“Si nuestra vida civilizada no termina quemando el planeta, la naturaleza se tomará lo que hemos construido”
Publicado: 13/02/2020
Por Mario Cárdenas

“Si nuestra vida civilizada no termina quemando el planeta, la naturaleza se tomará lo que hemos construido”

Hablamos con el dibujante Álvaro Vélez (Truchafrita), que inaugura con ‘Follaje’ la nueva línea de cómic de Tragaluz Editores, sobre la vuelta de tuerca que el libro representa en su propia obra y sobre los temas que lo ocupan: la naturaleza y el fin del mundo.

“No se sabe cuál es el sueño y qué es la realidad, porque se habita en dos espacios. No se sabe quién es el que sueña y si ese sueño produce monstruos, o si es la vigilia la que hace despertar la razón. Fin, crisis, sueño, realidad y absurdo”. Así se lee en un fragmento del texto que acompaña una exposición sobre Follaje, el último libro de historietas del dibujante Álvaro Vélez (Truchafrita), que inaugura la nueva línea de cómic de Tragaluz Editores.

Con este trabajo, el historietista abre un camino poco explorado respecto a sus trabajos anteriores, como la serie Cuadernos Gran Jefe, en la que a través de historietas autobiográficas ha dibujado recuerdos de la infancia y los malestares del aburrimiento político en la adultez. Lo hecho en la gacetilla Robot, una publicación que ha sido la trinchera para muchos historietistas de Medellín y de otras partes del país, y en la historieta Un camino a las estrellas, donde narra de forma didáctica la vida del científico neogranadino Francisco José de Caldas.

Fojalle es, además de las advertencias señaladas, una historieta sencilla que dialoga con algunos cómics silentes en los que el espacio es parte activa de la narración. Las preguntas y el monólogo de un personaje a la deriva se unen a los trazos en esta historia sobre un posible final. 

Hablamos con Vélez sobre la vuelta de tuerca que este libro representa en su propia obra, sobre su formación como historiador y sobre los temas que lo ocupan: la naturaleza y el fin del mundo.

Follaje es un libro arriesgado, no tanto por su forma, sino porque trabaja en un ángulo más reflexivo en la narración, algo distinto a sus anteriores trabajos. ¿Cómo fue dibujar en esa dirección?

Lo que quería era contar una historia sencilla para hacer una historieta larga. Quería que fuera sencilla en términos narrativos y que pudiese así llevarla de forma controlada. Cuando uno hace una historia larga en ocasiones se aburre. Lo que hice fue un monólogo sin contar, en general, de qué va la historia. Hay un referente que para mí fue clave, y es el libro Vapor, de Max. La estructura no es la misma, pero sí tiene asuntos similares. También lo que hace Jim Woodring con Frank, que es básicamente un personaje que recorre lugares. Mi personaje sí recorre un lugar, pero con un monólogo, y una reflexión sobre un tema específico.

¿De qué manera dialogan estas referencias, la de Max, Jim Woodring o Inside Moebius, donde el espacio es parte activa en la narración, con Follaje?

Aparecen como referencias narrativas; algunas, como referencias gráficas. Si te fijas en Inside Moebius o en Vapor, la narración aparece en unos paisajes desérticos. En Follaje no es un paisaje desértico, sino que es una especie de selva o de bosque. El paisaje es un personaje y funciona dentro de lo que estoy contando: el diálogo no solo es narrativo sino estético; Woodring y Max para mí son, sobre todo, referentes estéticos. El tipo de dibujo que ellos hacen me interesa mucho. Hay otro autor, que es Jason, que me ha servido mucho respecto al montaje y las viñetas. Él siempre hace montaje con cuatro viñetas, con separaciones de cuatro viñetas por páginas. El libro tiene vida por sí mismo, no podría decir que es una copia de estos autores. El libro habla de un mundo particular que estos autores no habían tratado. 

Teniendo en cuenta que usted vive en ciudad plagada de cemento y contaminación, ¿de dónde viene esa fascinación naturalista representar algo distinto a lo que vive a diario?

A mí me parece un dicotomía. Vivo en una ciudad, sé vivir en la ciudad, estoy acostumbrado a vivir en la ciudad; para mí la naturaleza es agreste, es ofensiva a mi forma de vida, no me gustaría vivir en un bosque, en una finca. El follaje tiene que ver en este caso con la historia: que es un fin, no el fin del mundo, sino el fin de una situación, el fin de esta situación que vivimos desde hace más de dos siglos, que ya no da más abasto y se supone agotado. En una situación donde la forma de vida citadina y del progreso que nació con la idea de ilustración está agotada, y se esa idea se consume. Las ciudades terminarán consumidas nuevamente por la naturaleza. 

