Miramos, nos acercamos y nos sentimos fascinados por el mar como si tuviéramos un instinto. Miramos, nos acercamos y nos sentimos fascinados por el mar como si tuviéramos un instinto.

En busca del tiburón boreal: una charla con el escritor noruego Morten Strøksnes

Con tan solo una lancha neumática a motor, cañas, y el cadáver de una vaca como cebo, Morten Strøksnes inicia una travesía durante las cuatro estaciones del año para capturar a un verdadero leviatán: el tiburón boreal. Una entrevista al reconocido escritor en el marco del Hay Festival 2019.

2019/02/03

Por RevistaArcadia.com

Morten Strøksnes es un historiador, escritor y fotógrafo noruego que ha recibido reconocimiento internacional por sus relatos de no-ficción. En su más reciente publicación, El libro del mar, se adentra en las aguas del círculo Polar Ártico con su amigo y pintor, Hugo Aasjord, descendiente de un importante linaje de pescadores. Juntos, inician una travesía que recorre las cuatro estaciones para capturar a un verdadero leviatán: el Tiburón Boreal.

Siendo uno de los moradores más longevos del planeta, con una expectativa de vida de siglos, que puede llegar a medir ocho metros de longitud y un peso cercano a una tonelada; el Tiburón Boreal (Somniosus microcephalus) es una especie única en el planeta y capturarlo es una verdadera odisea.

Pero, más allá de lo que sucede en la superficie mientras esperan que el tiburón Boreal muerda el cebo, están las reflexiones de Strøksnes donde la poesía, la historia, la ciencia y la mitología de su país natal dan como resultado un libro único. Donde resuenan los ecos de los grandes relatos de mar. Pasando por el Libro de Job, la Odisea, Moby Dick y El viejo y el Mar.

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Como lo da a entender durante la narración, usted estaba al tanto, no solo de la dificultad de cazar al tiburón boreal, sino de la inutilidad de la hazaña. Su carne es incomible, de hecho venenosa, ¿Por qué embarcarse en esta empresa?

Principalmente era una excusa para ir al mar. Había estado buscando una justificación para trabajar en el mar durante un tiempo. Para observar, describir los sentimientos que se generan en el lugar. Antes de escribir el libro, estuve muy ocupado con mi trabajo y no encontraba la ocasión de escribir lo que quería. Fue entonces que hablé con Hugo, mi amigo artista, y me contó sobre su obsesión por el tiburón. Me invitó visitarlo en Skrova y fue allí, donde decidimos iniciar todo. En ese entonces, me dije: “Esta puede ser una buena idea”.

Usted se ha descrito a sí mismo como un escritor de viajes. En contadas ocasiones ha escrito sobre otros países. Pero en esta ocasión, se adentra no solo en su país natal, sino en la región que lo vió crecer. ¿Qué implicaciones puede tener eso en su proceso de escritura?

Entiendo el punto. Siendo un escritor profesional, cada vez que visito un lugar nuevo, un lugar ajeno, inclusive si no sé mucho de donde estoy, no hay mucho problema para trabajar en lo que quiero expresar. Porque se está libre. Puedes comparar, observar, e inclusive, si no eres un experto, tan solo hablando con la gente, aprendes del lugar. Eso es lo que se refleja en mis libros anteriores.

Pero, en este caso, Svorka es mi hogar. Pasé tanto de mi vida allí que se había vuelto un terreno invisible. Escribir sobre este lugar fue más difícil. Después de todo, no es fácil ver lo que ya conoces con una mirada nueva.

¿Qué tipo de dinámica nace de haber compartido la experiencia con Hugo? No se trata del caso usual de un hombre solitario enfrentándose al mar.

Sé que no debería, pero para hacerlo ridículamente pomposo, lo compararía con la Divina Comedia.  Él es Virgilio y yo soy Dante. El es el que nos lleva a las profundidades del mar, lo que Herzog inclusive describe como “un verdadero infierno”. Así como un cazador en un bosque, él es quien conoce los terrenos donde nos movimos.

Sus reflexiones lo llevan a adentrarse en la historia natural de la región, en su literatura, en su mitología, en las anécdotas e historia de sus moradores. Inclusive en los recuerdos personales de Hugo. Pero no existe una reflexión alrededor de su memoria personal. De hecho, es prácticamente inexistente.

