Sin embargo, antes de hablar sobre la historia detrás de este retrato, me gustaría detenerme en algunos detalles del contexto histórico que hoy conmemoramos con las celebraciones del Bicentenario. Los dos “superestados” transitorios a los que me refiero coexistieron a ambos lados del Atlántico y perecieron simultáneamente en 1830. La Gran Holanda se hundió cuando Bélgica se separó; asimismo la Gran Colombia, poco antes de la muerte de Bolívar, desapareció tras la separación de Venezuela y Ecuador. Guillermo I, rey de la nueva monarquía en Holanda (separado por siete generaciones del rey actual, Guillermo Alejandro), aparece en esta historia como el polo opuesto de Bolívar, presidente de la república original. Y el reino neerlandés de hoy es la mitad de lo que fue hasta 1830, así como la Colombia de hoy es la mitad de la república madre.

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Antes del doble fracaso hubo un acercamiento interesante entre la Gran Colombia y la Gran Holanda. Los primeros contactos surgieron durante la guerra de Independencia, cuando agentes colombianos compraron armas en Holanda. Un lugar estratégico de acercamiento fue la isla neerlandesa de Curazao, situada frente a la costa grancolombiana, hoy en día costa venezolana. Guillermo I abrigaba el sueño de convertirla en el almacén central del comercio holandés con Latinoamérica, especialmente con la Gran Colombia. Por este motivo, las relaciones comerciales fueron un factor central en el reconocimiento que la corona holandesa le dio, antes que otras potencias, a la nueva república. Un segundo factor, no menos importante, fueron las aspiraciones de Guillermo, que quería posicionar a su reino como una gran potencia en la política internacional y a sí mismo como el gran estadista de su época. Hay copiosos documentos en el Archivo Nacional de los Países Bajos que registran este momento político, además de detalladas cartas consulares que relatan los acontecimientos colombianos de la época. Por este motivo, el Bicentenario de Colombia es también, para los Países Bajos, el bicentenario de un período de relaciones colombo-holandesas.

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Por suerte, la relación diplomática entre ambas naciones se recuperó rápidamente de haber comenzado con el pie izquierdo. Como lo relató el embajador Jeroen Roodenburg recientemente en una ceremonia binacional, su predecesor Joseph de Stuers, el primer diplomático holandés en Colombia, murió en 1827 a raíz de un frasco de perfume roto. Triste e increíblemente, una discusión entre el diplomático y un joven oficial colombiano, a raíz de la posesión de un perfume, acabó en un duelo en que el holandés resultó vencido. Al parecer colombianos y holandeses también comparten ciertos mitos fundacionales basados en recipientes rotos. 

Pintura olvidada

De vuelta al propósito de este artículo, el descubrimiento de un retrato desconocido de Bolívar se dio en las etapas finales de preparación de la edición colombiana del libro. Cuando debíamos escoger el diseño de portada y contraportada, la editora y yo acordamos incluir imagines de los dos protagonistas del libro en la contraportada: Bolívar y Guillermo I. Aunque estaba seguro de que conocía todos los retratos de Bolívar, decidí hacer una última búsqueda en internet. Para mi sorpresa, encontré un blog del 31 de agosto de 2018, del Smith Art Gallery and Museum en Stirling, Escocia, en que se anunciaba el descubrimiento de un retrato desconocido de Bolívar. Inmediatamente contacté al museo, y nos permitieron incorporar la imagen.

Este museo fue erigido en 1874, conforme la última voluntad del pintor y coleccionista escocés Thomas Stuart Smith (1815-1869). En su testamento, Smith dejó principalmente dos cosas: los fondos necesarios para la construcción del edificio y toda su colección privada de arte. Entre los cuadros de la colección estaba el retrato de un militar anónimo, que se guardó en un depósito del museo y fue relegado al olvido por más de un siglo. Hasta que en una inspección reciente, el personal del museo halló el cuadro en condiciones tan lamentables que no tenían más opción que tirarlo a la basura o hacer una inversión significativa para restaurarlo. Finalmente optaron por lo segundo, y en el proceso de restauracíón lograron rescatar la firma, hasta entonces oculta, del artista: Francis Martin Drexel (1792-1863). Tras una serie de investigaciones, un colaborador del museo pudo constatar que la persona representada era Simón Bolívar.

