Cortesía Teatro Mayor Julio Mario Santodomingo. Cortesía Teatro Mayor Julio Mario Santodomingo.

La ciudad de Mahagonny crece y decae en Bogotá

Durante tres días, una coproducción del Teatro Colón de Buenos Aires, el Teatro Municipal de Santiago y el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo presenta la icónica ópera de Bertolt Brecht.

2018/02/26

Por Ana Gutiérrez

Una ciudad en medio de la nada existe simplemente para saciar los deseos del hombre de mujeres, whiskey y música. Podría ser Las Vegas o Macao o Monte Carlo pero es Mahagonny, una ciudad fundada por tres criminales fugitivos para extraerle todo el dinero posible a sus visitantes. La ópera Auge y caída de la ciudad de Mahagonny, con libreto de Bertolt Brecht y música de Kurt Weill, es una divertida pero dura crítica de la sociedad capitalista. Después de todo, en Mahagonny todo está permitido, excepto no tener dinero. El rápido ascenso y estruendosa caída de la ciudad gracias al dinero, la flexibilidad de lo moral y el egoísmo funcionan como una metáfora de todas las sociedades enfocadas en las transacciones materiales en lugar de las relaciones reales.

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Los habitantes de Bogotá pueden disfrutar un montaje casi televisivo hecho en coproducción entre el Teatro Colón de Buenos Aires, el Teatro Municipal de Santiago y el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo. Es una versión de la ópera que juega con las pantallas, el green screen y las convenciones narrativas de los noticieros para actualizar la obra de Brecht sin que pierda su espíritu revolucionario. Tiene tres únicas funciones: martes 27 de febrero, jueves 1 de marzo y sábado 3 de marzo.

La ópera fue escrita por Brecht y Weill a finales de la década de 1920 y se estrenó en 1930. En su momento fue una obra innovadora que cambió las convenciones en escena. En Colombia, cuenta con un elenco y un montaje que le hace honor a esos inicios al incorporar diversos elementos musicales y teatrales. La historia empieza con la huida de tres criminales estadounidenses, la Viuda Begbick, Fatty y Moisés (el bajo-barítono Hernán Iturralde, quien logra destacarse tanto por su canto como por su actuación entre un elenco excelente) de las grandes ciudades, quienes acaban averiados en medio de la nada. A falta de más oportunidades, deciden que fundarán una ciudad que sirva de red de pesca de hombres, es decir, para extraerle el dinero a todos los visitantes. Las primeras colonizadoras de Mahagonny son prostitutas lideradas por Jenny (interpretada por María Victoria Gaeta, otra de las voces y las actrices más notables del grupo de la producción). En una de las escenas más icónicas de la ópera, las mujeres llegan cantando la famosa Alabama Song, que cuenta con versiones de The Doors, David Bowie y Nina Simone.

Pero cuando llegan cuatro leñadores que ganaron su fortuna trabajando bajo duras condiciones en Alaska, el temible destino de la ciudad está sellado. Uno de ellos, Jimmy Mahoney, cambiará el rumbo de Mahagonny, lugar donde todo está permitido, hasta verse víctima de su propio éxito. Mahoney es, se podría argumentar, el verdadero personaje principal de la obra. A menos que cuente Mahagonny como tal. No es coincidencia que sus nombres sean tan similares. En la presentación que llega a Bogotá el papel de Mahoney lo interpreta el tenor argentino Gustavo López Manzitti, quien fue integrante del grupo de comedia musical Les Luthiers durante unos tres años. Manzitti se vale de la experiencia de esos años para nutrir su papel: su Jimmy es emotivo, amable, carismático, humoroso y sobre todo, humano. Su relación con sus amigos, y con Jenny son el eje narrativo de la ópera, cuyo desenlace es tan vertiginoso como la música. Manzitti es especialmente cautivante en su última escena. Aunque el resto de la ópera está en alemán e inglés, Manzitti pronuncia sus últimas líneas en español. El efecto es muy poderoso, logra que las palabras se queden con la audiencia.

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También vale la pena destacar el montaje dentro del teatro. Desde un número de pole dancing sobre el escenario hasta actores caminando entre las sillas, la producción incorpora una variedad de elementos para crear la decadente Mahagonny y, con pantallas y un vestuario cambiante, logra narrar la evolución de un lugar que no puede durar. En una escena explora lo que ocurre en múltiples cuartos de un burdel solo usando luces y sombras. El uso de las cortinas en el escenario cambia el enfoque de la audiencia en las escenas de manera casi cinematográfica. Una serie de noticieros falsos, que utilizan su conocimiento del género para tanto informar como burlarse del formato, complementan la acción. Es una manera moderna de narrar las ideas de Brecht y Weill, cuyas inquietudes sobre la sociedad, el capitalismo y la vida urbana siguen siendo tan relevantes ahora que cuando se escribió la ópera.

Auge y caída de la ciudad de Mahagonny cuenta tanto con un montaje excelente como un elenco talentoso que, tristemente, solo tendrá tres presentaciones en Bogotá. Todos los interesados en asistir pueden encontrar más información aquí.

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