“Estamos asumiendo un compromiso sin precedentes”: habla el viceministro de Economía Naranja
Publicado: 29/05/2019
Por Camilo Jiménez Santofimio*

“Estamos asumiendo un compromiso sin precedentes”: habla el viceministro de Economía Naranja

Una conversación con David Melo, quien desde el viceministerio de la Creatividad y la Economía Naranja tiene la labor de coordinar once entidades del Estado, articular comunidades y municipios en todo el país y hacer realidad la muy publicitada política de economía naranja del gobierno de Iván Duque.

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Hace pocas semanas, David Melo me recibió en la sala de espera de su despacho en el ministerio de Cultura, en el centro de Bogotá. Un tipo alto y sonriente, de voz y gestos amables, pero siempre un poco apresurado, ese día había abierto un espacio en su agenda para responder a mis preguntas sobre la política de economía naranja que el presidente Iván Duque abanderó desde que era candidato, y que hoy es una apuesta tan vigorosa como ambiciosa y compleja de su gobierno. En la oficina amplia de techos altos, repleta de documentos y con un afiche de alguna película colombiana en la pared, me esperaban una mesa larga, cuatro asesores y una pantalla con “la presentación completa”, según me dijeron, del plan de Duque, la ministra de Cultura, Carmen Vásquez, y el propio Melo para impactar la cultura en los próximos tres años.

Si a Duque y su asesor y amigo Felipe Buitrago les ha correspondido la promoción y defensa política de la economía naranja, y a la ministra Vásquez más bien la puja por ver representados ahí al territorio y a los grupos étnicos del país, el rol de Melo, que tiene un pregrado de ingeniero civil, ha sido el de arquitecto. Este gestor e investigador cultural que, entre otras cosas, ha tenido sobre sus hombros la labor de internacionalizar el cine nacional, se posesionó el 13 de agosto. Y desde entonces ha recorrido Colombia para aterrizar el discurso del presidente en la realidad de un país conflictuado y para responder a un desafío a primera vista imposible: ¿cómo transformar en pocos años el sector cultural colombiano? ¿Cómo hacerlo partícipe directo de las políticas de desarrollo? ¿Cómo integrarlo de manera explícita a la economía?

Nueve meses después, incluida la economía naranja en el Plan Nacional de Desarrollo y desplegados ya sus equipos y parte de sus presupuestos, la respuesta es un plan robusto que articula a once entidades del Estado y que busca “proteger y promocionar nuestra cultura y el desarrollo de la economía naranja”. Mientras se alista para comenzar la entrevista, entre chistes, vistazos al celular y documentos que le pasan sus asesores, Melo parece orgulloso de su logro. Ahora, sin embargo, se trata de llevar a cabo el plan, de lograr consolidarlo antes de 2022 y de hacer que los segmentos más críticos del sector comiencen por entenderlo y terminen por aceptarlo.

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¿Podemos ahora sí llamarlo oficialmente viceministro de la Economía Naranja?

Sí, ya formalmente. Cuando a finales de marzo nombraron a José Ignacio Argote en el viceministerio de Cultura, también me nombraron a mí viceministro de la Creatividad y la Economía Naranja.

Comencemos con una pregunta básica. ¿Por qué decidieron usar el término economía naranja? ¿Por qué no hablaron desde un principio más bien de industrias creativas?

La ministra Vásquez, José Ignacio y yo hemos recorrido el país para sostener un diálogo que nos permita construir esta política y afinar su objetivo de manera cuidadosa alrededor de la economía naranja. Hemos definido que nuestro énfasis estará en la relación entre cultura y economía. De hecho, pensamos que incluso es mejor hablar de la conexión entre cultura y desarrollo. Nos gusta pensar en el concepto de “libertades creativas” del nobel de Economía indio Amartya Sen. Como otros teóricos, Sen plantea que la cultura es una dimensión esencial del desarrollo. Pero, más particularmente, considera que hoy la libertad de creación encarna esa dimensión esencial. Por eso hablamos de un viceministerio ligado a la creatividad y la economía naranja.

De todas formas, el gobierno ha priorizado la economía naranja. ¿Por qué se hizo sonar tanto ese término? Se lo pregunto porque ahí ha estado un foco del debate: en que parece haberse puesto de primero el factor económico.

