Crímenes y castigo: 'La casa de Jack', de Lars von Trier
Publicado: 23/04/2019
Por Pedro Adrián Zuluaga

Crímenes y castigo: 'La casa de Jack', de Lars von Trier

Pedro Adrián Zuluaga escribe sobre la más reciente película del director danés, que se estrena este jueves 2 de mayo en Colombia.

La trayectoria criminal de un asesino en serie es reconstruida por Lars von Trier en cinco incidentes y un epílogo. En estas líneas escuetas se puede resumir la última provocación del director danés, con la que vuelve a la carga para enfrentar, al tiempo, sus contradicciones y a sus contradictores. En vez de escabullirse de los malentendidos que su cine provoca, Von Trier reflexiona sobre ellos y los convierte en la materia de su arte.

Como ningún otro director contemporáneo, Von Trier compone sus películas a partir del contenido latente de sus pulsiones; las hace manifiestas, las expone en público y con ese gesto retuerce las ideas simples sobre la moralidad del arte. Él no pide que seamos cómplices de sus deseos o perversiones. No reclama esa pueril solidaridad del artista caprichoso; demanda del espectador un juicio crítico, le solicita que active su capacidad de argumentar y ser su Otro. La casa de Jack está edificada a partir de tal premisa y la incorpora en su narrativa.

El asesino en serie no se impone a la conciencia del espectador desde una mirada totalizante o una emotividad manipuladora. Por el contrario, el director pone a su personaje a debatir sus ideas y sus actos con un contrincante –Verge, interpretado por Bruno Ganz–; no es pues un filme sobre unas anécdotas, sino acerca del sentido de estas anécdotas. Son cinco incidentes seleccionados de manera en apariencia arbitraria, entre muchos otros posibles incidentes –léase asesinatos–. Con esto Von Trier acentúa la artificialidad del mecanismo narrativo y deja claro que contar es seleccionar, encuadrar, desviarse y, por sobre todas las cosas, buscar el significado de lo narrado.

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Lo que el director encuadra o selecciona tiene un sesgo consciente y deliberado (por el cual puede y debe responder). Entre todos los crímenes disponibles para representar, Von Trier elige concentrarse en las víctimas mujeres. ¿Lo hace solo para darles combustible a las reiteradas acusaciones de misoginia que recaen sobre sus películas? Sacar esa conclusión sería desestimar su complejidad como ser humano y como artista. Von Trier busca que demos la vuelta a ese prejuicio, y que como espectadores indaguemos sobre nuestra propia misoginia, que nos veamos viendo y sintiendo placer por la violencia (repetida en el montaje) contra esas víctimas que son tan insufribles que nos hacen anticipar, invocar y desear su muerte. No solo nos provoca, también nos intranquiliza. Busca que dudemos de una moral construida a partir de eslóganes fáciles de corrección política o buenas intenciones.

El director asume que el arte es el lugar para tener ese careo con el instinto y el prejuicio, para darles salida a las pulsiones y hacerse cargo de sus consecuencias. El asesino en serie no es un individuo más allá del bien y del mal; no solo paga por sus actos –contrario a lo que piensan muchos intérpretes del filme–, sino que busca afanosamente dejar rastros que les permitan a la ley y el orden ejercer su peculiar castigo. El brillante epílogo nos muestra a Jack en el infierno, acompañado por un Verge que ya antes había sido anunciado como una especie de Virgilio que acompaña a un poeta de la muerte, a un Dante moderno capaz de descifrar la naturaleza del mal.

Nada más lejano en esta película de implacable precisión argumentativa que una exculpación de los actos del protagonista o una defensa de la excepción moral del genio criminal. Jack, y también Von Trier, sin duda creen que el asesinato puede alcanzar la estatura de las bellas artes. Aun así, ese criminal debe cotejar lo que hizo. La belleza no es soberana. Von Trier es un agudo moralista. Pero sabe que toda moral enfrenta el mal, discierne la forma y la cualidad de su extensión y asedio. De lo contrario sería una moral vacua: un fraude o un autoengaño. Si Ninfomanía no era un filme sobre el sexo sino sobre la posibilidad de narrarlo, La casa de Jack no es la película de un asesino en serie; es sobre el inevitable infierno de la culpa y la responsabilidad.


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