El presidente electo Iván Duque confirmó que Carmen Vásquez será la nueva ministra de Cultura de Colombia. El presidente electo Iván Duque confirmó que Carmen Vásquez será la nueva ministra de Cultura de Colombia.

¿Por qué gusta (y por qué no) Carmen Vásquez como nueva ministra de Cultura?

La abogada de Buenaventura llega al gobierno de Duque con hoja de vida en lo político, pero sin experiencia en el sector cultural. Además, ya le pasan factura por un episodio en el ministerio del Interior.

2018/07/23

Por RevistaArcadia.com

He designado a Carmen Vásquez, una brillante líder y gestora pública de Buenaventura y el Pacífico, como ministra de Cultura. Su experiencia con las comunidades, formación y amor por las tradiciones culturales y minorías étnicas son vitales para promover nuestro folclor”.

El pasado sábado 21 de julio, Iván Duque publicó este mensaje en su cuenta de Twitter y en su grupo de WhatsApp “Duque Presidente”. Así, al nombrar a la abogada de Buenaventura Carmen Vásquez sucesora de Mariana Garcés en el Ministerio de Cultura, el presidente electo acabó con los rumores que habían circulado sobre quién asumiría el liderazgo de la cartera; uno que, al final, no salió de su equipo de empalme de cultura, como se especulaba.

Vásquez llega al Ministerio con una experiencia de más de 15 años en el sector público, con una carrera en la Contraloría del segundo gobierno de Uribe, y bastante empapada en el manejo de asuntos étnicos, sobre todo en lo que tiene que ver con la población afrocolombiana. Según personas entrevistadas por ARCADIA para este artículo, se ha formado desde muy temprano en el liderazgo cultural y étnico de los afrocolombianos del Pacífico y ha hecho carrera, sin perder su arraigo.

Una fuente cercana al gobierno de Santos le dijo a ARCADIA que, a pesar de no caracterizarse por ser “muy experta” en la gestión pública, es “una mujer valiente que fue cercana a (el entonces ministro del Interior Juan Fernando) Cristo y se mueve muy bien política y socialmente”.

Además, habría sido cercana también a la familia de Iván Duque, y a este desde que vivía en Washington, por lo cual su nombre habría estado sonando desde el comienzo del empalme, en un principio supuestamente para ser vicecanciller.

Más allá de su experiencia en política y su cercanía tanto al gobierno de Santos como al presidente electo, en los pocos días que lleva anunciado su nombramiento ya le han caído algunas críticas. La más relevante se dio en un post que publicó en Facebook la líder afrocolombiana, defensora de Derechos Humanos y ganadora del Goldmand Prize (el “Nobel ambiental”) el pasado 23 de abril, Francia Márquez.

Para este artículo, ARCADIA habló con líderes tanto de la población afro como del sector cultural. Una parte de ellos celebran el nombramiento de una mujer afro en el cargo y se limitan a resaltar los enormes desafíos que la esperan. Otros, sin embargo, ya se preguntan si Vásquez podrá conciliar su trayectoria en el ministerio del Interior y ante la OEA con la experticia técnica que exige un cargo tan exigente en lo técnico y lo político como el cultural.

CON URIBE, Y CON SANTOS

Carmen Vásquez nació en Buenaventura, Valle del Cauca, en 1963. Cursó sus estudios de bachillerato en el Liceo Femenino del Pacífico en esa misma ciudad y se graduó luego como abogada de la Universidad Libre en Cali. Es magíster en Derecho Administrativo y especialista en Relaciones Internacionales y Derecho Constitucional de la misma institución. Durante sus primeros años en el sector público, como informó en su momento La Silla Vacía, se desempeñó como asesora de la Secretaría de Salud de Cundinamarca, fue jefe de la oficina jurídica del antiguo Instituto Colombiano de Energía Eléctrica (Icel) y directora administrativa y jurídica de la Cámara de Comercio de Buenaventura. Es esposa del italiano Saverio Minervini, un empresario portuario que dirige el Grupo Coremar y fue uno de los mejores amigos del padre de Iván Duque.

Entre 2006 y 2010, en el segundo gobierno de Álvaro Uribe, Vásquez trabajó en la Contraloría durante la gestión de Julio César Turbay Quintero. Empezó como secretaria privada de este, luego se desempeñó como contralora delegada de los sectores Defensa, Justicia y Seguridad y, más adelante, como contralora delegada para el sector agropecuario. Durante su paso por ese ente de control, tuvo a su cargo hacerles seguimiento a los asuntos relacionados con el desplazamiento interno en Colombia y crear el proceso auditor para la equidad de género.