Nuestro concepto de economía naranja, como dije antes, parte de que la creatividad es un valor central para el desarrollo. Y hablamos de economía naranja porque hemos decidido poner el foco en la relación entre la economía y tres grupos diferentes: las artes y el patrimonio; las industrias culturales, y las creaciones funcionales. Esto quiere decir que entendemos que hay una dimensión de la cultura inserta en lo cotidiano, que exige responsabilidad del gobierno; que hay otra que es mixta y tiene un nivel de inserción en el mercado; y que hay una más donde están las creaciones funcionales que, si bien tienen externalidades positivas, como lo diría un economista, también contribuyen, desde la creatividad, a formar ciudadanos integrales. Esta última dimensión, que envuelve por ejemplo a la publicidad, el diseño y los contenidos digitales, ha estado usualmente más cerca del mercado. Entonces, también aquí el acompañamiento del Estado puede ser un diferencial.

Explique cómo se desarrollará la relación entre la economía naranja, y las artes y el patrimonio.

Este ministerio sigue pensando en la creación y el patrimonio como sus responsabilidades principales. Así lo define la Ley de Cultura y así lo seguimos entendiendo. Sabemos que la función del Estado es la promoción, la preservación y la protección de las artes y el patrimonio, y por eso vamos a mantener y potenciar programas que el país ya conoce.

¿Cuáles?

Le voy a hablar de tres casos. Uno son las “bibliotecas itinerantes”, con las que en cuatro años queremos cubrir seiscientas bibliotecas, principalmente en población dispersa o población en zonas rurales. El segundo tiene que ver con nuestro objetivo de construir cuatro escuelas taller y apostarle a lo que llamamos “talleres escuela”, lo cual implicará estar hasta 2022 en doscientos talleres de personas que ejerzan un oficio tradicional para preservarlo y transmitirlo a los jóvenes. El tercer proyecto que quiero señalar es un gesto muy fuerte que estamos haciendo mediante el programa de estímulos. Recibimos un programa del orden de doce mil millones de pesos, y hoy lo estamos casi duplicando.

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¿Pero ese aumento se da en beneficio de las artes y el patrimonio, o más bien para apoyar proyectos “naranja”?

Incluirá un componente de economía naranja, sí. Pero aún sin eso estamos incrementando los recursos para la creación, para procesos de investigación, etcétera. Además, la gran novedad es que tenemos entre veinte y veinticinco entidades que de manera estructurada, como parte de la economía naranja del gobierno del presidente Duque, están desarrollando programas que complementan la tarea del ministerio y generan una nueva dinámica para la creación, lo cual es el objetivo específico de la economía naranja.

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Quiero detenerme en lo relacionado con las artes y el patrimonio. En la economía naranja, ¿qué rol tiene, por ejemplo, un artista plástico?

Esta persona está en un grupo que pretendemos acompañar de una manera especial. Entendemos que probablemente no tenga la pretensión de vivir de ese oficio, de hacer un emprendimiento o integrarse productivamente al mercado. Sus prácticas no tienen que tener fines de comercialización. Más bien, tienen que ver con la vida cotidiana, con lo que lo hace a uno, de manera integral, un ser humano. Alguien así entiende la cultura como nosotros la entendemos: como parte de la vida. Esa es una diferenciación fuerte que debemos hacer.

Según Melo, la economía naranja no afectará el fomento del patrimonio y la creación artística. Más bien, lo apoyará cuando sea necesario, especialmente en región. En la foto: una escena de las Fiestas de San Pacho, en Quibdó, Chocó.

Y si ese artista le preguntara de qué le puede servir el nuevo enfoque, ¿usted qué le diría?

Que estamos buscando fortalecer la relación entre creadores y audiencias, o entre quienes gestionan patrimonios y sus audiencias. Que nos estamos sentando en cada territorio, con cada organización, con cada persona. Que cuando la ministra resume el proyecto político de cultura que tiene este gobierno, habla de un proyecto que piensa “en cultura, territorio y economía naranja”. Estar en la cultura nos permite reconocer sus particularidades cuando se inserta en un plano de desarrollo o, más aún, de economía. Le diría que creadores, gestores e instituciones estamos construyendo una agenda pertinente que pueda sumar a los procesos culturales ya existentes.

