'31 minutos' confirmó en Bogotá por qué es el noticiero más popular del continente
Publicado: 30/06/2019
Por Felipe Sánchez Villarreal

'31 minutos' confirmó en Bogotá por qué es el noticiero más popular del continente

Como cuando agotaron todas las copias de su disco homónimo en Chile en el 2003, las marionetas del exitoso programa desbordaron en pocas horas tres funciones en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán. El show puso a cantar y a saltar, en uno de los momentos más memorables del aniversario 25 de Rock al Parque, a un público que poco tuvo de “infantil”.

No es desmedido decir que el primer noticiero al que la generación de los noventa en Latinoamérica le prestó genuina atención fue a 31 minutos. En un juego satírico con el nombre y la imagen de 60 minutos —el controvertido noticiero que la Televisión Nacional de Chile emitió entre 1975 y 1988, durante la dictadura militar de Pinochet—, sus creadores escribieron un informativo humorístico conducido por marionetas, de reportajes absurdos, desde cuya consciente ridiculez aventuraban comentarios sociales, educativos y subrepticiamente políticos sobre la actualidad chilena.

El irónico programa, creado por la productora Aplaplac en 2003 y conducido por el egocéntrico y vanidoso títere Tulio Triviño, fue uno de los fenómenos mediáticos y comerciales más contundentes de comienzos de siglo en el continente. En su aparentemente inocente cruce de la crítica de medios y la comedia de personajes, 31 minutos pasó en apenas un año de ser un producto cultural local de una temporada de 21 capítulos, a hacer realidad el mantra de Tulio de ser el “noticiero más audaz de la televisión”. No solo se renovó para dos temporadas adicionales que, de 2004 a 2007, la cadena Nickelodeon transmitió en toda América Latina, sino que cosechó cifras de audiencia insólitas y una amplificación que desafió la idea de que un programa cocinado en las variaciones idiomáticas y cómicas locales de un país no podía encontrar eco en otras geografías.

La acogida popular fue masiva desde sus orígenes y buena parte de su éxito ha estado anclado a su medular componente musical. El mismo año de su estreno, el lanzamiento del álbum 31 minutos (un compendio de las canciones de la primera temporada), ganó el Disco de Oro de su país al vender 10.000 copias a las pocas horas de su lanzamiento. Sí: aunque a sus contemporáneos les costara creerlo, un disco “infantil” se agotó en menos de un día. Allí, bajo el sello La Oreja, se agruparon algunas de las canciones más icónicas del programa, que se han sedimentado en el imaginario popular de las últimas generaciones: “Bailan sin César”, “Señora, devuélvame la pelota o si no, no sé qué haré”, “Yo opino” o “Mi muñeca me habló”.


En el Tremendo Tulio Show, tras rechazar el apoyo a un concierto "por los huérfanos sin zapatos", Tulio Triviño acepta hacer un homenaje a sí mismo. Foto: Cortesía

Con este y con 31 canciones de amor y una canción de Guaripolo, el disco que, con su guiño irónico a Neruda, reunió los temas de su segunda temporada, 31 minutos se ha confirmado como una de las apuestas culturales infantiles más relevantes de la década. En 2010 lanzaron una obra de teatro titulada Resucitando a una estrella, en 2012 se presentaron con un show en vivo en el prestigioso Festival Lollapalooza de Chile y en 2013 se bañaron en elogios por su presencia en el Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar, donde obtuvieron cuatro premios y la mayor sintonía televisiva de esa edición. Desde entonces, Tulio Triviño, Juan Carlos Bodoque, Juanín Juan Harry, Mico el Micófono, Mario Hugo y todo el staff de títeres, se han encumbrado, definitivamente, como celebridades regionales.

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Teniendo en mente estas consideraciones —sumadas al hecho de que en 2014 se produjo una cuarta temporada y en 2015 Cartoon Network volvió a emitir todo el programa a nivel continental— era apenas lógico esperar lo que sucedió este fin de semana en Bogotá. Después de la ola de emoción que sembró el anuncio de la presentación del show en vivo de 31 minutos como parte de la franja infantil del Festival Rock al Parque, las taquillas del Teatro Jorge Eliécer Gaitán se desbordaron el viernes pasado. Filas desaforadas de fans y revendedores que esperaban desde la madrugada agotaron en pocas horas los 5.000 cupos de las tres funciones gratuitas que el grupo chileno ofreció este domingo 30 de junio.

Y ese compromiso no fue en vano. Desde el primer segundo del show matutino, se ratificó lo evidente: Colombia no ha dejado de amar a 31 minutos y 31 minutos no ha perdido un ápice de su potencia creativa, sonora y humorística en los últimos dieciséis años. Entre enérgicos vítores y coros que clamaban “¡Tulio, Tulio!”, un público en el que, hay que decirlo, la audiencia infantil fue una minoría en medio de un grueso entusiasmado de jóvenes de 25 a 30 años que crecieron viendo el programa, vivió sin disminuir un segundo la energía el Tremendo Tulio Show.


