Dos fragmentos de los premios Nobel de Literatura 2019
Publicado: 29/10/2019

Dos fragmentos de los premios Nobel de Literatura 2019

Dos bellos pasajes de Olga Tokarczuk y Peter Handke.

Este artículo forma parte de la edición 168 de ARCADIA. Haga clic aquí para leer todo el contenido de la revista

LOS ERRANTES

Olga Tokarczuk

“La descripción es similar al uso excesivo: destruye. Los colores se destiñen, las esquinas pierden su definición y, al final, lo que ha sido descrito comienza a desvanecerse, a desaparecer. Esto aplica sobre todo para los lugares. La literatura de viajes ha hecho un daño enorme; una verdadera plaga, una epidemia. Las guías han arruinado de manera decisiva gran parte del planeta. Publicadas en ediciones por millón, en muchas lenguas, las guías han debilitado los lugares, los han fijado y nombrado, desdibujando sus contornos. Incluso yo, en mi ingenuidad juvenil, me aventuré con las descripciones de lugares. Pero cuando regresé a esas descripciones, cuando traté de tomar un respiro profundo para dejar que su intensa presencia me ahogara de nuevo, cuando trataba de escuchar entre sus murmullos, siempre quedaba en shock. La verdad es terrible: describir es destruir”.

*Fragmento de la novela Bieguni (2019). Traducción del inglés de ARCADIA

SOBRE EL CANSANCIO

Peter Handke

“Como para tener miedo fue, por ejemplo, en cierta ocasión, la forma de cansancio que pudo producirse junto a una mujer. Este cansancio no se produjo, ocurrió, como un acontecimiento físico, como escisión. Y además nunca me alcanzaba a mí solo, sino que al mismo tiempo alcanzaba siempre a la mujer, como si, al igual que ocurre con los cambios de tiempo, viniera de fuera, de la atmósfera, del espacio. Estábamos allí, tumbados, de pie o sentados; un momento antes, de un modo evidente, estábamos formando una pareja, y un instante después estábamos separados irremisiblemente. Un momento como este era siempre un momento de miedo, a veces incluso de terror; como cuando uno se cae de un modo violento: ‘¡Alto, no, no!’. Pero no había nada qué hacer; los dos estábamos cayendo ya, cada uno por su lado; cada uno a su cansancio más propio y particular, no al nuestro, sino al mío de aquí y al tuyo de allí. Puede ser que en este caso el cansancio fuera solo un nombre distinto para designar la carencia de sentimientos o la extrañeza, pero, por la presión que gravitaba en el entorno, era el nombre adecuado a la cosa. Aunque el lugar del suceso fuera, por ejemplo, un cine climatizado, se convertía en algo cálido y angosto. Las filas de butacas se curvaban. Los colores de la pantalla tomaban una tonalidad de azufre y luego palidecían y desaparecían. Cuando por casualidad nos tocábamos, una desagradable descarga eléctrica apartaba de una sacudida las manos de cada uno. A media tarde del... un cansancio catastrófico irrumpió en el cine Apolo desde un cielo claro y despejado. Víctima de él fueron un hombre y una mujer, que, unidos hombro con hombro unos momentos antes, fueron catapultados, cada uno por su lado, por la onda expansiva del cansancio y, al final de la película, que por cierto se titulaba Sobre el amor, sin mirarse siquiera ni decir una sola palabra, siguieron cada uno un camino distinto que les separó para siempre. Sí, estos cansancios que separan le golpean a uno siempre con la incapacidad de mirar y con la mudez; no, no le hubiera podido decir: ‘Estoy cansado de ti’, ni siquiera un simple ‘¡cansado!’ (lo que, como grito común, tal vez nos hubiera podido liberar de nuestros infiernos particulares). Estos cansancios nos quemaban la capacidad de hablar, el alma, sin dejar rastro. ¡Si realmente hubiéramos tenido la posibilidad de seguir caminos separados! No, aquellos cansancios hacían que los que por dentro estaban escindidos, por fuera, como cuerpos, tuvieran que seguir estando juntos. Y luego ocurría que los dos, poseídos por el demonio del cansancio, empezaban ellos mismos a tener miedo”.

*Fragmento de Ensayo sobre el cansancio (Alianza Editorial, 1989)

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