Tomemos un ejemplo más. Usted estuvo hace pocos días en Neiva. ¿Concretamente qué debería hacer para beneficiarse de la economía naranja, digamos, un fabricante de tamboras?

Una victoria de nuestra agenda es que estamos expandiendo el marco institucional de forma que ese fabricante de tamboras puede tocar no solo las puertas de la Secretaría de Cultura, que es lo que se hace hoy, sino también de la Secretaría de Desarrollo, de Turismo, o la Cámara de Comercio, o el Sena, o Artesanías de Colombia. Y sobre las secretarías de Cultura hay que decir que nuestra política busca que dejen de ser las secretarías más débiles de las alcaldías y gobernaciones.

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¿Y si al fabricante le interesa solamente hacer excelentes tamboras?

Pues ahí estamos, de nuevo, hablando de un creador, y para los creadores tenemos la línea de estímulos o las líneas de patrimonio, que tienen que ver con procesos de formación, creación o conservación de las prácticas. El sistema de estímulos a la creación es un vehículo principal de nuestra responsabilidad de valorar una obra porque es importante más allá de que esté o no inserta en una dinámica de comercialización.

¿Lo apoyarán sin importar si hay o no un retorno financiero o un éxito comercial?

Claro, sin importar eso. Ahora bien, sí estamos interesados en discutir modelos de formalización para artistas o artesanos de sectores frágiles, en los que pensar en una dinámica así implica una mirada particular.

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La labor del viceministerio de Creatividad y Economía Naranja que coordina Melo se divide entre la exploración, la gestión y la articulación: recoge insumos para crear modelos para los diferentes territorios, promociona su línea de trabajo ante líderes locales y coordina el trabajo de una veintena de instituciones para poder ejecutar. Para llevar a cabo esto, la cartera creó consejos de economía naranja en los departamentos, en los que están la Cámara de Comercio, la Gobernación, la Alcaldía, las universidades, las cajas de compensación, las asociaciones, entre otras. En ese espacio, en el cual también participan otros ministerios, delegados de Impulsa, de Artesanías de Colombia y el Sena, la idea es concebir un plan de desarrollo departamental que haga encajar las demandas o necesidades locales en el plan nacional de creatividad y economía naranja. Con el apoyo de veinticinco agencias nacionales y cerca de ochenta programas, el viceministerio de Melo luego escogerá apuestas de corto, mediano y largo plazo.

¿Cómo piensan hacer para no convertirse en un pulpo con demasiados tentáculos, demasiados gastos y una operación casi imposible?

Ese podría ser un riesgo, pero vamos a depender mucho de los gobiernos locales. Es más, hay lugares en que ni siquiera serán las alcaldías ni las secretarías de Cultura el primer actor. Si no se puede de otra forma, a algunas regiones iremos con cooperación internacional o con responsabilidad social empresarial, o trabajaremos con organizaciones del territorio. En últimas, una de las cosas más interesantes de la economía naranja –y en eso Buitrago es muy eficaz al narrar, el presidente también– es que es una economía de fuerte colaboración.

Explique esto mejor.

Cuando veo que hay gente que piensa que “es que nos van a abandonar en el mercado”, me gustaría decir: “¡Es todo lo contrario!”. Lo que buscamos es más bien una fuerte presencia del Estado y un aprovechamiento de todas las cadenas de colaboración que se dan en el sector creativo y que deben activarse para que realmente se potencie la capacidad económica que pueden tener. Sabemos que en muchos casos la informalidad es enorme, pero también tenemos claro el potencial del impacto social de la producción creativa.

¿Qué harán si se encuentran con un líder local, un alcalde, por ejemplo, que no quiera trabajar con actores culturales o no considere que la cultura deba tener prioridad?

