Cuando Jeff Koons le ganó a Marcel Duchamp
Publicado: 15/08/2019
Por Andrea Jiménez Jiménez 

Cuando Jeff Koons le ganó a Marcel Duchamp

Ambos artistas, juntos por primera vez, se exhiben en el Museo Jumex hasta el próximo 29 de septiembre. Ambos, con el protagonismo de ser definidores de su tiempo, convergen y dialogan, y puede que hasta riñan en la puja por las ‘selfies’.

Aquí hay un claro ganador, por paliza. Aquí hay uno que logra ready-mades más efectivos que el otro. Hay un conejo de acero plateado que brilla, que resplandece, dispuesto a fulminar al que sea con una zanahoria blandida como el cuchillo más letal. Ahí está Jeff Koons, con la obra de arte más cara de la historia, esgrimiendo el logro de ser el artista vivo más cotizado del momento, con todo lo que eso implica: críticas, siempre críticas al más contemporáneo de los contemporáneos, pero también levantando tras él –tras sus obras- esa irresistible sensación de posar junto al genio y su creación. En Ciudad de México, el primer domingo de junio, a las tres de la tarde, hay una fila de horas alrededor de una bailarina gigantesca, luminosa, posada sobre la terraza del Museo Jumex. El museo de moda de la temporada en la capital mexicana. Ahí adentro están dos de los apellidos más importantes de la historia reciente del arte: Duchamp vs Koons. Así, (cuasi)enfrentados.

Jeff Koons en su plástico despliegue. Museo Jumex

Jeff Koons no es solo más caro que Marcel Duchamp, el último de los modernos, el padre del avant garde contemporáneo. También lo acapara todo cuando están frente a frente. La Fuente vs Rabbit. Un par de fuerzas contrarias pero simbióticas que mantienen su flujo de energía como un juego de pulso de camaradas fortachones que termina por aplastar una mano sobre la otra, aunque de a ratos la gravedad parezca empujar a la una y la otra y dejarlas en un limbo eterno carente de vencedor. Pero siempre está quien triunfa. La mano ganadora aquí es la de Koons. La mano que derrumba mitos del arte de corbata, monsieur. Esa misma mano que hace que otra no pare de tomarse selfies sobre una montaña de plastilina que en verdad es acero y que pesa cerca de cuatro toneladas. Todos los ángulos de Play-Doh (1995 – 2008) son fotografiables. Instagrameables. Porque todos hemos jugado con esa plastilina como barro primigenio. Todos hemos dado vida y hemos creado. Todos hemos sido artistas a nuestro modo, y Koons se vale del instinto mainstream para hacer del arte el más democrático de los escenarios, sacando de la urna de cristal ese refugio reservado para entendidos. “Permiso, pasen ustedes. El arte es suyo”, parece decirle Koons a los espectadores que han llegado a Polanco atraídos por una campaña publicitaria que no se ha ahorrado nada, por el mira-que-dicen-por-ahí y por otra invitación indeclinable: las fotos y los likes

No es gratuito que, además de la fila de acceso, el Jumex deba mandar a hacer otra hilera a la altura del segundo piso de Apariencia desnuda, como se titula esta exposición curada por Massimiliano Gioni. Ese grupo de personas ordenadas una tras otra termina justo al frente a un corazón gigantesco – Hanging heart, 1995 – 1998 - que cuelga en medio de una sala donde todo lo demás sobra. Iluminación tenue, gente que quiere fotografiarse, un elemento irresistible. ¿Falta algo más en la ecuación de la búsqueda de likes? Koons da en el blanco de nuestros instintos, nos empuja al lado más visceral de la banalidad y nos recuerda que la fibra más humana que tenemos es la que nos hace suspirar por el corazón espinado más famoso y reproducido del mundo al igual que por un perro inflado en fucsia, de esos que todos lloramos alguna vez en algún parque o fiesta infantil. Koons nos conoce, y se aprovecha. 

No es necesario que cueste tanto, tantos millones de euros, aunque el mercado del arte así lo dictamine. Pero es lo que tiene que pasar cuando el instinto humano se rinde ante su obra, por más que la crítica se empecine en restarle valor –en análisis y apreciación, también en dólares y en euros-. Su monumentalidad “vulgar, melosa y entumecedora”, como la declaró el ya fallecido y reputado crítico Robert Hughes, podrá pecar de todo, pero tiene el gran peso –valor- de devolvernos con ella al mundo. Sufre el pecado de ser honesta. 

