Cultura y desarrollo para crear: habla el viceministro de Economía Naranja, Felipe Buitrago
Publicado: 29/10/2019
Por Ruby Marcela Pérez*

Cultura y desarrollo para crear: habla el viceministro de Economía Naranja, Felipe Buitrago

En esta primera entrevista con ARCADIA, Buitrago responde a las preguntas que plantea nuestro especial editorial de este mes sobre utilidad y cultura.

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Felipe Buitrago es el segundo viceministro del recién creado Viceministerio de la Creatividad y la Economía Naranja, adscrito al Ministerio de Cultura. Llegó a la cartera el pasado 2 de septiembre y recibió el cargo de David Melo, con quien mantuvo una comunicación muy cercana cuando trabajaba como consejero presidencial para asuntos económicos y estratégicos. Desde allá, Buitrago tuvo un rol protagónico en el diseño, la implementación y la evaluación de políticas públicas para el desarrollo del emprendimiento creativo y la apropiación de nuevas tecnologías.

Antes de estar en el Gobierno ya era muy cercano al presidente Iván Duque, cuando ambos trabajan en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), donde Buitrago fue consultor de asuntos culturales, solidaridad y creatividad. De esa relación –que también es amistad– surgió en 2013 el libro La economía naranja: una oportunidad infinita. Si bien es economista, Buitrago ha tenido a lo largo de su carrera una relación cercana con la cultura y la creatividad, con cargos en el British Council y el Observatorio Iberoamericano del Derecho de Autor, además de un paso por el Ministerio de Cultura durante el gobierno de Álvaro Uribe. En esta primera entrevista que hace con ARCADIA, quisimos conversar con él sobre las preguntas que plantea este especial.

¿Cuál es para usted la utilidad de la cultura?

La cultura es la única herramienta que tenemos como personas para generar, reparar o consolidar tejido social. Es por la capacidad que tenemos de intercambiar contenido simbólico a través de la música, el arte, el diseño y el teatro, entre otros, que podemos vivir en comunidad. Es en esa función de la cultura en donde tenemos que concentrarnos para dar a la gente las herramientas que permitan que el intercambio sea muy fluido y, por ende, los puentes de entendimiento entre las personas sean cada vez más sólidos. Hay una ventaja adicional: en esos intercambios también se generan oportunidades de trabajo y oportunidades económicas para el país.

Usted llegó hace pocos meses al Viceministerio de la Creatividad y la Economía Naranja. ¿Cómo encontró las cosas?

Durante este primer año avanzamos mucho en la consolidación de las bases en materia institucional y de incentivos para poner a la cultura en el centro de la agenda de desarrollo sostenible. El trabajo adelantado por David Melo en este sentido merece reconocimiento. Sin embargo, es importante destacar que la economía naranja tiene más de veinticinco años evolucionando en Colombia. El concepto que acuñamos con el presidente Duque buscaba visibilizar lo que estaba sucediendo, ya que poca gente le estaba poniendo atención desde la economía a las oportunidades de la economía creativa. En buena medida, la Ley 397 de 1997, que creó el Ministerio de Cultura, ya concebía el concepto de economía y cultura como un pilar central. Es decir: ya reconocía la cultura como factor estratégico del desarrollo. Sin duda, el tema ya no pasa desapercibido.

Denos ejemplos de logros tangibles de economía naranja en cultura.

Más de veintiún entes nacionales han realizado inversiones por ochocientos diecinueve mil millones de pesos en los primeros doce meses de gobierno. Estamos hablando de más de setenta programas y proyectos en ejecución, muchos de los cuales tienen tres y cuatro entidades coordinándose. Por ejemplo, tenemos a los beps naranja (Beneficios Económicos Periódicos). Es una articulación entre Colpensiones, el Ministerio de Trabajo, el Ministerio de Cultura y los entes territoriales. A través de ellos, ya tenemos a dos mil doscientos artistas y gestores de edad avanzada que estaban desprotegidos y que ahora están recibiendo un bep. Hablamos de cincuenta y cinco mil millones de pesos en inversiones que antes eran imposibles por ausencia de coordinación o visión estratégica. La seguridad social de los artistas, que todavía tiene retos por resolver, ha tenido avances dramáticos en los últimos catorce meses. Eso vale la pena celebrarlo. Otro ejemplo: el Fondo Emprender ya reconoce al sector de economía naranja de manera independiente al resto. De los más de cien mil millones de pesos destinados al Fondo este año, un paquete de veinte mil millones fue direccionado a la economía naranja. Esto nos permite llegar más a los territorios porque en lugar de mezclar en una sola bolsa talleres de metalmecánica, aplicaciones tecnológicas de logística y talleres de diseño, ahora el taller de diseño o la editorial independiente o el estudio de música tienen su espacio propio. Entonces competimos por esos recursos entre pares de la cultura.

La más reciente cumbre de ministros de Cultura tuvo lugar en Bogotá. ¿En qué consistió, y qué se concluyó sobre la economía naranja?