Aquí, aparte de lo que ya dije sobre cooperación internacional y la empresa privada, yo mencionaría a los Centros Sacúdete, que son del gobierno y sirven para promocionar la salud, la cultura, el deporte, la tecnología y el emprendimiento. Esta es una herramienta de asistencia y acompañamiento clave en regiones en que el desarrollo es menor, pero interesadas en asegurar la sostenibilidad de las potencialidades de su actividad creativa. Queremos enfrentar procesos difíciles, particulares, que exijan una respuesta específica, y por eso vamos a llevar todo lo que tenemos: desde lo más elaborado que propone Impulsa hasta lo más básico, que va a parecerse a lo que siempre hemos hecho. De hecho, nos han dicho mucho: “Pero esto es lo mismo de siempre”. Y lo cierto es que Colombia sí tiene una experiencia larga de economías creativas en el libro y el cine. Lo que estamos haciendo, entonces, es convocando a más actores.

¿Y los gestores culturales? ¿Cómo se integran a la economía naranja?

Los gestores están en una dimensión intermedia que me gusta resaltar. Ellos acompañan a los creadores para que sea posible al menos la visibilidad de una obra. Para ellos está un segundo programa esencial, el de Concertación, que es una gran plataforma que este año acompaña 2136 proyectos en el país. La mayor parte son expresiones que conforman el patrimonio cultural, pero también hay manifestaciones que tienen que ver con la creatividad. El Programa Nacional de Concertación se da por convocatoria, bajo parámetros que el país ya conoce, y la ministra Vásquez se ha comprometido a fortalecerlo como una iniciativa esencial para la sostenibilidad de procesos no insertados en lógicas del mercado.

Cuando supo que iba a hacerle esta entrevista, un gestor cultural bogotano me pidió preguntarle concretamente qué le brinda a él la economía naranja. ¿Qué responde?

Aunque hay un micrositio en el portal del ministerio en el que alojamos toda la información sobre cómo acceder a la economía naranja, un desafío fuerte que tenemos es una especie de oficina de orientación para los gestores, porque la oferta es tan amplia que efectivamente es difícil ubicarse. Yo recomiendo ver el sistema de incentivos para la economía naranja en tres grupos. Un grupo, que no es pequeño, tiene que ver con asistencia técnica. Otro grupo es el que busca financiación, para el cual tenemos el sistema de recursos no reembolsables, que son los programas de estímulos de agenda prioritaria que mencioné más arriba. Finalmente, está el grupo que requiere créditos, lo cual en realidad es lo más difícil. Los imaginamos utilizados por empresas con un poco más de trabajo en el sector, aunque hay pilotos que estamos acompañando: tengo salas de teatro que ya están entrando a gestionar un crédito de Bancoldex.

Creo que esta es una pregunta que, más allá de las diferencias obvias, sí se hacen muchos en el sector cultural. ¿Se enmarca Rappi en la economía naranja que usted defiende?

Nosotros, que estamos en el sector creativo, sabemos muy bien qué es creativo y qué no. Ahora, la creatividad desborda la capacidad de atención de un ministerio, incluso del consejo de economía naranja, porque la creatividad está presente en cualquier dimensión de la actividad humana. Además, Colombia tiene un valor excepcional en creatividad. En cuanto a Rappi, yo sí creo que su componente creativo, protegido por el derecho de autor, es el que está en la economía naranja. Ellos también son una plataforma logística y de mensajería, y eso ya nos supera. Pero no tengo la menor duda de que está cruzada con la economía naranja y de que buena parte de su valor innovador tiene que ver esto.

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Esta entrevista, en parte, también tuvo lugar con el fin de darles a Melo y a su equipo una oportunidad de responder a la portada de la revista ARCADIA de marzo. Acompañada de un artículo del periodista y escritor Antonio Caballero y un ensayo del experto en industrias creativas y desarrollo Germán Rey, la carátula de esa edición decía: “La economía naranja es una visión muy limitada de algo que cubre todo el abanico de lo humano”. Más allá de la misión de la ministra Vásquez y su viceministro, más allá de que se trate de una política pública cultural sin precedentes en Colombia, en el terreno político e ideológico, y en sectores tradicionales pero muy fuertes de la cultura, la economía naranja ha sido recibida con reserva y crítica. Se acerca el final de la entrevista, pero hay que abordar el tema.

¿Qué opina de lo que escribió Caballero?

Esa frase de la portada sobre economía naranja es una frase sensata, y nosotros mismos habríamos podido decirla. Si entendemos la cultura como todos los modos de estar juntos, que es la definición de la Unesco, o como el conjunto de toda la producción de los seres humanos, entonces la economía naranja es apenas una parte de lo que podemos hacer. No podemos estar sino de acuerdo con ese planteamiento.