Bolívar por Francis Martin Drexel, 1827, después de la restauración. Smith Art Gallery and Museum, Stirling (Escocia).

La pintura restaurada fue enmarcada y adornada con el texto: “The Wallace of South America / El liberador Simón Bolívar (1783-1830) / F.M. Drexel (1793-1837) [léase: 1863] / Bequest of Thomas Stuart Smith”. A la izquierda aparecen los países “Bolivia Venezuela Colombia” y, a la derecha, “Ecuador Peru Panama”. El epíteto “Wallace of South America” alude a la historia de Escocia y, exactamente, a la de Stirling. William Wallace fue un héroe de las guerras medievales de independencia de Escocia contra Inglaterra y se hizo célebre al salir victorioso de la batalla de Stirling en 1297. Allí, el “libertador” Wallace es una celebridad local, cuya fama seguía viva ocho siglos después cuando a Bolívar le fue atribuido ser el Wallace de América del Sur.

Pintor viajero

Hacia 1850, sin que se sepa exactamente cómo, el cuadro de Drexel llegó a manos de Thomas Stuart Smith, que en aquel entonces vivía en Londres. Para reconstruir la historia de la obra hay que seguir las huellas del pintor Drexel. De origen austriaco, emigró a Estados Unidos en 1817. Se estableció como pintor en Filadelfia y allí se casó en 1821. Cinco años después viajó a Perú y se quedó otros cuatro años en Latinoamérica. En 1830 volvió a Philadelphia, donde se reveló como hombre de negocios: en 1837 fundió el banco Drexel & Co., que a lo largo del siglo fue una de las grandes instituciones financieras de los Estados Unidos. Drexel murió en 1863 en un accidente de tren, y su hijo Anthony asumió las riendas de la empresa. Este Drexel junior, gran capitalista, fundó la Universidad Drexel en 1891, en Filadelfia. Hoy en día, esta universidad (de 25 mil estudiantes) conserva el diario de los viajes de Francis Martin Drexel en Latinoamérica, archivo que también se puede consultar en el sitio web de la universidad.

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El diario de Drexel comienza con su llegada a Guayaquil a finales de 1826. Allí embarcó hacia Callao, Perú, y llegó a Lima el 24 de diciembre. Esta fecha plantea un problema cronológico, pues Bolívar no estaba en la capital peruana en ese momento. Había salido de Lima en septiembre de 1826 y hacia finales del año se encontraba en Venezuela reprimiendo la Cosiata, el primer movimiento independista venezolano, y reconciliándose con el caudillo José Antonio Páez. ¿Cómo pudo Drexel pintar un retrato del Libertador en su ausencia? La única solución –y también un desengaño ligero– es que reprodujo otro retrato.

Antes de viajar a Chile y Bolivia, Drexel permaneció en Perú hasta julio de 1827. Durante esos seis meses en Lima, y de acuerdo con las listas de su diario manuscrito, pintó alrededor de cuarenta cuadros, una producción impresionante. La lista muestra, además, que no pintó uno sino dos retratos de Bolívar. Los hizo entre la última semana de febrero y la primera de marzo. El primero fue comisionado por el comerciante inglés John Begg, y el otro por el señor peruano Lobas Saltana. La copia del Saltana se encuentra actualmente en la Casa de la Libertad en Sucre, cuna de la indepencia boliviana. Begg, por otro lado, se llevó su ejemplar de vuelta a Inglaterra, y unos veinte años más tarde el cuadro terminó en posesión de Thomas Stuart Smith. Fue así como luego acabaría formando parte de la collección del museo en Stirling. 

Pinturas peruanas

Queda la pregunta de cuál retrato fue el que Drexel copió. En aquel entonces no había muchos pintores en Lima, y solo hay dos candidatos factibles: Pablo Rojas (1780-1839) y José Gil de Castro (1785-1841). A Rojas se le conoce un retrato que hizo de Bolívar en 1825, pero este no guarda ninguna semejanza con la copia de Drexel: la expresión del rostro y también el aspecto del uniforme son muy diferentes. Por otra parte, Gil de Castro produjo tres retratos de Bolívar. El primero es de 1825, o posiblemente un poco antes, hecho en un estilo sencillo y cándido: se trata de una imagen encantadora de Bolívar –de medio cuerpo y con bigote– que se encuentra en el Museo de Arte de Lima. A primera vista se nota que este cuadro no ha sido el ejemplo de Drexel, pues las diferencias son evidentes.

