"Dentro de la música nos está moviendo más el entretenimiento, el negocio, y no el arte". | Fotografía: The Music Joint Entertainment Group. "Dentro de la música nos está moviendo más el entretenimiento, el negocio, y no el arte". | Fotografía: The Music Joint Entertainment Group.

“Detrás de cada necesidad de poder hay un miedo”: iLe

‘Almadura’, el nuevo disco de la cantante puertorriqueña, se enfrenta a la cultura patriarcal, al odio y a la indiferencia. Hablamos con ella sobre la resistencia y la diversidad rítmica de Puerto Rico y de la posibilidad de mantener, desde el arte, la memoria viva de una comunidad.

2019/05/31

Por Juan Pablo Conto

La cantante puertorriqueña Ileana Mercedes Cabra, o iLe el apócope con el que se ha dado a conocer en su proyecto como solista, ha construido una cartografía musical influenciada por artistas como el salsero Ismael Rivera, los ritmos folclóricos de Elenita Santos, el bolero de Blanca Rosa Gil y el sonido antillano de Yayo el Indio. Su primer disco, iLevitable (2016), introspectivo y familiar, encarnó las canciones de su abuela, la maestra y compositora Flor Amelia de Gracia Barreiro, de su hermana Milena y de los amigos y amigas que son para ella su familia extendida. En 2017, el álbum, impregnado de la cadencia del bolero, la balada pop, la trova cubana y el boogaloo, le mereció un Grammy en la categoría “Mejor Álbum Latino de Rock, Urbano o Alternativo”.

Este contundente golpe musical dio inicio a su carrera como solista, después de su participación de casi una década en Calle 13, el proyecto de sus hermanos René Pérez y Eduardo Cabra, en el que figuró con el alias de PG-13. Colaboró, entre otros, con artistas como Gustavo Santaolalla, Kevin Johansen, Susana Baca, Gustavo Cordera y Jorge Drexler. Su potente voz, prometedora desde sus años de escuela en el Josefita Monserrate de Sellés en Puerto Rico, hace confluir la consonancia y la fiereza, las reflexiones internas y la crítica indomable contra estructuras sociales obsoletas.

Si con iLevitable exploró temas como los sentimientos oprimidos, la sexualidad y el egocentrismo que trae consigo la fama, ahora, después de tres años, su nuevo disco, Almadura (2019), se enfrenta a la cultura patriarcal, al odio que muchas veces nos define como sociedad y a la indiferencia con la que miramos al otro. Esto junto a una exploración por los ritmos autóctonos de su país y de ese hilo conductor que une a los tambores del continente con África. El álbum fue coproducido por su socio Ismael Cancel, e incluye a sus hermanas Milena Pérez Joglar y Gabriel Cabra como directores creativos. Son doce canciones entre las cuales hacen aparición artistas de la talla de Eddie Palmieri.

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A propósito de este lanzamiento, nos sentamos a hablar con ella para reflexionar sobre lo que significa esta nueva entrega, sobre el trasfondo de varias de sus canciones, así como de la actualidad de Puerto Rico y de sus ritmos tradicionales.

Arranca un nuevo ciclo con este nuevo disco. En retrospectiva, ¿qué le dejó iLevitable?

iLevitable es un disco muy familiar. Hay composiciones mías, de mi abuela, de mi hermana y de amigos que eran familia extendida, así que hay mucha admiración, amor y cariño, además de muchas miradas distintas. Es un disco que se enfoca más en reconocer nuestras vulnerabilidad como fuerza, que creo que es algo que subestimamos. Nuestras vulnerabilidades nos ayudan a crecer y a entender lo que sentimos. Es bueno darnos estos permisos de sentir dolor, de llorar o lo que sea que uno sienta. Este segundo disco ya explora precisamente esa fuerza adquirida que nos enseña a enfrentarnos a nuestras respectivas realidades.

Según eso, ¿qué significa Almadura? ¿Qué entiende por poner el alma dura?

Es un simbolismo de protección, de cuidar lo que somos, nuestra cultura, nuestra raza, nuestra sociedad. Creo que todos tenemos esto dentro de nosotros, pero hay que estar alerta. Desde que nacemos buscamos protección y cuidado y eso es bueno mantenerlo en la adultez. La vida se va complicando pero hay que apuntarle a la sanación y a la limpieza interna y fortalecerse cada vez más para preparar entre todos y todas ese futuro que anhelamos.

Esa vulnerabilidad y fortaleza, ¿cómo se manifiestan en su forma de crear como artista?