Caballero también recuerda que Jacob Burckhardt dice que en la tríada Estado, religión y cultura esta última está para criticar a los primeros dos. ¿Caben la crítica y las voces disidentes en la economía naranja?

Claro, esa es la esencia de la política cultural: la diversidad de puntos de vista, de modos de estar en el mundo. Nosotros no podemos sino ser respetuosos de esa producción cultural, del pensamiento de los colombianos que se inserta en dinámicas de la economía, en lo que se publica en libros, en periódicos. Vuelvo a la libertad creativa de Amartya Sen, nuestro punto de partida en la política cultural. Y además uno entiende a analistas como Caballero, que han discutido el papel del Estado y de la institución cultural en la política pública y la realidad colombiana. Yo diría que es casi al revés: con esta política estamos diversificando las opciones para que un creador pueda tener los espacios que necesite para expresarse.

Hablemos del cineasta Rubén Mendoza, de su discurso en la inauguración del Ficci y el debate sobre la decisión de la Cancillería de no llevarlo al Festival Internacional de Cine Colombiano de Buenos Aires.

Yo le agradezco por la oportunidad de aclarar esto. Lo primero es que Rubén ha podido construir su obra sobre la base de la Ley de Cine, sobre la que yo en particular tengo un trabajo de años y que es una labor que en este gobierno vamos a potenciar. Con ella, Rubén produjo Niña errante y otras películas, y recibió para Niña errante un estímulo integral, que son los recursos públicos más altos que puede tener un proyecto cultural. Por otro lado, en el Ficci nunca habíamos estado con tanta fuerza como este año. Entonces a mí sí me sorprendió que ninguna de las voces que habló en ese debate hubiera señalado esa presencia tan fuerte nuestra, que es precisamente un producto de la apuesta en economía naranja. Creo que se actuó desde una agenda, y sí, el planteamiento de Rubén en el Ficci fue profundamente político. Y eso no debería ser un problema. Nuestra responsabilidad es responder, aclarar y siempre decir que para este ministerio la crítica es bienvenida y que los espacios están abiertos para ella.

Desde esa dimensión política, ¿por qué cree que algunos sectores han recibido con tantas reservas, temor o incluso rechazo la economía naranja?

Hay muchas personas que saben lo difícil que es ejercer una actividad creativa, cultural o artística en el entorno del mercado, y siento que manifiestan sus temores pensando que el Estado los va a abandonar. Pero yo quiero decirles que nunca hubo una presencia tan robusta del Estado. Lo segundo es que los temores más frecuentes vienen de dimensiones culturales que se han movido más en la práctica que en la formalidad. Aquí es importante que se sepa que no estamos obligando a nadie a formalizarse. Preferimos que las prácticas se mantengan como prácticas culturales y vivan en las dinámicas que su territorio les ofrece, pero que cuando nos busquen para identificar mejores formas de sostenibilidad nos puedan encontrar. No llegaremos igual de rápido a todas partes, y seguramente cometeremos errores. La ministra, el viceministro Argote y yo somos conscientes de que hay un trabajo de comunicación y estructuración de programas y acompañamiento que está en proceso. Seguramente nos va a tomar un tiempo ser completamente eficaces en comunicación y diálogo. Mientras tanto, entonces, habrá cierta tensión.

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A la economía naranja le quedan tres años en un país con desafíos sociales, políticos y económicos grandes. ¿Cómo hará para que dentro de ese abanico no quede la cultura, a pesar de todo, de última?

El presidente Duque es un gestor cultural que desde su trabajo en el bid le dio un lugar privilegiado a la reflexión sobre las relaciones entre desarrollo y cultura. Esta es una realidad de su gobierno, y es una novedad porque no ha sido un discurso de ninguno de los últimos veinte presidentes. Tenemos una estructura muy juiciosa. Este es mi tercer ministerio, y nunca antes encontré una respuesta tan rápida de todos los grupos de trabajo; nunca sentí tanta presencia calificada. Nos hemos puesto unas metas muy concretas, y estamos trabajando para conseguirlas. Estamos en un trabajo sin precedentes.

*Director de ARCADIA.

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