La 'Historia urgente del arte en Colombia' de Halim Badawi
Publicado: 29/10/2019
Por Álvaro Medina*

La 'Historia urgente del arte en Colombia' de Halim Badawi

La editorial Planeta publica un libro del curador que da cuenta, críticamente, de dos siglos de arte en el país. Aquí, un reconocido experto presenta su mirada de esa investigación.

El arte no ocurre en la retina

La Historia urgente del arte en Colombia, de Halim Badawi, no es una historia en el sentido tradicional del término. Si bien estudia varias etapas del desarrollo de las artes en nuestro país, no hay una preocupación por hilarlas ni detenerse en los hitos. Las motivaciones del autor son de orden crítico; de allí que solo se detenga, de modo absolutamente premeditado y puntual, en los hechos, los personajes y las reflexiones que le han inspirado revaloraciones y reinterpretaciones.

¿Qué si se descubre que Alberto Arboleda fue un artista notable que se fue del país en 1960 y Colombia lo olvidó? ¿O que a la vuelta de la esquina estuvo una fotógrafa holandesa llamada Ida Esbra que el país centralista no ha reconocido todavía? Encadenar preguntas para luego responderlas es una modalidad propia de los textos de Badawi, recurso que me apropio y paso a responder: toca, llegado el caso, indagar en nuevas fuentes y agregarle, a lo ya divulgado, todo lo que haya que agregar.

Historia urgente se compone de cincuenta y tres textos autónomos ordenados en cuatro núcleos temáticos: “Los artistas viajeros y los orígenes del arte moderno en Colombia, 1839-1930”; “Una historia alternativa: género y arte moderno en Colombia, 1930-1980”; “Pugnas, memorias, resistencias y disidencias: el tránsito del arte moderno al contemporáneo, 1950-2018”; “El museo vacío: una historia social del coleccionismo en Colombia, 1886-2018”. Si nos fijamos en los periodos que cubre cada sección, notaremos que las dos últimas retoman tramos estudiados en las dos primeras, pero desde otras perspectivas temáticas. De una aproximación tan particular surge la palabra urgente del título, con la que el autor implica que ha acudido en auxilio de asuntos y temas que, en el estado actual de los conocimientos que tenemos, eran precarios o incompletos. El caso más notable es el del pintor Andrés de Santa María, un trabajo que recoge apenas una parte de la investigación adelantada cuando curó la exposición del Mambo en 2014.

Sobre el gran maestro de la pintura colombiana surgido a finales del siglo XIX, el autor se ha hecho estas preguntas: “Si Santa María era el menos colombiano de nuestros artistas, ¿qué pasaba con su tradición familiar enraizada en los Andes? ¿Dónde nacieron sus hijos? ¿Qué origen familiar tenía su esposa? ¿De dónde provenía su riqueza? ¿Dónde estaban sus tierras? ¿Cuáles eran sus negocios y vínculos sociales y políticos?”. Las respuestas las halló en documentos y archivos: libros de bautismos, censos demográficos, actas de defunción, lápidas mortuorias, registros notariales de varios países, cuadros genealógicos, relaciones portuarias de pasajeros y epistolarios, fuera de la bibliohemerografía de rigor.

La amplitud de enfoque le ha permitido desentrañar detalles reveladores de la vida de Andrés de Santa María que constituyen algunas de las páginas más fascinantes y completas escritas por un biógrafo colombiano. Las precisiones abundan, pero viene al caso adelantar una conclusión: el movimiento regenerador que Caro y Núñez consolidaron en 1886 favoreció política, social y financieramente a la familia, dándole al artista la holgura económica que le permitió pintar libremente, ciñéndose a los parámetros dictados por su propio gusto y formación, y desconociendo las preferencias de una clientela potencial semiilustrada en cuestiones de estética.