Bolívar por José Gil de Castro, ca. 1825. Museo de Arte de Lima.

El segundo retrato de Gil representa a Bolívar de cuerpo entero como Libertador victorioso, ahora sin bigote (Bolívar se lo afeitó en octubre de 1825, quizá con la intención de hacer un debut “debigotado” en este cuadro). Lo vemos con la mano derecha metida en la chaqueta de su uniforme de gala, y con la mano izquierda agarrando la espada de oro que los peruanos le regalaron después de la Batalla de Ayacucho. De esta obra, que debe ser de octubre de 1825, hay dos versiones. Una es la que Bolívar le envió el 29 de octubre de 1825 a su compañero de armas inglés, el general Robert Thomas Wilson; y la otra es del 10 de agosto de 1826, que le regaló a su hermana María Antonia en Caracas. Sabemos que Drexel no tuvo acceso a ninguna, pues ninguna de las dos versiones seguía en Lima cuando él llegó a la ciudad.

Bolívar por Gil de Castro, 1825. Casa de la Libertad, Sucre (Bolivia). Es el ejemplar que Bolívar regaló a Robert Thomas Wilson; su hijo Belford Hinton Wilson lo devolvió a la República de Bolivia en 1840.

El único retrato que Drexel pudo copiar en 1827 es el tercero que Gil pintó, también de cuerpo entero. Muestra a Bolívar en la misma postura que el segundo, en el mismo uniforme de gala y con la misma espada de oro. Este cuadro es otra copia del anterior, aunque con fondo y suelo diferentes, y con otras adapciones. Abajo, al lado izquierdo, tiene una viñeta elíptica con un texto que menciona que Bolívar murió el 17 de diciembre de 1830, en la hacienda de San Pedro cerca de Santa Marta. Arriba hay una banderola con las palabras: “El Perú recuerda los hechos heroicos venerando a su Libertador”. Por la referencia a la muerte de Bolívar, algunos escritores piensan que Gil pintó este retrato en 1831.

Sin embargo, con base en el diario de Drexel, creo que Gil lo pintó mucho antes, en 1826, como copia de su propia obra que estaba a punto de salir al extranjero. El pintor incorporó la viñeta y la bandera cinco años más tarde, después de la muerte de Bolívar. El 16 de febrero de 1827, Drexel escribe que vio un retrato de Bolívar, de cuerpo entero, pintado por Gil. Sin duda debe ser este tercer retrato, pues los otros dos ya habían desaparecido de Lima.

Bolívar por Gil de Castro, 1826. Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú, Lima. Drexel copió la parte central para su retrato de medio cuerpo. Gil aplicó la viñeta y la bandera después de la muerte de Bolívar.

En cualquier caso, a Drexel nunca le gustó el cuadro, pero a pesar de su aversión hizo dos copias que empezó a pintar tan solo una semana después. Si se compara el retrato restaurado con el de Gil, es inevitable concluir que Drexel reprodujo la obra del pintor peruano. El original, más grande, mide 2,30 x 1,65 metros, y Drexel no lo copió en su totalidad; se limitó a la parte central y representó a Bolívar de medio cuerpo. Pero el uniforme de gala es el mismo, así como la expresión del rostro. En esta tercera versión, Gil había representado a Bolívar algo envejecido, al menos en comparación con el retrato anterior. Su pelo sale peinado hacia atrás lo cual le ensancha más la frente. Estos mismos rasgos aparecen en la reproducción de Drexel, y son visibles a pesar de que adaptó un poco la forma del rostro.

En conclusión, Drexel copió, en 1827, una obra de Gil que, a su vez, ya era la copia de otra obra propia. Estamos, pues, frente a un retrato desconocido de Bolívar que, sin embargo, es la reproducción de una obra conocida. Por esto vale la pena visitar Stirling, que además de ser cuna del fútbol más antiguo del mundo, ahora contiene el más reciente retrato restaurado de Bolívar.

 

*Historiador holandés con especial interés en el mundo hispánico y autor de La Gran Colombia y la Gran Holanda, editado por el Banco de la República y publicado en enero de 2019



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