Es cierto. No es, para nada, un libro sobre mí mismo. Solo utilizó cuestiones personales cuando siento que es algo natural. No me considero un personaje en este libro. Los personajes son el océano, el puerto pesquero, el tiburón, pero yo no.

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Como lo plantea en el relato, la figura griega de Oceanus sugiere una gran conexión de los mares alrededor del mundo. Más allá de las diferentes manifestaciones que pueda tener en los cada extremos de la tierra, el mar sigue siendo omnipresente.

El océano es en sí un sólo elemento. Está conectado. Podría decirse que es un organismo. Las gotas de agua que componen el mar han estado aquí durante cientos de millones de años en un ciclo prácticamente inacabable. Sus partículas se han evaporado y precipitado durante un periodo de tiempo que es muy difícil de comprender para nosotros.

Y a su vez, es un elemento que tiene manifestaciones muy locales. Tan solo con ver a los peces que hay aquí en Cartagena, está claro que hay enormes diferencias con lo que encontramos en el norte. Claramente, esto se explica por todas las condiciones ambientales que influyen en el crecimiento de cada especie.

Pero volviendo al caso de la conexión global que hay por el agua, basta con ver como corrientes provenientes del caribe y el golfo de México atraviesan el atlántico y llegan a las costas del norte de Noruega. Corrientes que transportan calor, es decir, enormes cantidades de energía que día tras día permiten que en Noruega no estemos permanentemente cubiertos de hielo.

Y tiene su contraparte en el calentamiento global. Con el derretimiento de los cascos polares en el norte, estas corrientes de agua calientes se desvían. En consecuencia, el hemisferio norte está en peligro de enfriarse de manera considerable.

¿Esto implica que hay una universalidad en la experiencia que tenemos los humanos con el océano? Como lo cita de Melville: ¿“El agua y la meditación están unidas para siempre”?

Si, parece ser algo universal. Por ejemplo, las que viven cerca al mar donde vivo yo siguen un tipo de profecía. Cuando una pareja ha recibido a un hijo en adopción, se acercan a la costa y contemplan el mar juntos. Se supone que, al hacerlo, recibirán felicidad de por vida. Miramos, nos acercamos y nos sentimos fascinados por el mar como si tuviéramos un instinto. Algo parecido a una memoria reprimida de nuestro origen en el mar, de nuestro hogar. Toda la vida se desarrolló allí y es el elemento fundamental que dio la vida en este planeta. En una parte muy profunda de nosotros, seguimos unidos al mar.

Desde muy temprano en el libro hay un acercamiento a la muerte. Inclusive, uno de los primeros pasajes describe la búsqueda del cadáver de una vaca que sirva como carnada para el tiburón. En medio de ese pasaje, se encuentran con una zona arqueológica donde, se cree, se realizaban sacrificios hace miles de años. De ahí, usted especula sobre la necesidad del sacrificio para la humanidad. ¿Son las carnadas un sacrificio ante el tiburón? ¿Qué implicaría esta interpretación?

No lo había pensado de esa manera. No pensé mucho sobre eso, realmente. Creo que es una observación interesante. Supongo que cuando lo puse en el libro, sentí que debía estar ahí. De alguna manera, tal vez intuitiva, ambas situaciones debían estar juntas.

Reiteradamente, el libro hace alusiones a todos esos fenómenos y seres de la naturaleza que nos sobrepasan. El Tiburón Boreal ejemplifica muy bien esa situación.

Sí, es uno de los puntos principales del libro. Busqué generar esa perspectiva. Es una cuestión de óptica. Para escribir, a veces uso el microscopio y otras veces utilizo el telescopio. Busco mirar hacia la inmensidad del espacio. Es decir, realmente, hay billones de galaxias. De la misma manera con el tiempo, mirar hacia muy, muy atrás. Hacia el principio del tiempo. Cuando hice las investigaciones, tenía esa sensación de pequeñez y que me hacía acercarme más hacia las grandes preguntas. Esto me ha llevado a creer que realmente no estamos ‘diseñados’ para entender las proporciones del espacio y el tiempo en el que existimos. Ambos son incomprensibles para nosotros.

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