Imagen sacada de la cuenta de Twitter de Crammed Discs. Imagen sacada de la cuenta de Twitter de Crammed Discs.

Crammed Discs: cuatro décadas de independencia sonora

Desde 1980, este sello belga reúne sonidos de distintas partes del mundo y los presenta sin etiquetas a un público ávido de diversidad. Todo esto, bajo la dirección del productor Marc Hollander. ARCADIA habló con él.

2019/03/29

Por José Plata

Por décadas, los nombres de ciudades como Londres, Nueva York, Manchester, Berlín o París han aparecido en el mapa musical como centros creativos y de referencia artística. En ellas se generaron bandas y sellos independientes que han tenido impacto global. Así, el mundo occidental conoció el punk, ska, reggae, hip hop, jazz, electrónica y otros sonidos desde los años setenta. Estas experiencias han sido narradas y expuestas a través de libros, discos, documentales y películas que han mostrado ese impacto particular en la cultura de las últimas cuatro décadas.

Pero hay una experiencia musical importante generada desde la capital belga. Es una que ha perdurado y se mantiene vigente al ofrecer los discos de artistas de diferentes puntos del orbe. Y es una que se dio en una ciudad cuya diversidad cultural hace que convivan dos lenguas: el francés y el flamenco. Este es el trasfondo del sello Crammed.

Tras él se encuentra un catálogo ecléctico y vigente con artistas como el chileno Matías Aguayo, la argentina Juana Molina, el español Don the Tiger, los franco-chilenos Nova Materia, el estadounidense Scott Gilmore, la libanesa Yasmine Hamdan, entre otros. Pero para llegar a esto, hay que remitirse a la historia del creador del sello: Mark Hollander.

Un hombre que, pasados los sesenta años, ha conocido y vivido las distintas oleadas musicales del siglo veinte y lo que va del veintiuno. Lo ha hecho como músico en bandas como Aksak Maboul y Les tueurs de la lune de miel o The Honeymoon Killers (Los asesinos de la luna de miel). Y desde 1980 con el sello Crammed.

Con Aksak Maboul a finales de los setenta mostró rock que se salía de sus fronteras y exploraba además jazz, música cinematográfica y hasta rondas infantiles. Y con The Honeymoon Killers en los ochenta, tuvo una banda que se divirtió tocando en escenarios europeos, sin ser una banda de Londres o Nueva York. Tuvo el gusto de ser reseñada por la prensa musical de aquellos tiempos como unas de las más divertidas y necesarias para la época.

¿Pero qué hace que alguien que podría estar retirado de los ires y venires de la industria siga interesado en presentar artistas y ofrecer una variedad que pocos sellos tienen? ¿Qué hace que una industria que no termina de ajustarse en el siglo XXI siga buscando qué es lo que ella pueda dar, diferente y particular, a través del sello belga Crammed?

La respuesta está en este hombre y el pequeño equipo que lo respalda. Hollander ha sabido estar en el momento justo y ha sabido hacer del mundo su lugar de inspiración sonora. Y al mundo le ha devuelto con su sello todo aquello que difícilmente otros sellos podrían tomar.

La oficina de Crammed Discs está ubicada en el número 43 de la calle General Patton en la comuna de Ixelles. En ella hay pocas personas. Una encargada de la distribución, otra de relaciones y prensa y la de Hollander, su cabeza artística. Su espacio está lleno de discos, libros, revistas y legajadores que guardan la historia y el futuro de un sello que ha escrito una historia propia dentro de la diversidad.

En una tarde gris y lluviosa del invierno de 2019, Marc Hollander toma tiempo para hablar con Arcadia.

¿Qué hizo que se decidiera a lanzar su propio sello?

A comienzos de los ochenta cuando tuve el segundo disco de mi banda Aksak Maboul, decidí financiarlo por mi propia cuenta. Los sellos discográficos de la época no estaban publicando música o discos que me interesaran. Eso fue la base de todo. Pero tuve que inventar el sello porque había que dejar constancia de ello en la contraportada del disco. La idea evolucionó porque la convertimos en una plataforma por medio de la cual invitamos a otras personas a trabajar. Era algo pequeño y además me servía a mí como músico también. Ha sobrevivido y permanece hasta hoy. Y es también un motivo o disculpa porque yo aún sigo tocando de vez en cuando.

