“Damos por sentado que todo está bien porque se firmó la paz, pero en realidad hay mucho por hacer y es necesario que esto se deje de ver como una noticia de ayer” Toxicómano | Ubicación: Centro de Bogotá en la Carrera 3 # 21 (frente a la estación Universidades) | Foto: León Dario Peláez “Damos por sentado que todo está bien porque se firmó la paz, pero en realidad hay mucho por hacer y es necesario que esto se deje de ver como una noticia de ayer” Toxicómano | Ubicación: Centro de Bogotá en la Carrera 3 # 21 (frente a la estación Universidades) | Foto: León Dario Peláez

Erre y Toxicómano se aliaron con la Cruz Roja para protestar contra la desaparición

Dos de los grafiteros más reconocidos del país intervinieron cuatro espacios de Bogotá como parte de una iniciativa del Comité Internacional de la Cruz Roja para abrir espacios de diálogo sobre una de las caras más duras de la violencia en el país: la desaparición.

2019/04/22

Por Julián Santamaría*

Más allá de embellecer y dar carácter a una ciudad, los grafitis tienen la posibilidad de filtrarse por sus rincones y dialogar con los transeúntes. Para muchos, el arte urbano ha sido la herramienta ideal para alzar la voz sobre aquellos problemas que no se discuten lo suficiente bajo la luz pública. A partir de esta idea, el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), de la mano de Toxicómano y Erre, dos de los artistas urbanos de mayor trayectoria en el país, organizaron un proyecto en conjunto que busca entablar un debate, a través de la intervención de espacios públicos de la capital, respecto a una de las caras más duras de la violencia en Colombia: la desaparición.

A pesar de que se trata de un problema de dimensiones escalofriantes, y que para el CICR representa el principal reto humanitario por afrontar en el país, la coordinadora de Comunicación del CICR en Colombia, Isabel Ortigosa Barbero, cree que no se está hablando lo suficiente del problema: “Este tema es casi exclusivo para algunas personas y espacios. De hecho, si se habla con cualquier persona que uno se cruce en el supermercado o en la calle, no están al tanto de este fenómeno”.

Erre | Ubicación: Suba en la Carrera 91 con calle 15 | Foto: Jeremie Houdin

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Para abrir el debate a espacios más allá de los foros académicos, de las ruedas de prensa o de los oídos de aquellos profesionales que se desempeñan en la defensa de los derechos humanos, el CICR quiso replantear las estrategias implementadas para alcanzar nuevos públicos, porque el imaginario de una sociedad que pretende desprenderse de los ciclos de violencia necesita conocer el verdadero alcance que  que ha tenido el conflicto armado.

Margareth Figueroa, oficial de comunicaciones y encargada del proyecto, explica:  “Hay muchas formas de llamar la atención de la gente. Con el boom del grafiti, los muros han hablado mucho más que otras expresiones. No solo por el tipo de mensaje o el énfasis social que invita a pensar sobre los problemas del país, sino también por el hecho de que va más allá de ser un mensaje tradicional”.

Erre | Ubicación: Suba en la Carrera 91 con calle 15 | Foto: Jeremie Houdin
En sintonía con el proyecto del CICR, Toxicómano y Erre, artistas urbanos que ya han dejado su marca en la personalidad visual de las calles de Bogotá, decidieron pintar cuatro murales, dos cada uno, en diferentes puntos de la ciudad: en el sur de la ciudad, en Chapinero, en Suba y en el Centro de Bogotá. En palabras de Toxicómano, “la calle es un medio muy importante para comunicar las cosas. Un mensaje como estos necesita este tipo de espacios. Usted ve algo de esto en una revista, en un comercial, y no afecta de la misma manera que si lo hace en la calle”. Por su parte, Erre reconoce que esta “es una problemática importante de dar a conocer. Hay miles de familias buscando a sus seres queridos que no se sienten apoyadas ni por el Estado ni por la comunidad. He conocido varias historias sobre el tema y realmente es muy fuerte lo que una familia vive al no saber nada de su ser querido. Aceptar el llamado de la Cruz Roja tal vez ponga el tema en algunas bocas y puede sensibilizar algunas cabezas”.

“Todos los retratos son basados en fotografías que tomé a personas víctimas del conflicto en diferentes momentos; algunos tristes y otros con un ambiente esperanzador. Me parece que ilustran un poco el debate interno que viven las familias de los desaparecidos.” Erre

Ambos, durante sus trayectorias, han conocido el potencial alcance que tiene el arte urbano para alcanzar públicos que con frecuencia ignoran otros canales sobre las diferentes dimensiones de la violencia en el país. Como lo afirma Toxicómano, los grafitis son espacio de diálogo y transmisión de las problemáticas. De esta manera, los espacios urbanos, que muchas veces son meramente utilitarios y vacíos de significado, se convierten en nuevas posibilidades para la democracia; es decir, de ejercer el derecho a hablar, relatar y dialogar sobre los problemas que aquejan a diferentes individuos de la sociedad y que muchas veces se han visto silenciados en otras dimensiones de la vida pública.