En 2010, ya con Santos en la presidencia, se volvió asesora jurídica del Programa Presidencial para la formulación de estrategias y acciones para el desarrollo de la Población Afrocolombiana, Negra, Palenquera y Raizal. Entre sus actividades destacadas estuvo la codirección de la Cumbre Mundial de Mandatarios Afro en Cali en 2013.

El 1 de octubre de 2014, Santos la designó viceministra para la Participación e Igualdad de Derechos del Ministerio de Interior. Allí estuvo encargada de liderar la formulación, adopción y seguimiento de las políticas públicas relacionadas con los asuntos políticos, los derechos y las libertades fundamentales enfocados en la participación ciudadana, los asuntos étnicos, de la población LGBTI y de la población en situación de vulnerabilidad.

En ese momento, Vásquez sonó en los medios de comunicación al convertirse en la segunda viceministra afro en la historia del país. También llegó a los titulares por recibir el premio Luis Antonio Robles 2016 “por su labor en la defensa del pueblo afrocolombiano”, otorgado por la Bancada Afro del Congreso de la República y el Instituto Nacional Demócrata.

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El 12 de octubre de 2016, Vásquez renunció a su cargo en el Ministerio del Interior y llegó a la Misión Permanente de Colombia ante la OEA en Washington en el cargo Ministra Plenipotenciaria. Allí manejó la agenda de derechos humanos para las mujeres, para la población en situación de discapacidad, los afrodescendientes, los pueblos indígenas y los niños.

El pasado mayo, el gobierno Santos aceptó su renuncia.

Un lunar: la marcha de mujeres negras del Cauca en 2014

En noviembre de 2014, más de sesenta mujeres afrocolombianas lideraron una movilización desde el municipio de Suárez, en el norte del Cauca, hasta Bogotá para exigir a la Corte Constitucional la suspensión de la explotación minera en su departamento.

La protesta llegó al ministerio del Interior. Allí, las mujeres establecieron una asamblea permanente que detendrían tan pronto el entonces ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, las escuchara. Una de las líderes de la manifestación era Francia Márquez. Como el ministro Cristo estaba ausente, las mujeres sostuvieron conversaciones con la viceministra de Participación e Igualdad, Carmen Vásquez.

Según Márquez, en los cuatro días de asamblea permanente pacífica en el lugar, la viceministra no permitió que les “llevaran frazadas y eso para nosotras fue una tortura en medio del invierno de Bogotá”. El 11 de diciembre, el gobierno y las representantes de la comunidad llegaron a una serie de acuerdos para generar estrategias para combatir la problemática minera en el territorio.

No obstante, en un comunicado de enero de 2015, Márquez y la Marcha de Mujeres Afrodescendientes del Norte del Cauca afirmaron que el Ministerio había incumplido los puntos pactados: “Exigimos a la viceministra de la Participación, vocera del ministerio del Interior, Carmen Vásquez, como entidad encargada de coordinar y garantizar el cumplimiento de los acuerdos, que urja a las entidades responsables a cumplir con cada una de las acciones acordadas”.

En conversación con ARCADIA, Márquez dijo en relación con su crítica a Vásquez que no se trata de un asunto personal, “sino que tiene que ver con algo muy concreto: no garantizó el cumplimiento de unos acuerdos a los que les hicimos un juicioso seguimiento”.

Esa preocupación, dice Márquez, va en tres direcciones: 1) el potencial uso estratégico de su afrocolombianidad para permitir intervenciones “de las multinacionales” sobre sus territorios; 2) su forma de abordar la movilización de las mujeres negras en 2014, y 3) la desconfianza que generó el incumplimiento de los acuerdos firmados cuando trabajaba en el ministerio del Interior.

Ya en ese entonces, algunos representantes del gobierno defendieron la actuación de la entonces viceministra al considerar que esta necesitaba actuar con autoridad ante un grupo que, además de tomarse el ministerio en forma de protesta, estuviera exigiendo las frazadas. “Hubo cierta legitimidad en decir que no”, le dijo a ARCADIA una persona cercana a los hechos de entonces.

Más allá de esto último, sin embargo, la nueva ministra arranca con una piedra en el camino, pues la voz de Francia Márquez tiene influencia tanto en la población afrodescendiente como en los sectores de esas comunidades relacionados con las artes y la cultura.