Todo depende del momento en el que uno esté. A mí no me gusta forzar las cosas para nada, prefiero que surjan naturalmente y respondan a una inquietud que tengo realmente dentro de mí y que necesita salir. Escribir y componer me permite conectarme con mis emociones, con lo que siento. En el momento que trabajé Almadura estaba muy conectada con lo que me molesta, con mis inquietudes, con mis inseguridades, con lo que observo desde mi perspectiva. Siempre hay que ser honesto con lo que uno está haciendo, es lo primordial.

¿Qué le molesta?

Muchas cosas, pero para reducirlo a una sola: la indiferencia. Es de las cosas que más me frustra. Tenemos tantas cosas que contarnos, tantas razones para estar conectados, y a mucha gente no le importa. Creo que viene desde un lugar muy psicológico, de traumas y dificultades, no todos manejamos las circunstancias de la misma manera, pero por lo mismo nos necesitamos, para aprender del otro, nutrirnos y solidarizarnos. De eso se trata vivir para mí.

Retomando un poco lo de la multiplicidad de artistas presentes en el anterior disco, en el cual hubo personajes como Cheo Feliciano, ahora en este nuevo hace su aparición Eddie Palmieri, en el interludio de “Mi novia” y en “Déjame Decirte”. Cuénteme un poco cómo se juntaron y de la experiencia de trabajar con él.

Es un grande de la salsa. En mi familia somos súper fanáticos y es una locura cuando uno desde chiquito lleva escuchando a alguien termine colaborando con lo que uno hace. Es difícil de procesar, pero es algo muy mágico. De entrada uno piensa que es algo imposible de lograr, pero de momento se logran y es un sueño hecho realidad. Su manera de tocar, su estilo, va perfecto con la intención. Él es alguien que dentro de la salsa rompe las estructuras y tiene su propio sello y el que lo mantenga a través de todos estos años es algo que me enorgullece un montón y creo que era perfecto para este disco.

Tiene canciones que responden de manera directa a cierta hegemonías, como el patriarcado, ¿qué significa para usted resistir?

Es el coraje mismo, viene del corazón. Creo que el miedo tiene mucho que ver, pero como algo que nos acompaña, no como algo que nos desconecta y nos separa. Hay que estar consciente de este y creo que la resistencia viene de ahí, de estar atento de los retos que esto supone para poder construir.

Su abuela cantaba y componía, ¿cómo siente que se ha transformado la voz de la mujer boricua y de la mujer latina en el tiempo?

En el caso de mi abuela, yo pude conocer el trasfondo de estas canciones y, claro, estas eran desde su propia mirada, desde sus vivencias, que pertenecen a otro tiempo. A la hora de cantarlas tuve que esforzarme por hacerlas mías y fue algo que me costó trabajo. Lamentablemente mi abuela ya no estaba cuando grabé estas canciones, así que intenté absorber un poco de su energía y transformarla en la mía. Fue difícil, era adentrarme en otra realidad y meterme ahí lo que más pudiera, hasta convertirme en parte de ese momento. Esto es algo que intento hacer en todas las canciones.

Y según eso, ¿qué inquietudes siente que han cambiado? ¿Cómo se ha transformado esa voz?

Creo que ahora estamos más conscientes de que no hemos sido muy bien educados. Lamentablemente ha sido un proceso lento, en lo personal quisiera que fuera mucho más rápido, pero entiendo que cuando hay tantas generaciones envueltas, tanta crianza distinta, tantas maneras de educar, toma su tiempo. Pero por lo menos acá en Puerto Rico somos cada vez más mujeres y hombres en la calle llevando el mensaje de entendimiento. Al final, yo creo que nadie debería subestimar las capacidades de nadie, sino más bien apreciarlas, entenderlas. Es lindo vivir en un mundo diverso, y mi abuela era alguien que estaba muy consciente de eso en su momento. Ella era avanzada para su época, fue alguien que nunca se sometió a una relación ni a nada que ella no quisiera, todo lo contrario, si algo no iba con su sentir lo manifestaba. Nosotros nos criamos y aprendimos eso, así que que yo agradezco muchísimo haber tenido una abuela así, así como una madre, unas tías y unas mujeres tan fuertes como las que hay en la familia. Por eso yo llevo este mensaje y me gusta compartirlo, tanto con mis amistades como con todos a través de la música.

Tomando como referencia la canción “Temes”, para usted, ¿a qué le teme el machismo?

