'Parásito' y Netflix: ¿dinámicas de la industria?
Publicado: 20/01/2020
Por Pedro Adrián Zuluaga

'Parásito' y Netflix: ¿dinámicas de la industria?

“El caso de la película ‘Parásito’ mostraría que las salas independientes están sometidas al fuego cruzado de dos emporios”, escribe Pedro Adrián Zuluaga.

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El 7 de enero, el Centro Colombo Americano de Medellín, a través de la cuenta de Twitter de su revista Kinetoscopio, anunció que la película coreana Parásito, nominada días después en seis categorías a los premios Óscar, no estaría en sus salas de cine. “Hoy Cine Colombia nos informa que Parasite no podrá exhibirse en nuestras salas ya que solo se distribuirá en ‘circuito comercial’”, decía el trino y añadía que la película “fue incluida en nuestra programación desde el año pasado luego de llegar a un acuerdo con Cine Colombia, su distribuidor”. Espectadores y críticos de cine como Juan Carlos González, Samuel Castro y Andrés Rodelo, a la velocidad de las redes sociales, expresaron su solidaridad con el Colombo Americano, el rechazo a la decisión de Cine Colombia y su efecto sobre otras salas del circuito independiente como Tonalá, Cinema Paraíso y Cinemanía, que contaban con la película y a las cuales también les fue bloqueada su exhibición.

Frente a la fugaz polémica, Munir Falah, presidente de Cine Colombia, respondió en Twitter: “Es literalmente imposible que Distribución comprometa una película con un año de anticipación”. Retorcía así los términos de la “denuncia” pública de Kinetoscopio, que no hablaba de un año de anticipación sino del año pasado, es decir, unas dos o tres semanas atrás. En la mañana del 9 de enero, día del estreno de Parásito, busqué a los directivos de Cine Colombia para conocer detalles sobre la decisión de la empresa. Sebastián Polo, su director de programación, minimizó la situación y dijo que se trataba de acuerdos privados que se podían revertir de acuerdo con “las dinámicas de la industria”.

Las dinámicas de la industria son, precisamente, la clave para entender lo que es mucho más que una pataleta de unas pocas salas que, a pesar de su posición minoritaria, tienen un gran interés público y cultural por su compromiso con la exhibición de un cine de riesgo y calidad artística. En las últimas semanas, estas salas tuvieron dentro de su programación a El irlandés, Historia de un matrimonio y Los dos papas, títulos con un elemento en común: eran producciones de Netflix. Así, el bloqueo de Parásito para el circuito de salas independientes se explica como un castigo y un repliegue conservador frente a la amenaza de un competidor. Cine Colombia teme que, en un futuro muy próximo, la famosa plataforma de streaming le arañe un porcentaje de su participación en el mercado de la exhibición en salas.

Cine Colombia, a la vez exhibidor y distribuidor, ha construido alianzas con las salas independientes; las necesita para mostrar los títulos colombianos y de “cine arte” que distribuye. Estas alianzas tienen un modus operandi: se hacen en los términos decididos por Cine Colombia, que abusa siempre de su posición dominante en el mercado. El poder de esta empresa es tentacular: pertenece a las juntas directivas de Proimágenes Colombia y la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano. Su vicepresidente operativo y comercial, Gilberto Gallego, es representante de los distribuidores en el Consejo Nacional de las Artes y la Cultura en Cinematografía (CNACC), el órgano que decide sobre los recursos del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico (FDC), creado por la Ley de Cine de 2003. También hace parte de la Asociación Colombiana de Distribuidores de Películas Cinematográficas, una especie de club de élite que vela por los intereses de lo que en la industria se conoce como las majors, los estudios norteamericanos que controlan el mayor porcentaje del box office (taquilla) y las admissions (número de espectadores). La empresa, que representa a varias majors en Colombia, pertenece a Valorem, matriz del grupo empresarial de la familia Santo Domingo. En resumen, el músculo económico y la capacidad de lobby de Cine Colombia (fueron los grandes lobbistas de la Ley de Cine) la hacen casi invulnerable.

El caso de Parásito mostraría que las salas independientes están sometidas al fuego cruzado de dos emporios: uno viejo, el que representa Cine Colombia, y el naciente emporio de Netflix, que no parece querer conformarse con el público de internet. Si Cine Colombia persiste en arrinconar a las salas independientes, muy pronto seguramente veremos a Netflix comprándolas. Ya lo está haciendo en Estados Unidos. La lógica de la absorción del pez pequeño por el grande parece imparable, y la industria audiovisual no es la excepción.

Post scriptum. En estas semanas ya tendríamos que estar programando nuestra agenda para el Festival Iberoamericano de Teatro. ¿El Gobierno de la economía naranja dejará morir uno de los eventos culturales emblemáticos del país?

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