RESPALDO AFRO: “UNA NIÑA DEL PUERTO”

Ray Charrupí, director de la fundación Chao Racismo, le dijo a ARCADIA que “no se puede decir que un gobierno es incluyente al nombrar un solo afro en un gabinete compuesto por 16 ministerios y en un país donde la población afrocolombiana llega al 20%”. Sin embargo, Charrupí considera que “el nombramiento de Carmen Inés Vásquez debe contar con el respaldo unánime de la población afrocolombiana”.

Según él, “esta mujer ha tenido una hoja de vida pública sin tacha alguna sirviendo a Colombia”. Además, piensa que la nueva ministra debe concentrarse en dos prioridades: garantizar mejores condiciones a los afros desde la cultura, y “no ser la ministra de Cultura, sino la ministra de la Industria Cultural generando riqueza y promoción del patrimonio”.

La necesidad de darle respaldo la comparte Moisés Medrano, actual director de Poblaciones del Ministerio de Cultura. “Lo que puedo decir por ahora es que su nombramiento es importante porque el Pacífico necesita representación en términos institucionales: la sociedad colombiana tiene que acostumbrarse a ver personas negras en cargos de decisión y de importancia”.

Para Medrano, se trata de una tendencia positiva que viene desde “nombres como el de Paula Moreno durante el gobierno de Álvaro Uribe, Luis Gilberto Murillo (actual ministro de Medio Ambiente), Óscar Gamboa y Zulia Mena (actual viceministra de Cultura)”. La clave, dice, es seguir de cerca la gestión de Vásquez, sugerirle estrategias de robustecimiento financiero del sector cultura, y que su administración vele por la articulación de las plataformas del Sistema Nacional de Cultura. Esto también vale, según Medrano, para el trabajo coordinado entre el Ministerio y otras instancias de gestión cultural como el Banco de la República o las Secretarías Distritales.

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La líder cultural afro Juana Francisca Álvarez, hija del músico Petronio Álvarez (hoy símbolo de la cultura pacífica colombiana por el festival que lleva su nombre) y coordinadora de Arte y Cultura de la Universidad del Pacífico, dice que “Carmen Vásquez es un profesional muy capacitada para manejar un ministerio como el de Cultura”. Juntas han trabajado en procesos de gestión cultural e investigación en el territorio.

“Es una muchacha que tiene arraigo por su tierra, es una niña del puerto. Puede tener miradas diferentes a las de los procesos comunitarios, pero no quiere decir que deje de ser afro. Yo sí me siento representada por ella”, le dijo a ARCADIA Álvarez, quien durante la conversación dijo sentirse “molesta” por los comentarios de quienes cuestionan el arraigo territorial, étnico y comunitario de Vásquez. “Lo que la gente no entiende es que cuando uno es funcionario público no siempre puede tomar decisiones populistas, no es tan fácil hacer las cosas”.

La clave, dice Álvarez, radica en que las comunidades y los líderes afro “cobijen” a la nueva ministra. “Fue una niña de procesos comunitarios, de consejos comunitarios: tiene todo el arraigo de ser mujer afro”, dice. “Respeto la posición de Francia Márquez, entiendo que hay críticos, pero yo les digo: estamos en tiempo de posconflicto. Si la compañera en el pasado actuó de cierta manera, debemos tratar de cambiar eso y cobijarla. La posición entre nuestras comunidades, sea el gobierno que sea, es acompañar de cerca los procesos y estar cerca de nuestra gente”.

EL SECTOR CULTURA: EXPECTATIVAS Y TEMORES

Fuentes clave del sector cultural consultadas para este artículo consideran que hay que darle tiempo a la nueva ministra para que asuma las tareas y los procesos que le deja la saliente jefe de la cartera, Mariana Garcés.

Para algunos, su gran fortaleza es el tiempo que lleva trabajando en política (desde el ámbito comunitario como el nacional), lo cual le da “bagaje” en cuanto al manejo de proyectos y, sobre todo, en relación con el tejemaneje político.

Nicolás Morales, director de la editorial de la Universidad Javeriana y columnista de ARCADIA, dice que, “en aras de que no es gran una conocedora de los temas y contenidos técnicos del sector, la acción política debe ser su prioridad. Uno esperaría, por ejemplo, que ella pueda negociar muy bien el tema de los presupuestos y que ejecute muy bien los proyectos”.