Realmente quisiera tener más conversaciones para poder entender esto mejor, pues es un cuestionamiento que yo misma me hago. Siento que detrás de cada necesidad de poder hay un miedo, porque para qué quieres sentirte poderoso si no le temes a algo. Y no solo sucede en el machismo, también en el racismo, en la xenofobia, y esos comportamientos ridículos que aún hoy siguen existiendo. Es algo que ya tiene que desaparecer de este mundo, tenemos que ir por nuevas búsquedas.

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“Temes” es un bolero, un género ligado a una temática romántica desde su consolidación. Y una temática romántica muchas veces construida desde el punto de vista del hombre. Sé que siente una gran pasión por este género. ¿Qué significa para usted subvertir el bolero?

Fue algo que encajó tan perfectamente que ni yo misma no lo podía creer. El bolero es una parte de mí, crecí escuchándolo y transportándome a otros tiempos donde se expresaban las cosas de forma diferente. Y sí, el bolero es romántico, amoroso, y de verdad que por eso no había contemplado trabajar con él en el disco. La energía que se estaba creando era muy distinta y la sentía hasta desconectada de este género, pero de repente fue como si el bolero me pidiera participar. Tuve que negociar con él, pues no quería nada romántico, y ahí se juntó con esta otra idea que yo quería manifestar. Se dio naturalmente y siento que el bolero era perfecto para una canción como esta. Lo transformamos, para que nos acompañe hoy en día, pues al final es un género de mucha instrumentación y mucha musicalidad.

En el video de “Odio” hace referencia a la masacre de Cerro Maravilla. Cuéntenos un poco, para quienes no lo tienen tan claro, qué fue lo que sucedió ahí.

Ocurrió en el año 1978. Dos jóvenes estudiantes independentistas de veinte y poco años conocieron a otro muchacho que parecía ser muy valiente, muy atrevido, que lanzaba piedras y parecía ser muy pro independencia. Lo que ellos no sabían es que este joven era un agente encubierto de la policía, un infiltrado. A pesar de que es uno de los sucesos más famosos en Puerto Rico, aún hay varias cosas inconclusas, pero dicen que fue él quien tuvo la iniciativa de ir a quemar unas torres de comunicación para llevar un mensaje de independencia. Decían que era alguien muy manipulador y muy convincente. Cuando iban a las torres de comunicación había todo un plan, aparentemente también creado por el infiltrado, de secuestrar a un taxista para que los llevara a las torres. Eso es lo que sale en el video. Cuando llegan a las torres la policía hace una emboscada, agarran a los dos estudiantes, los torturan y asesinan. Luego hacen todo un escenario para argumentar que fue en defensa propia, un encubrimiento que no solo viene del gobierno de Puerto Rico, sino también del gobierno de Estados Unidos, que como siempre intenta lavarse las manos.

Es un suceso que tiene todo que ver con la historia de Puerto Rico, dado que en los años 50 uno no podía salir con la bandera nacional porque lo arrestaban. En esos tiempos la orden era reprimir y matar a todos los independentistas. Por eso es una historia tan fuerte, que además no enseñan en las escuelas. Yo lo aprendí por mi familia, pero es algo que las generaciones nuevas desconocen. Para mí en esta canción hay un ejemplo muy claro de odio, y traté de adaptar esta situación con un presente donde todavía este tipo sucesos ocurren en varias partes del mundo.

¿Por qué es para usted importante mantener esta memoria viva?

Si no conocemos nuestra historia y nuestro pasado, cómo vamos a mejorar el futuro. Para mí es sentido común. Hay que saber lo que vivimos, lo que sufrieron nuestras familias, entender nuestro presente para así mirar hacía adelante. No podemos vivir enajenados de nuestra realidad, de nuestra historia, si no no vamos a entender nada. Todos tenemos nuestras realidades, cargamos con cosas de nuestra infancia, y esto tiene que ver con lo que somos, en cómo actuamos. Y si no nos entendemos, cómo vamos a entender al otro. Es un trabajo difícil pero no imposible, es cuestión de introspección.

Pregunto lo siguiente también como colombiano, y teniendo en cuenta que una de las palabras claves aquí es el odio, ¿cómo construir estas memorias sin caer en él nuevamente?