Hay una serie documental, no muy buena, que era presentada en el canal Discovery Channel, que se llamaba El mundo sin humanos, donde mostraban eso: las ciudades después de veinte, cien, doscientos años sin seres humanos. Es como mirar la ciudad de Chernóbil, que desde hace treinta años para acá está dominada por la naturaleza. Los animales y plantas retomaron ese lugar: la negación de la idea del progreso y la idea del avance tecnológico. Siempre y cuando nuestra forma de vida civilizada no termine quemando el planeta, la naturaleza se tomará lo que nosotros hemos construido. 

En este trabajo hay una vuelca de tuerca en su trabajo, cambio de lugar respecto a los libros anteriores, como las tiras o en los Cuadernos. ¿Cómo ha pensado en este nuevo inicio en su obra? 

Soy consciente de eso. Ya estaba agotado con la autobiografía, con los Cuadernos Gran Jefe agoté una parte de la autobiografía. También sentía agotado el género o subgénero de los funny animals en mi trabajo. Aunque en el libro hay un poco de eso. Básicamente quería hacer algo diferente, para que me fuera más fácil. Con Follaje entro en otros temas, en otros asuntos, que continúan en otro libro que estoy terminado, que es muy cercano a este: El señor de los insectos. Lo que hago en estos libros son reflexiones quizás más universales. En Follaje, por ejemplo, narro un tema más cercano a la situación actual. Allí no se presenta el fin del mundo, sino el fin de un mundo, de un tipo de sociedad y de sistema. También se puede entender como la salida de una crisis cómo acaba una crisis o como el fin de un amor cómo termina ese amor, cómo quedan los rezagos de ese amor. La reflexión general en el libro es sobre el fin de algo

Por su formación como historiador, como docente, es inevitable leer que filtra parte del oficio, pero sin subrayar datos gruesos o enciclopédicos. ¿Qué tanto hay de investigación y cómo elige la información histórica?

No quería que la historieta fuera erudita; no me interesa. Cuento un monólogo sobre el fin del mundo porque en la historia de las civilizaciones ha habido finales. Por ejemplo, se creía que el fin del Imperio romano era el fin del mundo. Siglos después, incluso los paleocristianos entendían que Jesús hablaba del fin del mundo. El fin de la historia de la sociedad Rapa Nui en la Isla de Pascua es el fin de su mundo. Mi oficio tiene relación con esas reflexiones históricas, con esas particularidades del pasado que pueden ser entendidas hoy. 

Nuestra forma actual de vivir es insostenible. No me refiero a que termine todo, sino a que en unos cincuenta años nuestro tipo vida va ser diferente porque el mundo ya no da más. Se parece a lo que sucedió con los Rapa Nui, porque eran una sociedad cerrada en una isla superpoblada. En nuestra época los alimentos escasean, están en pocas manos y llegará un punto en que eso deba cambiar. Mi profesión de historiador me permite pensar en eventos del pasado y ver cómo ha sido el fin del mundo para unas sociedades específicas, y pensarlo ahora, en la historieta, con diferencias. 

A pesar de que el libro puede ser clasificado como una distopía, el libro no es catastrófico, no es devastador. ¿Por qué razón no se inclinó por el desastre total? 

Al final de libro hay un ápice de esperanza. A pesar de que todo terminó, y lo que existía antes acabó, hay una forma de iniciar, de volver a construir. Es lo que ha pasado antes: después de una crisis hay esperanzas. Hay una cita de un autor que no recuerdo que decía que después de Auschwitz no podía existir poesía. Pero creo que es al contrario, que es ahí donde existe la poesía y la esperanza. Eso parte de nuestra condición humana. Yo no creo que todo se acabe, aunque el personaje de Follaje aprecie ese mundo derruido, y lo diga a viva voz.

El libro no tiene excesos, es corto y eso exige un trabajo de síntesis. ¿Cómo fue diseñar este trabajo? 

El libro no lo escribí completo. Iba escribiendo guiones de diez páginas. En su forma, Follaje invita a la reflexión. Tiene muy poco texto, lleva un ritmo, una melodía interna, para que el lector pudiera, leer hacer y construir. No quería hacer grandes reflexiones en la superficie, quería que el lector que encontrara el libro se guiara en lo que no digo, en su música y su ritmo. Quería invitar al lector a que se haga preguntas. Espero haberlo logrado.

Follaje
Truchafrita
Tragaluz Editores, 2019


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