El liderazgo regional del presidente Duque en este y otros temas es particularmente reconocido en materia de cultura. En Ecuador están adoptando de manera directa varias de nuestras aproximaciones de política pública. Firmamos un memorando de entendimiento con Panamá que está creando su Ministerio de Cultura para replicar lo que ha hecho Colombia en los últimos veintidós años. Países como Argentina y España han reconocido que, en materia de política pública e incentivos para la articulación de las cadenas de valor, estamos siendo innovadores y marcando la parada. Al final, tenemos una declaración iberoamericana que refleja de manera clara el camino trazado por Colombia como uno validado internacionalmente. Se trató de una reunión de ministras y ministros de Cultura, que es una de las preparatorias a la de jefes de Estado en 2020 en Andorra. También hay otro mandato de crear un mercado iberoamericano de cultura, para integrar y circular de manera más fluida nuestras películas, libros, artesanías, diseños, etc.

Esta edición plantea un debate en torno a la relación cultura y economía. ¿Siente usted que en esa relación hay un dilema?

En la práctica ambas se necesitan. No tienes economía sin cultura, y viceversa. Me gusta pensar en una moneda y sus dos caras: una representación simbólica y una numérica. Si te enfocas en una cara no ves la otra. Si eres consciente de la importancia de ambas, involucras a la cultura como una guía del desarrollo sostenible. Si entendemos que lo que nos hace daño es no entender la simbiosis entre cultura y economía, podemos aprovechar el valor de la cultura para crear convivencia y usarla como una palanca que nos lleva a mejores prácticas económicas. Cuando les apuestas a la cultura y a la identidad, estás expresando amor por el país. Cuando quieres tus lenguas, artes, estéticas y patrimonio, los pones en el centro de tu estrategia. Si no lo tienes ahí es porque algo te incomoda, te hace inseguro, no lo entiendes y, tal vez, admiras otras culturas por encima de la propia. No se trata de pensarse superior, pero tampoco inferior; simplemente entender que en lo cultural todos somos únicos.

¿Cómo involucrar en el debate al artista o al gestor cultural de a pie? ¿Vienen de modelos distintos?

Cuando se mira la importancia de fortalecer la cadena, tenemos creación, producción, distribución, circulación y consumo. Los gestores trabajan con herramientas insuficientes en muchos casos. Entendemos cuatro categorías gruesas de emprendimiento creativo y cultural: las grandes empresas, que tienen que reinventarse; las medianas, que tienen potencial para seguir como independientes y proveen espacios especiales de circulación, pero que tienen el potencial de escalar; las pequeñas, que experimentan más: freelancers, colectivos artísticos que toman riesgos que otras no pueden y por eso hay que acompañarlos como motores de innovación y experimentación. Algunos quieren consolidar un modelo y escalar a mediana empresa. Hay que generar herramientas de formalización. La cuarta categoría son las empresas sin ánimo de lucro, que son aún más experimentales, pero no por eso tienen que ser con ánimo de pérdida. Nos falta capacidad de gestión para bajar el recurso de los programas públicos, utilizarlo adecuadamente y tener prácticas contables, ya que no están exentas de rendir cuentas a la sociedad. Hay que fortalecer las herramientas de los gestores que quieren conservar un saber, como un carnaval. Hay recursos, pero los que los necesitan no siempre saben cómo acceder a ellos.

¿Cómo involucrar a territorios y comunidades en la idea del emprendimiento cultural? Por ejemplo, ¿cómo lo piensan hacer en el caso del viche?

Un logro de la ministra Carmen Vásquez fue que el Consejo de Patrimonio reconoció al viche como patrimonio inmaterial de la nación. Algunas de las personalidades afros nos dijeron que desde la Ley 70 es el mayor logro que han alcanzado. El viche hay que entenderlo más allá de la bebida, como lo que representa para la cultura. El viche es un portador de una identidad. Por eso, trabajamos con el Invima para formalizar la producción de viche y con Artesanías de Colombia y la Sicc para darle el reconocimiento de denominación protegida. Tiene una base que es licor de caña, pero cada comunidad hace una preparación diferente. Cada uno de los preparadores tiene su fórmula. No hay un solo viche, cada uno representa a una comunidad. Lo relevante es que estamos logrando darle formalidad a un producto ancestral.

A Colombia han llegado 1,4 millones de venezolanos. Entre ellos hay músicos, gente formada en el Sistema Nacional de Orquestas y los Coros Juveniles e Infantiles. ¿Cómo integrar esa cultura riquísima?

Históricamente, las migraciones han sido oportunidades de enriquecimiento cultural. Eso pasa con Venezuela. Hay gente con talento formada y no formada. Todo un reto. Lo primero es formalizarlos como migrantes. El acompañamiento en temas culturales es complejo, porque están dispersos por el territorio. Algunos son más visibles que otros. Tenemos la limitación de la formalización y en eso estamos trabajando con Felipe Muñoz, gerente de Fronteras. Otra dificultad son los recursos. Debemos ser una sociedad solidaria, y el sector cultural puede dar ejemplo de inclusión de manera más creativa.

*Pérez es periodista del Grupo Semana.

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