¿Cómo cubrir las protestas? Una columna de Sandra Borda para los medios
Publicado: 29/10/2019
Por Sandra Borda

¿Cómo cubrir las protestas? Una columna de Sandra Borda para los medios

“Parte del efecto –positivo o negativo– que tengan estas movilizaciones también tiene que ver con la forma en que son transmitidas”.

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Este año, seguramente, será registrado como uno en que la protesta social se expandió a lo largo y ancho del mundo. Desde el Líbano –en donde la sociedad llegó al tope con la corrupción–, pasando por el Reino Unido y su ciudadanía harta ya de tanto drama con el brexit, siguiendo por Colombia –en donde los estudiantes de universidades públicas y privadas han salido varias veces a la calle–, Ecuador y Chile –con una reacción social inyectada de una gran dosis de violencia ante el incremento de los tiquetes del metro–, vivimos en un mundo en que la gente se hartó de esperar a que quienes los representan políticamente expresen y tramiten sus demandas.

Por tratarse de un fenómeno altamente diferenciado, pero que tiene lugar en simultánea y parece convertirse en uno de los sucesos internacionales del año, quisiera hacerles algunas sugerencias a los medios que están interesados en cubrirlos. Parte del efecto –positivo o negativo– que tengan estas movilizaciones también tiene que ver con la forma en que sean transmitidas a través de los medios al resto de los ciudadanos. Su responsabilidad es de grandes proporciones.

1) No todas las manifestaciones son iguales y no hay que confundir protesta social con acción armada ilegal. Por esta razón, no se puede confundir la protesta social de estudiantes y otros sectores sociales, que es legítima, legal y constituye un derecho, con la respuesta armada de un cartel ante el encarcelamiento del hijo del gran capo sucedido en Culiacán. La reacción de los carteles en Culiacán no es protesta social y no representa a un sector social o político legal. Es, más bien, un problema de orden público puro causado por la rebelión armada de un grupo que opera por fuera de la ley. Esta diferenciación es fundamental.

2) Esto, inevitablemente, nos lleva a una discusión sobre cómo se debe cubrir el uso de la violencia que tiene lugar en la protesta social legal. Aquí sugiero cumplir con dos objetivos fundamentales: primero, evaluar las proporciones del uso de la violencia en su justa dimensión, y segundo, hacer uso de todos los matices que sea posible para evitar caer en la generalización que desdibuja. Entonces, una cosa es hablar de vándalos que rayan paredes y buses de TransMilenio, y otra muy distinta hablar de protestas que terminan con la quema de edificios enteros en los que se encuentran seres humanos. Una cosa es hablar de grupos pequeños infiltrados en la protesta que terminan tergiversándola a propósito al final con actos violentos, y otra cosa sucede cuando el uso de la violencia, el saqueo y la agresión son un comportamiento masivo. De nuevo, la proporción y los matices importan porque el ejercicio de comparar las protestas para analizarlas tiene que buscar no solo encontrar y resaltar las pocas similitudes que existen, sino también las grandes diferencias que separan una forma de movilización social de la otra.

3) También sugiero que la ecuanimidad como principio guíe la información y el análisis sobre las protestas. Los medios están, sin duda alguna, obligados a informar sobre el uso de la violencia en las protestas porque eso constituye una noticia. Pero ello no contradice la obligación que tienen de informar las causas de la protesta y reconstruir el proceso que lleva a los sectores sociales en cada país a salir a la calle. Informar sobre la protesta social no puede convertirse solamente en una forma adicional de hacer periodismo de orden público.

4) Finalmente, los medios tienen el deber de enmarcar su cubrimiento y análisis en el orden constitucional establecido. Esto quiere decir que aunque la protesta le incomode a muchos, se trata de un derecho constitucional particularmente importante para los sectores que difícilmente se encuentran representados en una clase política anquilosada y que cada vez defiende los intereses de sectores más poderosos pero también más pequeños. Los dueños de la gran empresa no salen a protestar porque tienen el oído de la clase política a su disposición, pero ese no es el caso de los estudiantes, los trabajadores, las mujeres. Los derechos no son materia de debate y, ciertamente, no creo que sea el deber de los medios sugerir que dichos derechos deban limitarse o desaparecer. En otras palabras, recoger opiniones y análisis sobre la protesta social desde diversas esquinas del panorama político es su deber; se pueden y deben cuestionar las motivaciones de la protesta, pero debe hacerse un esfuerzo editorial para que dichas opiniones estén enmarcadas en el Estado de derecho y el orden constitucional.

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