Erre | Ubicación: Chapinero en la Carrera 7 # 55 | Foto: Jeremie Houdin
Por naturaleza, la desaparición en Colombia también tiene un componente urbano. Esto muchas veces se pasa por alto en un país donde la brecha entre el mundo rural y las grandes ciudades es inmensa. Como lo menciona Alexia Van Der Gracht De Rommerswael, coordinadora de Protección del CICR en Colombia, “la gente en ciudades de Colombia sigue desapareciendo por parte de diferentes actores armados. No es solo en el campo, en varios entornos se puede desaparecer”.

A esto se le puede añadir el hecho de que, entre los desplazados de las grandes ciudades, hay un gran número de personas cuyos familiares y/o conocidos han sido forzados a “desaparecer”. Sobre el carácter urbano que tiene la desaparición y de la necesidad de tratarlos en contextos urbanos, Ortigosa explica: “Toxicómano nos hizo caer en cuenta de que no se trata, simplemente, de expandir el mensaje, sino también de acercarse a los barrios populares porque allí haya población desplazada, es decir población con mayor susceptibilidad a haber sufrido la desaparición de un desconocido. Después de todo, cuando se hace una desaparición, no es el único hecho victimizante. En muchas ocasiones, viene acompañado de desplazamiento forzado y la gente de las zonas rurales suele desplazarse hacia los grandes núcleos urbanos”.

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De esta manera, el proyecto busca establecer un diálogo directo con los familiares de los desaparecidos, porque es un tipo de violencia que no solo se manifiesta en la carne de quienes han desaparecido, sino de las familias que aún desconocen el paradero de sus seres queridos. Así, para sus líderes, es de especial interés que los familiares de desaparecidos vean en esto un mensaje de apoyo y puedan así acercarse a instituciones que les permitan iniciar e, idealmente, concretar un proceso de esclarecimiento de lo ocurrido.

“El problema no es de esos 80.000 sino de toda esa gente que está a su alrededor, su familia que sigue esperando, queriendo saber que paso. Creo que para esas personas, pasar por la calle y ver que de alguna manera hay interés en esclarecer lo que sucedió, les de animo. Y yo creo que esa esperanza es muy válida” Toxicómano.

Toxicómano | Ubiración: Barrio Restrepo | Foto: Jeremie Houdin

Ortigosa reconoce dos registros de diálogos que se desarrollan a lo largo de la iniciativa. En primera instancia, el que ella llama “presencial”, un espacio que se gesta al momento en que el artista urbano interviene el espacio y los transeúntes tienen la oportunidad de acercarse a ver como lo que antes era una pared se convierte en un espacio para interactuar, apreciar y conocer con los mensajes que allí se plasman. En segunda instancia, está la extensión al mundo digital que, al registrar estas intervenciones en el espacio público, permite debatir y provocar preguntas en las redes sociales, y expande el número de personas que dialogan sobre el tema. Ambos casos cumplen con el propósito del proyecto que menciona Ortigosa: “no es solo hacer una mención de la gravedad del problema, sino generar una conversación alrededor de ello”. En últimas, el grafiti es un acto sociopolítico que en sí mismo que reconfigura los espacios urbanos y que con su capacidad de generar impresiones afectivas de nuestra experiencias en la ciudad, incita al diálogo.

Ahora, con la extinta guerrilla de las FARC como interlocutores, bajo los marcos del Derecho Internacional Humanitario (DIH) y lo pactado en el acuerdo de La Habana ha habido importantes avances en el esclarecimiento de muchos casos de desaparición. Sin embargo, lo que se ha registrado en los dos últimos años indica que la violencia en el país y el uso de la desaparición como mecanismo de intimidación y silenciamiento sigue siendo un lastre que perpetúa la violencia, tanto en el campo como en las ciudades.

Toxicómano | Ubiración: Barrio Restrepo | Foto: Jeremie Houdin

Las afirmaciones del grafitero coinciden con los más registros del CICR, que Van Der Gracht explica: “Si miramos las cifras de casos solucionados, que el CICR ha manejado, con el “fin del conflicto” hemos tenido muchas más respuestas sobre el paradero de personas desaparecidas. Hay una evolución positiva pero, lamentablemente, la gente sigue desapareciendo hoy en día”. Por su parte, Ortigosa añade: ”Desde la firma del acuerdo, el CICR ha registrado un caso nuevo cada cuatro días en el marco de la violencia armada: un síntoma claro de que las desapariciones no son algo del pasado. Es algo que sigue sucediendo y es algo en lo que están implicados todos los actores armados del país. Sigue siendo un motivo de preocupación, sobre todo porque somos conscientes de que nuestras cifras no son el absoluto del país. Nosotros no llegamos a todos los rincones del país y no podemos documentar todo lo que ocurre. Además, aún hay personas con mucho miedo a hablar”.

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*Periodista

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