¿Cómo reaccionaba la prensa musical y cultural frente a esos lanzamientos del sello en los años ochenta?

Muy bien. Si bien en aquella época hubo una explosión de sellos independientes de Estados Unidos o Inglaterra y nosotros formamos parte de eso, la música que ofrecimos no estaba del todo dentro de las tendencias de esos sellos. No era algo que se pareciera a lo que se hacía en Londres o Nueva York. Tuvimos un alcance internacional rápido porque Bélgica es un país muy pequeño. Y también porque hay un gusto local por explorar la diversidad; no quedarnos con lo local. El disco de Aksak Maboul llegó a oídos de la gente de Recommended Records en Inglaterra. Y comenzó un comercio musical interesante: se hacían intercambios de discos con sellos independientes que eran manejados por músicos principalmente. Por ejemplo Recommended era de Chris Cutler de proyectos como Henry Cow o Art Bears. Esta fue una de las primeras experiencias con las que emprendimos esos intercambios. Y así comenzó todo. Así se fue dando una expansión interesante que nos permitió darnos a conocer. Y así fue también cómo la prensa buscaba lo que hacíamos, sintiendo que no era algo que se pareciera a lo que se publicaba en aquella época.

Esa misma década de los ochenta fue prolífica y propositiva con sellos como 4AD, Factory, Creation, Def Jam y el suyo. ¿Usted sentía que formaba parte de ese movimiento de esfuerzos independientes?

Creo que nosotros nos enfocamos en hacer lo que teníamos para hacer porque las condiciones estaban dadas para esas aventuras. Todo era intituitivo. Y a los sellos independientes les comenzó a ir bien. No creo que pueda decir que fuera parte de un movimiento, pero las condiciones fueron favorables.

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A lo largo de su existencia, Crammed ha tenido la particularidad de contar con un repertorio de talentos de diferentes lugares. Así se han tenido artistas de América, África, Asia y Europa. ¿Usted entonces se siente pionero en buscar artistas de otras latitudes o tal vez es un curioso que nunca se siente satisfecho en su búsqueda?

Pionero tal vez no. Otros han hecho cosas similares. Pero sí es cierto en lo personal busco gente que busca mezclar cosas. Es tal vez un defecto mío. Aún así recuerdo cómo en la primera etapa del sello, sucedía que una banda era formada por personas de dos países, vivían en un tercer país, hacían música de un cuarto país y lo que resultaba era la música de un quinto país que no existía. Esas mezclas me llamaban mucho la atención. No siempre las mezclas daban buenos resultados; pero en ocasiones sí sorprendían.

¿Cómo recuerda la transición de los ochenta a los noventa, teniendo en cuenta que se pasó de tener bandas post-new wave a la electrónica?

Para Crammed, buscar esos agujeros o anomalías sonoras es adentrarse en otras posibilidades. Entonces en la primera época, con grupos como Tuxedomoon o Minimal Compact, teníamos ya una posibilidad de armar un camino. Pero también teníamos la obra de gente como John Lurie, Peter Principle, Susan Deyhim o Sonoko. Eran artistas más experimentales que fueron bien recibidos. A fines de los ochenta emergió la electrónica y empezamos a explorarla a través de discos que lanzamos. Lo acogimos de inmediato porque era una mezcla de cosas previas que conocimos como Kraftwerk, la electrónica de Detroit y el funk. Muchos seguidores del sello quedaron sorprendidos ante esos sonidos; pensaban que estábamos publicando una música de porquería. Por ese motivo, si bien Crammed era ya un sello reconocido por la diversidad, tuvimos que crear subsellos para las diferentes tendencias. Tanto así que cuando la gente descubría que algo era un subsello de Crammed, se sorprendía. Así pudimos acercarnos a la música experimental, la electrónica, los sonidos de África, Brasil. la cumbia y otras latitudes.  Así es como se han tenido subsellos como Made to Measure o SSR. Pero también pudimos trabajar con artistas con propuestas acústicas u orgánicas que no pertenecían al hemisferio occidental. Llegamos así a Zap Mama que fue un grupo vocal femenino que traspasó fronteras musicales y sociales. De verdad fue una década esquizofrénica. Por un lado teníamos música electrónica y por otro, una hecha con instrumentos convencionales. Y seguíamos sorprendiendo como Crammed. Tuvimos vinilos de electrónica, pero luego con los grupos que ya no estaban dentro del rock, prensamos más discos compactos.

