Andy Montañez en el Teatro Amira de a Rosa, durante el Carnaval de las Artes. El evento llega a su versión número 13, mientras el escenario donde nació está cerrado desde 2016. Andy Montañez en el Teatro Amira de a Rosa, durante el Carnaval de las Artes. El evento llega a su versión número 13, mientras el escenario donde nació está cerrado desde 2016.

Carnaval de las Artes: memoria de un patrimonio forzosamente inmaterial

Este 14 de febrero inicia la versión número 13 de este evento. Un recorrido por la historia de una iniciativa que ha comenzado a hacer parte de la identidad barranquillera, al tiempo que sortea los desafíos culturales de la ciudad.

2019/02/14

En enero de 2007, el bandoneonista Carlo Buono y el acordeonista Alfredo Gutiérrez se enfrentaron en el escenario del Teatro Municipal Amira de la Rosa de Barranquilla. El entonces líder del Piazzola Tango y el siempre excéntrico ‘monstruo del acordeón’ encarnaban dos formas muy distintas de sacarle música a la respiración de un instrumento. Buono, discreto y sutil, invitaba a la intimidad con cada resoplido del bandoneón que lo  había acompañado durante toda su vida; mientras Gutiérrez, rockstar de correrías, desplegaba su ruidosa manera de alternar entre un acordeón y culminaba tocando uno de ellos con los pies mientras sus compañeros de orquesta lo sostenían en hombros como a un auténtico rey vallenato (tres veces coronado). Era la primera edición del Carnaval de las Artes.

Una presentación así resume en buena medida la esencia de este evento: una línea musical predominante, que a lo largo de doce versiones ha incluido nombres como Richie Ray, Andy Montañez, Wilfrido Vargas, Ondatrópica y Abelardo Carbonó; eventos gratuitos con entrada preferencial para el público disfrazado; variedad de formatos que lo acercan a una experiencia de radio en vivo; y el carnaval como pretexto, atmósfera y tema de reflexión.

Esa identidad mixta proviene de la doble semilla que dio origen al evento en 2007. Por un lado estaba la intención de pensar el carnaval desde sus conceptos primordiales. Por el otro, la inspiración de un proyecto vecino: “En la primera edición del Hay Festival de Cartagena, mi amigo y co-fundador de la Fundación La Cueva, Antonio Celia, me preguntó casi de modo inocente por qué nuestra ciudad no tenía un evento como ese. Yo le respondí: si quieres lo hacemos, y llevamos trece años en ello”, recuerda Heriberto Fiorillo, director y fundador del Carnaval de las Artes.  

A pesar de esas líneas presentes hasta hoy, muchas cosas han cambiado desde el nacimiento hace trece años. Quizá el cambio más visible a lo largo de estos años y una de las problemáticas más complejas que enfrenta Barranquilla es la falta de escenarios desde el cierre del Teatro Municipal Amira de la Rosa, sede principal de las nueve primeras versiones del evento, a mediados de 2016. Entregado en comodato al Banco de la República en 1980 por un periodo de 99 años, la figura jurídica imposibilitaba que la entidad hiciera las reparaciones y ajustes estructurales que el escenario necesitaba con urgencia. En mayo de 2018, con el cambio de comodato a donación efectiva, se dieron las condiciones para hacer la reparación, pero aún no hay fecha de apertura programada.

La historia del Carnaval de las Artes, al igual que la de Barranquijazz, es inseparable de este teatro. Ese vínculo no solo se debe a la fuerte carga simbólica y emotiva que tiene el escenario para los barranquilleros, sino a la más prosaica y desoladora razón de que en una ciudad con más de un millón doscientos mil habitantes, eje económico de una región y sede de un carnaval declarado patrimonio inmaterial de la humanidad, sobran dedos de una mano para contar el número de escenarios destinados a la cultura, que, además, requieren reparación urgente.

Respecto a ello, Fiorillo afirma: “El Carnaval de las Artes fue concebido para el Amira pero su cierre intempestivo nos llevó a cambiar y a multiplicar escenarios. Creo que nos estamos acostumbrando a dejar y descubrir nuevas sedes”. Además de la legendaria Cueva (sitio de encuentro del Grupo de Barranquilla) y la Cinemateca Distrital, la búsqueda de nuevos espacios los llevó a explorar escenarios universitarios –algunos actualmente con daños estructurales y otros en medio de tensiones entre estudiantes y directivos–, y a inclinarse por la sede de la mayor parte de eventos de este tipo en la ciudad: el Parque Cultural del Caribe.

En esta suerte de media torta cercana al río convergen la energía de un espacio urbano recuperado con las limitaciones técnicas de un escenario a cielo abierto.  En 2017, la presencia de Richie Ray desbordó el Parque. El pianista salsero compartió una especie de concierto comentado (o conversación musicalizada) junto al periodista Antonio Morales. Ese mismo año, Nelda Piña se reencontró con su banda ochentera interpretando por primera vez ante una nueva generación sus grabaciones con Felito Records.  

Este año, estarán en ese mismo escenario el compositor Dolcey Gutiérrez y el periodista Alberto Salcedo en un encuentro de verbosidad caribe, Pupy Pedroso rindiendo homenaje a los Van Van y Michi Sarmiento rescatando la herencia de su padre Clímaco Sarmiento. También están invitados el poeta de Bangladesh Anisuz Zaman, quien tradujo Cien años de soledad al bengalí; la argentina Luciana Peker, creadora del grupo defensor del deseo femenino Putitas Golosas, y el crítico musical Diego Fischerman, quien hará una reflexión en torno a la música clásica y la popular. La cuota literaria incluye a los escritores colombianos Laura Restrepo, Tomás González, Margarita García Robayo y Daniel Samper Ospina, quien presentará su monólogo ‘Mi puta obra’.

Una curaduría que alterna expresiones artísticas, géneros musicales, humor, literatura, feminismo y cultura popular, de acuerdo con ese camino entre celebración y reflexión, trazado desde el origen. Al igual que en otros espacios, como La Carnavalada o la Noche del Río, durante estos 4 días el lado festivo de la conversación y el lado reflexivo del carnaval se entrecruzan en una ciudad con un rico patrimonio inmaterial que flaquea en escenarios donde materializarse.

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