Badawi se ha dedicado a la historia y la crítica de arte. Los lectores de ARCADIA lo conocen. Ha recorrido este y otros continentes con el propósito de aprender, escarbando en fuentes documentales que busca y adquiere en librerías de viejo, anticuarios y mercados de pulgas para traerlas a Colombia; también ha adquirido libros, colecciones de revistas, manuscritos, fotografías, grabados y carteles. El resultado de ese empeño reposa en Arkhé, una palabra que “significa etimológicamente ‘principio’, ‘fundamento’ o ‘comienzo’ (…) utilizada por los primeros filósofos griegos para referirse al elemento primordial del que está compuesta o del que deriva la realidad material –dice Halim–. Arkhé es el origen de la memoria. Arkhé es el germen del destino. Arkhé es el big bang del conocimiento. Arkhé es la sustancia primordial. Arkhé son los archivos”.

Hace dos años, Badawi inauguró un local abierto al público en el barrio San Felipe de Bogotá. La fundación es depositaria de miles de documentos de arte latinoamericano, no trasegados en su mayoría por nuestros historiadores. El don de saber investigar a fondo explica La naturaleza de las cosas: Humboldt, idas y venidas, una exposición recientemente curada por Badawi que el Museo de Arte de la Universidad Nacional inauguró en mayo y viajó a Alemania para ser exhibida en el Humboldt Forum de Berlín, el nuevo y polémico museo nacional de Alemania.

Esa muestra tuvo las mismas motivaciones de este libro: “Muchas discusiones que creíamos zanjadas a lo largo del siglo XX, que suponíamos ya parte de la historia, siguen más vigentes que nunca: la discusión sobre el racismo en Estados Unidos, el fascismo en la política internacional, los sectarismos religiosos en la escena política y, cómo no, los roles de las mujeres en la sociedad. Ingenuamente creíamos que el consenso positivo sobre estos temas era general (‘no hay que discriminar’; ‘religión y política están separadas’; ‘a nadie le gusta la guerra’; ‘las mujeres tienen los mismos derechos que los hombres’), pero con el tiempo hemos constatado que los consensos totales (y globales) hacían parte de una ilusión colectiva; que la discriminación no es un problema minoritario, marginal, sino que pervive de múltiples formas en todos nosotros; que existe una brecha educativa fomentada por la desigualdad, la injusticia y la falta de oportunidades; que cada pregunta abre una nueva y que no todas las preguntas han sido resueltas”.

MACHISMO Y CENSURA

Badawi plantea estos asuntos y entra a cuestionar, por ejemplo, el papel marginal que les asignamos a las mujeres artistas citando La mujer tal como debe ser, un libro del abate y misionero Víctor Marchal (1827-1903), y Solteras, del abate Carlos Grimaud (1874-1950), dos autores que permiten identificar las raíces ideológicas de nuestro machismo. Según Marchal, las mujeres nacen para ser madres y piadosas, nada más; según Grimaud, y cito a Badawi, “la soltería” implica “una disminución de la piedad y, por eso mismo, el peligro de precipitarse en la perdición y la prostitución”. El pensamiento medieval de los abates sirve de contraste para situar la obra de Débora Arango y hacer ver que si los academicistas decimonónicos de desnudos femeninos pintaban figuras de “senos turgentes y cuerpo de sílfide”, la antioqueña “prefería el cuerpo desgarrado por la vida”. La escogencia explica la técnica “deliberadamente incorrecta” de su producción. La revaloración de las artistas mujeres le facilita señalar que Carolina Cárdenas trabajó la cerámica “en sintonía con la Bauhaus”, sugiriendo de este modo que fue la más vanguardista de los artistas activos en los años treinta.

Si la censura suele ser sutil y más o menos velada, en algunos casos raya con el descaro y pretende ser aleccionadora. En el caso de una artista contemporánea “revoltosa” como María Eugenia Trujillo, sucedió que Voto Católico y el procurador Alejandro Ordóñez trataron de “impedir la realización de la exposición” que el Museo Santa Clara de Bogotá programó en agosto de 2014, para mostrar, nos recuerda Badawi, “una serie de custodias y relicarios comprados en mercados de pulgas e intervenidos por la artista, que puso una vagina tejida en el centro de las custodias, remitiendo a la tradición femenina del bordado conventual”. Invito al lector interesado a meterse en las páginas de Historia urgente que describen los pormenores de una “cruzada” de visos inquisitoriales contra una “mirada femenina” que no pudo ser doblegada ni marginada.