Honestamente es algo muy difícil, pues las emociones a veces nos traicionan y nos llevan a hacer cosas que jamás pensamos que podíamos hacer. Ahí viene el odio y lamentablemente todo el mundo puede cometer un acto de odio. Es quitarnos la ropa y vernos desnudos, detrás de cada persona hay una realidad, algo que nos vulnerabiliza, más allá de esa mirada violenta. Yo trato de ver a través de eso y detrás de los ojos, de las miradas, uno encuentra esas energías. Uno no puede dejarse llevar tanto de las emociones porque ahí es donde nos bloqueamos y nos confundimos. En cada acto de odio también hay un miedo, y eso es lo que busco entender. Es un ejercicio difícil, pero hay que intentarlo.

¿En qué anda hoy ese movimiento independentista? Siente uno, desde afuera, que hay mucha apatía al respecto.

Lamentablemente sí, mi familia y yo somos parte de una minoría. La mayoría del país quiere que seamos un estado de los Estados Unidos, pero siento que con el pasar de los años se ha ido abriendo el cuestionamiento. Siento que mucha gente que quiere ser estado no sabe bien por qué, sino que se nubla con las supuestas comodidades y beneficios, sin en realidad profundizar en la manera en que esto nos afectaría como país. Hay mucha falta de educación y, como te decía, no conocemos nuestra propia historia. Ha sido todo parte de un sistema que no nos da la información para que nos movamos hacia el conformismo. Es algo que ha pasado desde siempre.

Ahora, creo que después del huracán María nacen cuestionamientos, pues siempre estamos esperando que alguien nos venga ayudar, que alguien nos calme, y al no recibir ayuda, nos puso a dudar. Y lo más lindo: nos puso a reaccionar y meter mano, como decimos acá, para ayudarnos entre todos y todas. La recuperación después del huracán fue gracias solo a nosotros, pero no lo vemos de esa forma, nos subestimamos mucho. Creemos que no podemos ser autosuficientes, algo que parte de nuestra baja autoestima y de cómo nos han maleducado. Creo que estamos en un momento en el que nos damos cuenta de que sí podamos. Ojalá seamos cada vez  más los que queremos la independencia.

En canciones como “La Curandera”, identifico, dígame si me equivoco, el tamboreo de Bomba. Cuénteme un poco de este ritmo y de su vitalidad hoy en día, ¿sigue siendo una música y una cultura vigorosa?

Justamente lo que me gusta de ese tema es que puede leerse como Bomba, puede leerse como Palo dominicano, puede leerse como Cumbia colombiana… tiene un montón de juegos que tratamos de fusionar, algo que me gusta mucho. Acá cada vez hay más movimientos de Bomba. Creo que en todo eso que hablábamos de la independencia, en todos nuestros actos revolucionarios, el arte está presente. Muchas veces nos manifestamos y nos desahogamos a través de la música callejera. Y a pesar de ser colonia desde hace tanto tiempo, hay más música y más Bomba en la calle, sigue algo firme, es nuestra identidad. La música puertorriqueña tiene que ver mucho con la revolución cultural que poco a poco estamos reviviendo.

Estuve hace unos meses en San Juan. En una cuadra, en calle Loiza, sonaba Bomba en un lugar llamado En Resistencia. Ahí conversamos un rato con alguien que usted conoce, el percusionista Andrés Cruz, y posteriormente llegó Tego Calderón a escuchar los tambores. Quiero preguntarle sobre esa relación entre estos ritmos y el reggaetón. Tego Calderón ha tenido un acercamiento particular y ha mantenido un diálogo muy fluido, pero el reggaetón como industria puede resultar un poco abrasivo frente a estas manifestaciones, ¿cómo lo vive e interpreta usted desde la isla?

¡Claro! Andrés Cruz fue percusionista de Calle 13 y, de hecho, en “La Curandera” hace un solo. Pero respondiendo la pregunta, todavía tenemos mucho que aprender y mucha gente ve la Bomba y la Plena como si fueran una misma cosa, cuando son dos ritmos completamente diferentes. Tenemos que conocer mejor nuestra cultura. Pero yo siento que hay una necesidad de búsqueda dentro del reggaetón mismo y, así no todos sepan cómo acercarse a la musicalidad y a la interpretación de estos ritmos, hay un respeto y un interés. Pero yo te diría que en realidad el que hizo algo que hacía mucha falta, no solo incorporando estos ritmos al reggaetón, sino contando nuestras historias, como lo hacía la Bomba, la Plena y nuestros ritmos afrocaribeños, fue Tego Calderón. Es algo que necesitamos mucho, y al reggaetón le falta esto, contar muchas cosas que no estamos contando. Quizás porque dentro de la música nos está moviendo más el entretenimiento, el negocio, y no el arte y el deber o la necesidad de compartir nuestro sentir.

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