¿Cómo se dio luego el paso al mundo de lo digital en el nuevo milenio? ¿Cómo se enfrentaron a esos nuevos tiempos con una industria en crisis?

Lo hicimos de inmediato; pero duró un tiempo la adaptación. Creo que fue a mediados de los dos mil que hicimos ese cambio definitivo.Se hizo para sobrevivir.

Y en este nuevo milenio, Crammed lanzó propuestas como el disco de la brasileña Bebel Gilbert, los congoleses de Konono No 1 y los rumanos Taraf de Haidouks. Tres propuestas que rompieron esquemas y marcaron pautas musicales para el mundo.  ¿Siente usted que el mundo se adaptó a esos sonidos o Crammed hizo que el mundo se adaptara a ellos?

Fueron diferentes situaciones. El disco Tanto Tempo de Bebel, llegó en un buen momento. Era el año 2000. Esa mezcla elegante de electrónica y sonidos brasileños no había sido firmada por nadie en Nueva York. Ella tuvo que venir a Bruselas para que lo lanzáramos. Ser hija de João Gilberto fue nada ante lo grande de su disco. Fue un impacto global y además, recordamos que le abrió las puertas a otros fenómenos musicales de BrasilFue el momento clave del trip hop y downtempo que luego se degeneró en lo que ahora conocemos como lounge. Y esto hace que esa categoría que absorbió todo, haga imposible tener algo como ir y recuperar esa música porque queda con esa categoría.

Ese disco ha sido uno de los sucesos musicales más importantes de los últimos 20 años en Brasil y salió de esta pequeña oficina de Bruselas. Con Konono, sentimos que era un proyecto cuyo impacto iba a ser más grande en los seguidores de la música independiente y la electrónica que los de la categoría de música del mundo. Y esto fue lo que sucedió. Vinieron luego las giras y colaboraciones con Björk y las remezclas que muchos artistas hicieron de su música.

¿Cuando mira el catálogo y el pasado de Crammed, siente que hubo artistas o bandas que se le escaparon y que pudo haber firmado y lanzado?

No miro hacia el pasado. Lo que pasó, pasó. Cruzamos caminos con la gente. Algunos vienen a nosotros o nosotros vamos hacia ellos. No estamos en la capacidad de correr a firmar a alguien. Somos una compañía muy pequeña y nuestros esfuerzos tienen que ser medidos. Podemos hacer cosas con la gente que quiere trabajar con nosotros a nuestro ritmo. En Inglaterra se firman artistas y bandas todo el tiempo; los representantes de los sellos van a ver bandas, hacen ofertas y hay disputas por ello. Nosotros no podemos hacer cosas así. Esto no es una carrera de caballos; no se hacen apuestas así. Se hace un trabajo de desarrollo artístico.

¿Cuál cree que es el papel del periodismo cultural en la industria musical actual? ¿Hay que tener un periodismo más especializado?

Es una pregunta difícil. Es necesario que la música tenga una exposición en la prensa, pero estamos además en un tiempo de redes sociales que en algunos casos ayudan y en otros no a hacer este trabajo. Es una alquimia extraña la de ver cómo un artista llega a más público a través de los medios. Es algo misterioso y extraño; no es algo medible o científico si se quiere como el mercadeo. Tal vez en los niveles industriales grandes se invierte en diez artistas y solo hasta el número once se llega al éxito. Y esos diez anteriores pasan al olvido. Nosotros hemos tenido casos de artistas que han sido muy apreciados por la prensa, pero eso no se ve reflejado en ventas. O también hemos tenido artistas que no han generado interés alguno para la prensa y han sido bien recibidos por el público. Nos interesa que se cuenten buenas historias de los artistas. Y eso no es fácil. En Crammed los artistas tienen historias interesantes que valen la pena dar a conocer así como se hace con la música.