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En el mismo sentido, otros consideran que es clave que se rodee bien. “Al no venir del sector cultura, va a ser muy importante el equipo que escoja”, dice Felipe Aljure, cineasta y recién nombrado director artístico del Festival Internacional de Cine de Cartagena. “Deben ser personas que tengan el conocimiento necesario para poder articular las políticas que se necesitan”.

Su primer gran desafío será articular la cultura con el proceso de paz y reconciliación que vive el país. Según algunos de los consultados, ese es un vacío que deja la gestión que termina el próximo 7 de agosto. A pesar de las iniciativas puntuales que intentaron aprovechar los procesos culturales para tejer lazos comunitarios, y a pesar de haber sido el ministerio de Cultura de Juan Manuel Santos, queda la sensación de que pudo haberse hecho (y puede hacerse) mucho más.

Eso piensa, por ejemplo, María Belén Sáez de Ibarra, directora nacional de Divulgación Cultural de la Universidad Nacional de Colombia: “Estamos en un proceso de posconflicto y, nosotros, que trabajamos en arte –y con esto me refiero a música, artes plásticas, patrimonio, etcétera– somos fundamentales para fortalecer los procesos de reconciliación. Para que los ciudadanos se apropien de la paz y la reconciliación como algo propio”.

En relación con esto, dice Sáez de Ibarra, hay algunas cosas que el nuevo Ministerio debería mantener, como el monumento que la artista Doris Salcedo prepara en Bogotá con una parte de las armas que entregaron las Farc. Según informó el Presidente Juan Manuel Santos, la obra se llamará Fragmentos, estará ubicada en el Centro de Bogotá, y, según la abogada Yolanda Sierra, “tiene el claro objetivo de apoyar, desde las ideas de justicia restaurativa y reparación simbólica, el proceso de justicia transicional previsto en el Acuerdo”. Y eso incluye, como le comentó Sierra a ARCADIA en una entrevista sobre el monumento, varios escalones inherentes al proceso de justicia que lo cobija: la verdad, la memoria, la dignidad, la garantía de satisfacción y la garantía de no repetición.

Por último, según Sáez de Ibarra, Carmen Vásquez debe darles continuidad a políticas que han sido exitosas como las relacionadas con la lectura y las bibliotecas, pero sin olvidar sectores como las artes plásticas o las artes escénicas.

Algunos líderes del sector cultural dicen tener dudas sobre la que podría ser la gestión de la nueva Ministra en relación con la llamada economía naranja: las industrias culturales y creativas. Nicolás Morales dice que le “parece raro” que la nueva ministra no tenga un perfil enfocado hacia ese “camino naranja”, teniendo en cuenta que es una de las prioridades del nuevo presidente.

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El presidente electo Duque lleva un buen tiempo especializándose en el tema (incluso ha escrito un libro) y ha anunciado en repetidas ocasiones que pondrá a la cultura y las artes bajo el foco de la “economía naranja” con el fin de que aumentar su productividad y su aporte al desarrollo económico.

Si los anuncios son ciertos, Vásquez tendrá que encargarse de reglamentar la Ley Naranja, que el Congreso aprobó en 2017, y también deberá encontrar un equilibrio entre la visión productiva de la cultura y la importancia de impulsar sin prevenciones a las artes y las expresiones culturales como una parte indispensable de una sociedad y del desarrollo del ser humano.

Felipe Aljure dice que la visión de economía naranja puede servir para encargarse de uno de los temas que, según él, “siguen pendientes” con el cine nacional: “el poco interés que el público les presta a las películas hechas en Colombia”. “Ese es su mayor reto en cuanto al cine nacional”, dice. “Ella debe explicarnos cómo se van a conjugar las tesis de la economía naranja con los 21 años de legislación de cine colombiano y con los temas que preocupan al sector”.

Pero Sáez de Ibarra, por su parte, piensa que en el nuevo gobierno, esa visión no puede dominar completamente al sector cultura. Según ella, ese será el gran desafío de Vásquez.

“Esa visión tiene una buena intención, y es cierto que las artes y la cultura son un sector productivo que genera trabajo y que impulsa el desarrollo social y económico de un país”, explica Sáez. “Pero no podemos perder de vista que el arte no necesariamente debe producir dinero. Puede llegar a hacerlo, pero ese no es su fin primordial. No hay que volver comercio lo que puede ser un material simbólico, ejercicios de la comunidad o manifestaciones que le dan voz a personas que no tienen voz”.

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