La novela isleña que inauguró el premio Elisa Mújica: una mirada a ‘Cristales de la sal’
Publicado: 24/07/2019
Por Camilo Hoyos

La novela isleña que inauguró el premio Elisa Mújica: una mirada a ‘Cristales de la sal’

‘Los cristales de la sal’, de Cristina Bendek, se suma a la corta pero necesaria lista de obras del archipiélago de San Andrés y Providencia.

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Ganadora del Premio de Novela Elisa Mújica para escritoras colombianas residentes en Colombia, organizado por Idartes y la editorial Laguna Libros, Los cristales de la sal, de Cristina Bendek se suma a la corta pero necesaria lista de obras del archipiélago de San Andrés y Providencia. Bendek escribe una novela que le permite realizar una radiografía de la isla relativamente actual de la voz la de su personaje Verónica Baruq, quien, luego de dejar México, decide regresar a cuidar la vieja casa familiar en la isla.

La experiencia de Verónica tiene un doble propósito narrativo: el reencuentro cultural con su familia prácticamente desaparecida y el contacto cotidiano con la cultura isleña y su pasado histórico. Descendiente de quien fue el mayor propietario de tierras en la isla, y uno de los más importantes esclavistas, Verónica comienza a indagar acerca de su pasado raizal desde una posición que siempre se encuentra con el mismo obstáculo: ella es una raizal blanca. A medida en que va trazando un círculo de amigos isleños, su relación con el creole también avanza. La lengua se utiliza en los diálogos como representación cultural de la isla.

Verónica se hace amiga de activistas raizales y los acompaña en manifestaciones de resistencia cultural, y esto le permite conocer la lucha por sus derechos y su necesidad por subsistir a pesar del olvido. Se trata de un retrato más de las muchas culturas marginales en territorio colombiano que se encuentran en una constante lucha por el respeto y el cumplimiento de sus derechos, narrada en voz femenina. A lo largo de la novela, en más de una ocasión un personaje nativo pone en tela de juicio el arraigo cultural de Verónica por el simple hecho de ser blanca, y esto representa un rico espacio de diálogo que propone la novela acerca de la multiculturalidad raizal y afrocolombiana. Desde el punto de vista de una cultura marginal, la obra entra de lleno en temas de identidad cultural y formas de resistencia poscolonial. La historia de la esclavitud en San Andrés está todavía por ser descubierta, incluso por encima de las leyendas del pirata Morgan y su cueva.

El libro también abre un espacio para la historia de la isla, como ya lo había hecho Hazel Marie Robinson con sus novelas No Give Up, Maan! (2002) o El príncipe de St. Katherine (2009). En esta obra, Bendek utiliza los diálogos, quizás en exceso, para traerle al lector un contexto político de la historia reciente de la isla con los derechos adquiridos en la Constitución del 91, que le permitieron pasar de ser una intendencia y convertirse en un departamento y hacer del creole su lengua nativa. Conocer la historia de la isla le permite también conocerse mejor a ella misma, una sanandresana blanca que perdió a sus padres cuando era una niña y desde entonces se desconectó de su pasado isleño.

A pesar de estos elementos que le permiten al lector acercarse como posiblemente nunca lo ha hecho a la realidad y al pasado de la isla, la novela acusa en muchas páginas una falta de recursos narrativos que hubieran podido hacer de la lectura una experiencia tan literaria como las largas noches de insomnio de Verónica escuchando el ventilador de su vieja casa. Bendek logra retratar de manera íntima y sensual la vida que Verónica comienza a vivir, para pasar a páginas en exceso informativas y poco narrativas sobre la historia de la isla. Esto no opaca la lectura en general, pero sí desconecta al lector de su protagonista.

Es una excelente noticia que el primer premio Elisa Mújica fuese para una escritora sanandresana, porque nos recuerda la variedad narrativa y cultural que aún no se ha leído en nuestro país. Este galardón representa la permanencia de un espacio en el que podremos conocer voces femeninas que reclaman un lugar para contar sus historias.


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