¿Cuáles son sus artistas preferidos que no están en Crammed?

Es imposible para mí responder eso. Me gustan muchos artistas y muchas épocas. Ahora estoy encantado con una compositora clásica francesa llamada Lili Boulanger. Falleció a los 24 años. Un amigo me dejó escuchar algunas de sus piezas y me gustan. Su obra es conocida y hay mucha documentación sobre su vida. Pero me sorprende y atrae en la actualidad.

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¿Tiene usted algún tipo de consejo para las personas que quieran comenzar con un sello independiente en la actualidad?

Creo que no. Lo que veo es que la gente del mundo electrónico como djs y productores tienen sus propios sellos como estrategia de promoción de su obra. Y esto funciona muy bien. Es una estructura muy eficiente que elimina costos. Pero nosotros no podemos operar así. Solíamos lanzar discos porque teníamos el convencimiento de tener una buena banda. Inclusive lanzamos discos de bandas que no se presentaron mucho. El mundo apreciaba eso. Lo hicimos a través del sello Made to Measure que era dedicado a la música experimental. Ahora tenemos que trabajar para desarrollar la carrera de un artista; para desarrollarla con presentaciones, giras, contactos en otros países y hacer esfuerzos más allá de lanzar solo la música. Y también tenemos que generar ingresos de las presentaciones que los artistas hagan para poder reinvertir. De otro modo seríamos solo una oficina de relaciones públicas para artistas y agentes del mercado musical. Tiene que haber una relación simbiótica entre la banda y el sello para que todo pueda hacerse. Tenemos presupuestos modestos que aún así utilizamos bien. Por eso es que los djs lo hacen todo ellos mismos con sus sellos y no hacen estos procesos.

Un aspecto que vale la pena rescatar es el trabajo gráfico de las portadas en el sello y los subsellos. ¿Cómo se lleva a cabo esto?

De esto se encarga Hanna Gorjaczkowska quien es mi socia en el sello. A través de los años se han desarrollado buenas ideas. Algunas portadas de seguro me han gustado más que otras. Y algunas me sorprenden también. Es un trabajo que también es parte de la cadena.

Finalmente, ¿cómo Crammed ha ser un sello presente en fenómenos locales que luego se convierten en globales, como el de la cumbia chicha? ¿Este fenómeno de recopilar sonidos de un lugar que son presentados por personas foráneas que los redescubren es una constante?

Con los discos de The Roots of Chicha, tuvimos la oportunidad de trabajar con Olivier Conan, de la agrupación Chicha Libre. Es cierto que en muchas ocasiones son personas de otros lugares las que se encargan de recopilar y mostrar las cosas.

Así pasó con el blues con bandas como The Rolling Stones o The Animals quienes tomaron ese sonido. Fue ahí cuando en Estados Unidos se dieron cuenta de la existencia del Chicago Blues y de John Lee Hooker. Muchas veces pasa que se redescubre una tradición cuando está casi por extinguirse. Así pasó con Buenavista Social Club. Tal vez en Cuba ellos estaban retirados; pero el fenómeno se expandió con el documental y el disco. Salieron de gira por todo el mundo. En el caso del Congo, Crammed logró reconocer esta música local que a lo mejor no es consumida por la gente de Kinshasa, porque prefieren el hip hop o pop congolés.

Hubo un tiempo en que tuvimos muchos artistas de Brasil. Primero fue Bebel, luego tuvimos a Suba, Celso Fonseca, Dj Dolores, Bossacucanova, Trío Mocotó y más. Fueron llegando uno tras otro. Pero ahora tenemos un catálogo más enfocado a lo hispánico que ha tenido la oportunidad de trabajar con Chancha vi Circuito, La Chiva Gantiva, Matías Aguayo, Juana Molina y más. Esta es la esencia de Crammed. Ser de todos lados o ser de ningún lado también. Mientras el sello sigue su trabajo, Hollander crea mezclas musicales para Boiler Room, Red Bull Radio y la emisora WDR. Y ahora también hace sesiones como dj mientras prepara un nuevo lanzamiento con su banda.

www.crammed.be

@CrammedDiscs

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