Con la misma agudeza y energía, Badawi observa ciertos comportamientos de la relación artista-galerista-coleccionista para desentrañar algunos de los caprichos y contradicciones de la comercialización. Uno de los ensayos, “Tapen, tapen: mitos y ficciones del mercado del arte”, denuncia la argucia que permite ocultar las carencias de ciertas obras para hacer remontar los precios. Algunos han dejado de citar a los críticos que avalan la originalidad y la poética de un trabajo y han empezado a insistir en el número de ceros a la derecha que se anotan en las transferencias bancarias de los compradores.

Badawi analiza el caso de Óscar Murillo, el artista colombiano residente en Londres que fue catapultado por la prensa al nivel de genio con base en las cifras de producción, las pujas en alguna subasta neoyorquina y la real o supuesta fama de algún coleccionista, aspectos que se repitieron hasta el cansancio y Badawi retoma para demostrar que se trataba, en verdad, de una simple y engañadora especulación financiera.

Historia urgente toca decenas de temas y subtemas, pertinentes y actuales todos. Menciono unos cuantos: los peligros de “un dibujo fácil y bonito que vende rápido”; el potencial que ofrece la existencia de coleccionistas de nuevo tipo; la innegable importancia del óleo 9 de abril, de Alipio Jaramillo, que los colombianos no aprecian todavía; la política errática de los museos colombianos para conformar sus colecciones; el peligro que representan las falsificaciones avaladas por dealers inescrupulosos; los juegos de los narcotraficantes con el arte; los archivos de la historia LGBTI.

Además de detenerse en obras y episodios relacionados con artistas, el libro contiene dos monografías de gran aliento dedicadas al payanés Alberto Arboleda y al Grupo de Arte Experimental El Sindicato, activo en Barranquilla entre 1976 y 1980. Esos textos revelan la agudeza de un historiador que sin embargo tiene –como todo historiador– algunas traiciones de memoria. Señalo dos: atribuirle el premio del salón de 1958 a Obispos muertos, de Fernando Botero, cuando en verdad le fue otorgado a La camara degli sposi u Homenaje a Mantegna; asegurar que Alejandro Obregón tomó de 9 de abril, el cuadro de Alipio Jaramillo, la imagen de la mujer embarazada y muerta que vemos en La Violencia, cuando en verdad la retomó de Masacre-10 de abril, el óleo que Obregón exhibió dos semanas y media después del Bogotazo. Puedo precisar que los dos pintores se encontraron y anduvieron juntos cuando se produjo el levantamiento popular; es seguro, por lo tanto, que los dos vieron, entre los caídos en alguna calle de los alrededores de la plaza de Bolívar, a la inocente y hoy emblemática víctima.

Historia urgente del arte en Colombia es una compilación de ensayos, monografías, crónicas, entrevistas y notas críticas sobre acontecimientos del pasado y del presente. Uno de sus fundamentos reside en esta afirmación del epílogo: “Ninguna obra de arte de ningún momento puede interpretarse tan solo a partir de contenidos intrínsecos a ella misma”. El autor lo demuestra a lo largo de un volumen que interrelaciona poéticas, estéticas, temas y conceptos propios de las artes visuales con episodios ligados a la política, la religión, la economía, la geografía, los prejuicios sociales, los lazos familiares, los viajes, etc. Plantea el autor con certeza: “El arte no ocurre en la retina”.

*Medina es historiador y crítico de arte. Autor de Procesos del arte en Colombia y El arte colombiano de los años veinte y treinta, dos libros considerados clásicos en la historiografía sobre el tema.

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