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‘Fountain’ (1917) de #MarcelDuchamp es el ready-made más icónico del arte. El famoso urinal de porcelana iba a ser presentado en el salón de la sociedad de artistas independientes de 1917. Sin embargo, el comité lo rechazó por encontrarlo sumamente controversial, incluso sabiendo que #Duchamp era su miembro fundador. Esta obra se convirtió en un parteaguas y abrió camino a lo que hoy conocemos como arte conceptual, ya que para el artista la obra de arte puede ser un objeto que tiene que ser visto con la mente y no sólo ser observado con la mirada. . Encuentra esta obra en #AparienciaDesnuda en el #MuseoJumex, exposición que reúne el trabajo de Marcel Duchamp y el de Jeff Koons. Hasta el 29 de septiembre. Te contamos más en nuestra historia del día de hoy. #ViernesdeVisitaGuiada . Imagen: Marcel Duchamp. ‘Fountain’, 1917. Galleria Nazionale d’Arte Moderna e Contemporanea, Roma. Fotografía: Rob McKeever. Cortesía Gagosian. ©MARCEL DUCHAMP / ADAGP / SOMAAP / MÉXICO / 2019

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Y no es que Duchamp no lo sea, solo que cuesta más entender por qué hay un orinal custodiado por un plexiglás (La Fuente, 1917), o una rueda sobre un banquillo (Rueda de bicicleta, 1913): estéticamente menos llamativos de golpe, más retadores para un público fugaz. Puede que el francés sea demasiado para un ojo acostumbrado a pedir obras de arte enmarcadas en lujo, óleos sobre lienzos, al que le cuesta deconstruir elementos y darles significado fuera de su contexto habitual, pero el que no duda en voltear y posar (para la selfie) ante un globo metalizado gigante con un encantador efecto espejo (Moon, 1995 – 2000), el que difícilmente asociarían con una obra de arte de no ser porque está colgado ahí, de la pared del Jumex.

Así que después de revolver los estómagos de sus críticos con perversión kitsch, Koons conquista al público masivo poniéndole delante figuras hiperretratables y posteables en tiempos en los que el Louvre rompe récords de visitas -y hasta debe cerrar algunos días ante el agotamiento severo de vigilantes que no dan abasto- porque Beyoncé grabó allí un video musical. 

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¿Ya planeaste tu visita para ver #AparienciaDesnuda en el #MuseoJumex? Asiste a una visita guiada gratuita para conocer más de cerca la obra de #MarcelDuchamp y #JeffKoons. Consulta los horarios en taquilla. Foto: Moritz Bernoully

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Luego de descrestar a los visitantes con una bailarina de aspecto de porcelana a la entrada, el estadounidense los sumerge en su obra más candy – si es que ese término le cabe a Koons-: la serie Celebration, dedicada a su hijo, para luego pasar a lo explícito de Made in heaven, la más sugestiva y sexual de sus creaciones en la que él mismo es artista y modelo, musa y creador, junto a su exesposa Ilona Staller, la actriz porno mejor conocida como Cicciolina. La exhibición la rematan Lobster (2007 – 2012), la langosta con aspecto de inflable playero, y su Hulk de apariencia similar, para terminar así con el derroche de fotografías que, luego de casi una hora de recorrido, terminan por quedarse con buena parte de la memoria de los móviles de los cientos de asistentes que visitan el Jumex por la temporada. 

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??¡Feliz #DíaMundialdelaBicicleta! Encuentra este y la serie completa de "ready-mades" de 1964 de #MarcelDuchamp en ‘Apariencia desnuda: El deseo y el objeto en la obra de Marcel Duchamp y Jeff Koons, aun‘ en el #MuseoJumex Imagen: Marcel Duchamp . ‘Roue de Bicyclette‘, 1913. National Gallery of Canada, Ottawa. Fotografía: NGC ©MARCEL DUCHAMP / ADAGP / SOMAAP / MÉXICO / 2019

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Pero hay epílogo: una venta de souvenirs que no da abasto. Todos quieren un perrito fucsia a escala, o la camiseta de la bailarina, o la serigrafía de cualquier obra, pero de Koons. Amo y señor del merchandising también, por 20 pesos hay fila para comprar un Jumex con una reproducción del corazón espinado. Su efecto providencial le da al arte un estatus de consumo masivo que los más selectivos de sus entusiastas odian. Eso es lo que busca Koons: estética a su estilo sin esfuerzo para otros. Él se pone la carga a cuestas solo mientras tarda años en lograr técnicas perfectas para dar con los acabados exactos que requieren sus obras. La fugacidad de la selfie es lo que viene después. 

¿Nos podrá perdonar Duchamp?


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