La puesta en escena, con marionetas, músicos y visuales, sobrecogió a una audiencia que lo dio todo. Foto: Cortesía

Como suelen hacer, su puesta en escena se instaló en tres niveles: la banda, que toca e interpreta las voces en la plaza baja del escenario; la función de marionetas, que sobresalen en un imponente teatrino, y una pantalla con proyecciones. Y es que su espectáculo va más allá de la música. El show está ensamblado como un programa en vivo intercalado con canciones populares de sus episodios en un arco argumental que hace eco de las comedias de equivocaciones. En él, Tulio Triviño está deprimido, decide cancelar el apoyo a un show benéfico “por los huérfanos sin zapatos”, pero, para levantar su ánimo, lo convencen de hacer otro grandioso espectáculo: un homenaje a sí mismo. El problema que desata el conflicto es que para él todo homenaje necesita un acto de perdón. El suyo, le recomienda Juanín Juan Harry, debe ser disculparse con Cindy Miraflores, una novia a la que dejó plantada hace años en el restaurante del Dragón Chino. Pero al escuchar su nombre, a Tulio le da “un ataque de panicosis” (lo que sería al Chavo una “chiripiorca”) que lo mantiene congelado mientras los demás miembros de 31 minutos intentan hacer que “el show continúe”.

Por más de una hora y media, en ese ambiente de vodevil, euforia y risas, y mientras intentan reanimar a Tulio, todos los personajes desfilan e interpretan los grandes éxitos del programa, cada uno de los cuales es —lo saben los fans— “la canción favorita de Tulio”. La primera franja, que inmediatamente puso a tono al público, fue con “31 minutos instrumental”, “Ratoncitos”, “Doggy Style” y “Drácula, Calígula, Tarántula”. La diversidad rítmica y la calidad interpretativa en la multiplicidad de géneros por los que circula la banda (rock, folk, electrónica, disco, pop, country) se despliega canción tras canción. Y el público, al final de cada una, les daba sus correspondientes inyecciones de vigor.

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31 minutos hizo cantar a grandes y niños en un concierto cargado de nostalgia y euforia. Foto: Cortesía

Y fue así en todas las franjas, mediadas por los intentos del equipo del noticiero por darle la vida de vuelta, o encubrir, la parálisis de Tulio. Después de la segunda (“Mundo interior” y “Mi castillo de blanca arena con vista al mar”), se destruye una estatua en su honor que es reemplazada con él mismo; tras la tercera (“Amurrao”, “La señora interesante” y “Diente blanco no te vayas”, uno de los momentos más hermosos de la puesta en escena), se lo reemplaza por un muñeco inflable que estalla el Alcalde Puercoespín; tras la cuarta (“Objeción denegada”, “Son pololos” y “Lala”, que fue coreada con fuerza por todo el teatro), con una piñata y un fallido beso de amor. Y, tras la quinta (“Señora, devuélvame el balón, o si no, no sé qué haré” y “Mi equilibrio espiritual” y el megaéxito “Bailan sin César”), logra volver a la vida, solo para rechazar, con su habitual arrogancia, a Cindy Miraflores. Bodoque, Juan Harry y todo el combo lo dieron todo y el publicó les devolvió todo a cada uno. Más aún en el encore, donde niños, jóvenes y padres cantaron palabra por palabra y gruñido por gruñido “Mi muñeca me habló”, “Arwrarwrirwrarwro”, “El dinosaurio Anacleto” y el eufórico cierre con el tema principal, “Yo nunca vi televisión”.

Entre la teatralidad y la juguetonería, 31 minutos en el Jorge Eliécer Gaitán ha sido uno de los más memorables acontecimientos musicales del año. La acogida multitudinaria y el nivel del espectáculo pueden hacer de este uno de los momentos más invaluables de los 25 años de historia de Rock al Parque. Sí: un show en un teatro, en la franja infantil, se robó la atención de los punkeros y rockeros de los noventa, que saltaron con igual o más furor que la noche anterior con el death metal de Deicide al cantar:

Yo nunca vi televisión porque es muy fome
Yo prefería estudiar y hasta leer
Pero mi padre que es un loco y vende teles
Para mi santo me vendio un televisor.

Y descubrí un mundo nuevo y fácil
Que estaba en la televisión
No necesito amigos que me amen
Es la pantalla la que cumple esa función.

Después de un tiempo engordé me puse feo
Con el control ejercitaba solo el dedo
No me bañaba y comía porquerías
Hasta que un día explotó el televisor.

Y descubrí un mundo muy complejo
Que estaba en mi imaginación
Le revendí la tele a mi viejo
Ya soy feliz y ahora creo en el amor.

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