ROJAS: el retrato de un país que duele y migra en busca de oportunidades
Publicado: 20/05/2019
Por Angélica García Avendaño

ROJAS: el retrato de un país que duele y migra en busca de oportunidades

A través de un drama familiar, la obra reflexiona sobre la crisis migratoria y sobre cómo Colombia y Venezuela se han refugiado en el otro en sus horas más oscuras.

A diario las noticias presentan titulares sobre miles de venezolanos que cruzan la frontera. Estos trascienden la letra escrita, y se vuelven visibles en lugares como transmilenio. Se ven familias, ancianos, mujeres con niños en brazos, jóvenes, estudiantes. Y en las calles, para muchos el único refugio son algunas cajas y cartones. Duele escuchar en algunas tiendas de barrio susurros xenofóbicos, cargados de irrespeto y apatía para referirse a los migrantes. Muchos locales parecen olvidar que, años atrás, muchos compatriotas fueron a Venezuela a buscar un futuro mejor. Muchos hombres, mujeres, muchas familias como los Rojas, que protagonizan la obra Rojas del director Víctor Quesada.

Haber nacido en un país como Colombia, fracturado y atormentado por la violencia, la injusticia, el desplazamiento forzado y la falta de oportunidades para la mayoría, implica cargar historias difíciles. Todos tenemos un abuelo,  una tía, una mamá o un papá víctima de esos varios males atados a nuestra nacionalidad.

Con coraje, Laura Calderón, dramaturga y actriz del montaje de Rojas, revivió su historia. La escribió para las tablas con el apoyo de Víctor Quesada, quien dirige la obra. La historia relata la vida de una familia campesina que huye de su país para buscar un futuro más próspero, un relato que a pesar de situarse en los ochenta sigue vigente. La familia Rojas es miles de familias colombianas que emigraron a Venezuela en años de bonanza petrolera. El arco de la historia parece salido de un cuento de Gabriel García Márquez, o de un libro de premoniciones, pues abruma encontrarse ahora con una Venezuela devastada por la corrupción, la pobreza, el vandalismo y la muerte; una Venezuela que solía inspirar a países como Colombia y que hoy añora un cambio drástico que le permita reconstruir su tejido social podrido. Hoy, Colombia recibe a diario venezolanos que -al igual que la familia Rojas- buscan un mejor porvenir o escapar de la miseria de su país. Lo triste es que aquí, en Colombia, no hay bonanza petrolera, y un futuro mejor es muy difícil de encontrar… incluso para los colombianos.

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La pobreza y falta de oportunidades como motivo de migración nos hermana con Venezuela. Eso asegura Víctor Quesada, director de la obra, quien también revela que el montaje surgió de un encuentro académico y artístico en los salones de la Universidad Javeriana. Cuando las ganas de escribir y actuar se juntan con las ganas de enseñar y motivar a la creación, los procesos se enriquecen y se impregnan de amor y pasión, algo que evidencia esta puesta en escena; “Me ilusiona que cada una de las personas con las que me encuentro en un aula pueda potenciar y buscar su voz, y verlo en Laura Calderón es un gran regalo y estímulo”, contó el director.

En Rojas se desnudan dos problemáticas muy propias de nuestra idiosincrasia: la migración y el abandono. Creo que, de alguna forma, quienes decidimos partir de nuestro país lo hemos hecho con el anhelo inmenso de encontrar una vida mejor y regresar. Pero la migración no siempre es positiva: en este relato la trastoca una tragedia que le impide a Remedios, la voz femenina de la historia, regresar a su país. Entonces, su cuerpo e ilusiones quedan suspendidas en tierras ajenas, dejando a tres hijos y a Joaquín, su esposo, quien decide huir y abandonar su compromiso.

El retrato del abandono de su padre y muerte de su madre. Foto: Lia Zafra 

Foto: Lia Zafra

La obra tiene un elemento mágico: coincide con una realidad social de estos tiempos de migración y abandono. Esta vez es Colombia la que recibe a unos vecinos que han tenido que acostumbrarse a otras tierras, a otras formas de vivir, de sentir y de respirar, a un país donde el trabajo no es sencillo y no tiene tantas oportunidades para ofrecerles. Cuando escuchamos voces diciendo en llanto que sólo anhelan que las cosas cambien para volver a su país con su madre, abuela, familia, se acude al arte para buscar respuestas o refugios, y se da cuenta de que no las tiene. Pero que en el ejercicio de la creación  se logra hacer catarsis y que ‘el otro’ entienda que muchos vivimos el miedo, el dolor y la impotencia en distintas épocas de la vida.

Ahora Los Rojas son venezolanos, obligados a salir de su país, ahora Remedios muere de tristeza, olvido y hambre en alguna ciudad, campo o montaña de Colombia, ahora Joaquín abandona a sus hijos en tierras colombianas, y se queda allí con la zozobra y culpa de no enfrentar la vida, ahora esos tres hijos, son tres venezolanos que acompañan a sus padres a pedir en los transmilenios de una fría ciudad, que poco sabe de calor, amabilidad y generosidad. Sin embargo, ante el abandono y el miedo que a veces produce salir de casa, quedan espacios como una sala de teatro, quedan personas sensibles como los artistas, y queda el arte, para emocionar, para sacudir, y para hacer memoria.

Un día era Colombia huyendo de la guerra. Ahora es Venezuela huyendo de sus días negros, y pidiendo refugio y ayuda. La pregunta es: ¿Quiénes somos nosotros y qué rol vamos a jugar en esta crisis y migración de Venezuela?

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Información general

Fecha: Del 10 de mayo al 8 de junio de 2019

Hora: 8:00 p.m.

Lugar: Casa del Teatro Nacional  (Cra. 20 #37-54)

Boletas: $36.000 – Descuento de Estudiante.


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